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Reflexiones sobre el Athletic, el fútbol y el deporte

A lo mejor es verdad que esta vez van en serio



Los dirigentes del fútbol dicen que están dispuestos a acabar con los grupos violentos

Los dirigentes del fútbol dicen que están dispuestos a acabar con los grupos violentos

A lo mejor es verdad que esta vez van en serio. Habrá que verlo, porque hasta ahora todo ha quedado en palabrería y en demostrar quién es más hábil escurriendo el bulto. Se han reunido el Consejo Superior de Deportes, la Federación y la Liga de Fútbol Profesional y han decidido quedar para una nueva reunión dentro de unos días. Vamos avanzando. El domingo, día de fútbol por excelencia, a pesar de todo, la LFP no se pudo poner en contacto con la FEF porque en las oficinas no cogían el teléfono. Se ve que en la Federación no trabajan los días de partido. Y se ve, también, que las nuevas tecnologías no han llegado todavía a las altas instancias del fútbol español. Si el conserje no coge el teléfono es que las oficinas están cerradas. El whatsapp sirve para que los grupos ultras queden para pegarse, no para que los presidentes de la Federación y de la Liga se pongan de acuerdo sobre lo que tiene que hacer el fútbol con un cadáver encima de la mesa.

A lo mejor es verdad que esta vez van en serio. De momento, han dicho que puede que cierren determinadas zonas de los estadios y que van a expulsar a los grupos de ultras violentos. Dice Tebas que “es el fin de los ultras” y que van a acabar con ellos. Lo dice desde la autoridad moral que le confiere el saber discernir entre diversas clases de muertos. Dijo Tebas que los minutos de silencio y las suspensiones no están para hacerlos cuando muere según y qué tipo de gente. Estaría bien que dijera si considera que Aitor Zabaleta era un aficionado “normal” que iba al fútbol con su novia, o de los otros. Porque entonces tampoco hubo minuto de silencio, ni suspensión de jornada. El Atlético y la Real jugaron en el Calderón con Zabaleta de cuerpo presente. Entonces no estaba Tebas al mando de la Liga. Pero Villar sí mandaba en la Federación, el padre de Gil Marín era el amo del Atlético y el propio Gil Marín ya andaba por las oficinas del Calderón. Entonces, como ahora, se apresuraron a decir que la muerte de Aitor Zabaleta se había producido en la calle, que no era cosa del fútbol, ni mucho menos del Atlético de Madrid. Gil Marín ha tenido tiempo, dieciséis años nada menos, para comprobar, partido a partido, Liga a Liga, que aquello sí tuvo que ver, y mucho, con el fútbol y con el Atlético de Madrid. Ni él ni Cerezo han oído al parecer nada de lo que berrean en el pozo séptico que se abre detrás de una de las porterías del Calderón. De hecho, ayer mismo Cerezo se apresuró a advertir que el crimen se cometió lejos del Vicente Calderón. Los que jalean a los criminales, y muy posiblemente alguno de ellos, ven los partidos cincuenta metros a su derecha.

Pero el problema de la violencia en el fútbol no se centra en el Frente Atlético, incluso aunque ya lleven dos muertos a sus espaldas. Es un problema general, que afecta a todos, porque en todos los estadios permanece latente el peligro. Y no vale decir que los nuestros, no. Porque los nuestros, los de aquí, los de allí y los de más allá, son iguales en el fondo, por mucho que se quieran diferenciar en los símbolos, en los eslóganes y en la parafernalia. Les iguala la estupidez.

A lo mejor es verdad que esta vez van en serio, pero los antecedentes no invitan al optimismo. El mero enunciado de la violencia como problema referido al fútbol es una falacia. Si hay solución no existe el problema, y hace mucho tiempo que se ha demostrado que existen las soluciones eficaces y definitivas. Basta con mirar a Inglaterra, o a Alemania, o a Holanda, países que sí tuvieron problemas de violencia asociada al fútbol, mucho más graves de los que padecemos aquí.Y en esos países los grupos violentos que hicieron del fútbol su campo de batalla eran, además de más numerosos, más complejos, por su composición y por las condiciones socio económicas que atravesaban en las décadas de los ochenta y noventa esos países. Y encontraron la solución; y la aplicaron; y arreglaron el problema.

Dicen ahora que a lo mejor van a cerrar determinadas zonas de algunos estadios y van a expulsar a los grupos ultras. ¿De verdad?. Habrá que verlo cuando los directivos de cada club se vean en la tesitura de anunciar en sus respectivas ciudades que van a cerrar ésta o aquella grada y no van a permitir la entrada a determinados seguidores. Ya lo han podido hacer, porque la Ley del Deporte contempla ese tipo de medidas, pero ninguno se ha atrevido.

El Barcelona y el Real Madrid han acabado con los Boixos Nois y los Ultra Sur aunque a Joan Laporta y a Florentino Pérez les ha costado más de un disgusto y de algún susto. A ellos y a sus familias. Pero han demostrado que se puede hacer sin cambiar la Constitución y sin llamar a los marines. Que basta con tener la firme voluntad de hacerlo. Porque, no lo olvidemos, de la misma forma que no habría corruptos sin corruptores, no hay grupos ultras sin unos dirigentes que miren para otro lado. Porque los ultras, cuando son de los nuestros claro, solo son esos chavales que animan al equipo cuando más lo necesita, los que galvanizan a la grada en los momentos de flaqueza, los que intimidan a los rivales y al árbitro, porque todos los hacen y el fútbol, o el otro fútbol, también es eso…

Pero también son los que pueden empezar a corear ‘presidente dimisión’ si no hay entradas gratis, o a silbar a determinado jugador que no les ríe las gracias. Si a un imbécil le repites que es imprescindible porque berrea más que nadie en el campo, lo más probable es que acabe sintiéndose con derecho a exigir de acuerdo con lo que considera sus méritos. De ahí a comportarse como un poder fáctico va un paso. Presentarse en un entrenamiento a exigir cuentas a los jugadores o al entrenador es lo menos que pueden hacer esos personajes cuando además comprueban que todos, del presidente abajo, agachan las orejas.

El problema del fútbol es que es un espacio donde hace tiempo que dimitió el sentido común, donde la información se hace desde las trincheras y donde a fuerza de maniqueísmo se han infantilizado profesionales y personas que se suponían hechas y derechas, que se dirigen a una audiencia a la que consideran menor de edad.

El problema del fútbol es que el estadio se ha convertido en un paréntesis donde la vida real queda en suspenso, donde lo anormal se considera normal. En qué otro sitio que no sea un estadio de fútbol se puede insultar a coro, amenazar, vejar al prójimo con total impunidad. En qué otro lugar que no sea una grada se puede humillar a un negro por el hecho de serlo, usar la opción sexual como arma arrojadiza. Toda una escuela de valores para nuestros hijos e hijas. Todo lo que ocurre en un campo cada domingo nos parece lo más normal, cuando no lo es ni de lejos. Y a veces lo que pasa en el campo no se queda en el campo. Sale a la calle y de pronto nos encontramos con un cadáver encima de la mesa, nos echamos las manos a la cabeza y nos prometen que nunca más volverá a pasar; que esta vez sí que van en serio. Seguro que no tardarán en tener la oportunidad de demostrarlo. Veremos.

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Un comentario

  1. Discrepo en lo de que los nuestros en el fondo sean iguales que esos grupos ultra. En mi opinión, además de la diferencia ideológica que hay, mientras unos han sido y están subvencionados, aupados, potenciados por diferentes Juntas Directivas, y protegidos por las fuerzas de seguridad como es el caso del Frente Atletico (Boix Snois y Ultra Sur) aquí por ejemplo, no se ponen más que trabas para fomentar una grada de animación, más que necesaria. Los de aquí a pesar de haberla liado lamentable y vergonzosamente en alguna ocasión, recuerdo altercados en Iruñea y San Mames con hinchas de Osasuna, me consta que en Bilbao han puesto los medios para controlar y echar a incontrolados descerebrados. No están subvencionados, no tienen privilegios y han sido bastante maltratados por las fuerzas del orden y la ley. Pero sobre todo no tienen como objetivo el asesinar a nadie.
    Volviendo a lo del domingo a orillas del Manzanares. El Aletico repite fórmula, yo no sé nada y por si acaso, no es mi culpa. Y efectivamente JCL, si está relacionado DIRECTAMENTE CON EL FUTBOL.
    Qué casualidad!
    Mientras en la CAV la Guardia Civil realiza más controles de carretera que cuando existía ETA y la Policía Nacional abandona un cuartel en Donostia dejando balas y explosivos al alcance de cualquiera nos quieren hacer creer que es inevitable. Que lo del domingo también era inevitable!
    El hecho de que no fueran utilizadas, para prevenir, las citas vía MOVIL, entre los grupos que se liaron a palos (alrededor de 200 DESCEREBRADOS). Que llegaran a Madrid los autobuses como si no pasa nada y que la Policía tardara en intervenir más de una hora no es casualidad.
    Para mí, si los grupos antifascistas, independentistas y/o rojos que hay en Vallecas, Vigo, Bilbao, Donostia, Iruñea, Gasteiz, etc., etc., si quieren seguir existiendo no sólo los ha de diferenciar la ideología sino las formas y sus fines, es decir, ANIMAR A SU EQUIPO! Y no para citarse con nadie para liarte a palos y navajazos!!!
    Por último, JCL, no soy optimista respecto a la desaparición del Frente Aletico. Sólo uno de los culpables está condenado por el asesinato de Zabaleta. A mi modo de ver, la inexistente justicia que se aplica en el estado por falta de VOLUNTAD o interés hará que Jimy sea recordado como trofeo para ellos. Se sucederán los gritos de mofa con los muertos, los canticos xenófobos, homófobos, fascistas y demás… y sino al tiempo. Spain is different!!!
    PD: IÑIGO CABACAS JUSTIZIA!!!