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Reflexiones sobre el Athletic, el fútbol y el deporte

A prueba de excusas



Kostas Vasileiadis volvió a protagonizar los momentos decisivos del partido. Foto ACB

Kostas Vasileiadis volvió a protagonizar los momentos decisivos del partido. Foto ACB

El Bilbao Basket se apunta en Fuenlabrada su décima victoria oficial de la temporada con otra demostración de deseo y carácter

Podían haber abierto el libro de excusas por donde ponía cancha casi maldita, en la que solo habían ganado una vez en siete visitas anteriores. O por donde ponía cansancio después de una semana de  los más ajetreada para ir y volver a un recóndito lugar de Bulgaria. O por donde ponía bajas, lesiones, de Raúl López y Moerman, que seguían limitando la rotación. O por donde ponía arbitraje, faltas, las que habían privado de muchos minutos a sus dos cincos, Hamilton y Rakovic. Total, una derrota en el Pabellón Fernando Martín no habría sido considerada una catástrofe.

Pero no. Cuando quedaban ocho minutos y el Bilbao Basket caía en Fuenlabrada por ocho puntos, los jugadores seguían pensando que aún había posibilidades, que al menos debían intentarlo. La mentalidad adquirida por Mumbrú, Hervelle, Grimau o Zisis en clubes como el Real Madrid, el Barcelona o el CSKA, donde ganar es una obligación, es contagiosa y se ha extendido en un equipo que acumula diez victorias y solo dos derrotas esta temporada. Ellos tres y Vasileiadis tiraron del carro durante todo el partido y sortearon distintas dificultades para llegar a un tipo de final en el que los hombres de negro se mueven como peces en el agua.

No fue el mejor partido del Bilbao Basket, pero su solidez no está a prueba. Un buen primer cuarto, conducido por Grimau tras la primera salida del campo de Zisis, colocó a los de Fotis Katsikaris nueve puntos por encima tras un triple del catalán. El balón corría en ataque, se lanzaba con acierto, aunque empezaban a verse algunos desajustes defensivos que tardaron en corregirse un buen rato. El Fuenlabrada fiaba todo al triple, al uno contra uno de sus exteriores que forzaba ayudas demasiado largas de la defensa bilbaina. Lo peor era que Sené podía en las zonas con un Hamilton cansado y menos explosivo que otros días. Un parcial de 12-1 colocó a los fuenlabreños por delante que explotaron la velocidad de su juego y un ataque de apenas un par de pases. Pero como la defensa tampoco es el fuerte del equipo que ahora dirige Trifón Poch el Bilbao Basket logró llevar la igualdad al descanso con un Grimau agresivo y vertical que se cobró varias faltas.

En el inicio del tercer cuarto cayeron las cuartas faltas de Hamilton y Rakovic y un parcial de 9-0 que complicaron aún más las cosas. Cada triple del Fuenlabrada era un puñal, como los tres consecutivos que colocaron a los madrileños ocho puntos arriba (69-61) a 7.52 del final. Eso, que cualquier otro habría desconectado y buscado excusas para la rueda de prensa. Pero el Bilbao Basket decidió seguir peleando y tentar a la suerte, al liderazgo de Mumbrú y a la determinación de un tipo como Kostas Vasileiadis que está en estado de gracia. “Aún queda tiempo, sin prisa”, fue la consigna del capitán en un tiempo muerto.

Seis minutos es una siesta para el Bilbao Basket, da tiempo a que ocurran muchas cosas, generalmente sorprendentes. Hamilton regresó para aportar equilibrio y con los visitantes ya a solo un punto (75-74) tras un triple de Vasileiadis, sucedió una de ellas. Mumbrú posteó, bordeando la falta en ataque, a Gladyr, que le venía retando algunos minutos, y sacó una jugada de dos más uno, acompañado de una falta antideportiva del frustrado ucraniano, que eligió un mal enemigo para hacerse el gallo. El capitán del Bilbao Basket sumó el tiro adicional, el equipo bilbaino puso el balón en juego y el griego anotó un triple para completar una posesión de seis puntos, algo nada habitual en el baloncesto, como aquel rebote tras error a propósito que provocó la prórroga ante el Buducnost.

Quedaba un minuto exacto para el final y el Bilbao Basket ganaba por cinco puntos, algo que probablemente el Fuenlabrada y su público no entendían. Feldeine recortó con dos tiros libres, pero aún quedaba la traca final. Los de Katsikaris necesitaban otra canasta para no verse forzados a un carrusel de tiros libres y Vasileiadis la encontró a 34 segundos de la bocina. Fue un triple a tablero, una mandarina curiosa. Fue suerte, sí, pero también deseo, carácter, el fuego de la victoria en los ojos y el deseo de pelear y no rendirse hasta el final.

Kostas Vasileiadis, en el mejor momento de su carrera, volvió a protagonizar las momentos estelares que coronaron el trabajo de todo el equipo. Como dijo el técnico, su compatriota “vive para hacer esos tiros”. El de Salónica, curiosamente, ha salido beneficiado con el nuevo estilo del equipo, más pausado y cerebral, y con el rol que le ha asignado Katsikaris. Ahora sus arrebatos de locura son letales, que es de lo que se trata, y no solo graciosos o divertidos. El loco brother sabe ahora templar, mandar y ejecutar como los mejores jugadores de Europa en su puesto.

Él es ahora la constante punta de lanza de un equipo que, desde la atalaya de su segundo puesto compartido, ve muy cerca la Copa con su mejor registro de victorias tras nueve jornadas y con una actitud competitiva que algunos están poniendo como modelo de comportamiento en la cancha en contraposición con el del Athletic. Inaudito como poco. El caso es que con cuatro de los cinco próximos partidos de la Liga Endesa y dos de los tres de la primera fase de la Eurocup en casa y con el inminente regreso de los lesionados para aportar piernas y oxígeno, el Bilbao Basket puede llegar a las Navidades con sus primeros objetivos cumplidos de sobra. Lo contrario sería un desastre que ahora mismo es inimaginable.

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