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Reflexiones sobre el Athletic, el fútbol y el deporte

A veces todo parece más fácil



Aduriz, con sus dos goles y Williams, poderoso en la banda, fueron dos de los protagonistas destacados. Foto AC

El Athletic vivió por fin una noche plácida. Ni los más viejos del lugar recuerdan la última vez que vivieron con tanta tranquilidad en las gradas de San Mamés. El marcador señalaba nada menos que un 4-0, corría el minuto 85 y el habitual éxodo masivo de aficionados no había comenzado todavía, como si el personal quisiera disfrutar de la novedad hasta el último suspiro; esta vez, la gente no tenía prisa por huir del infierno y eso que ya se acercaban las once de la noche, el metro es un agobio y mañana hay que madrugar.

A veces todo parece más fácil y las buenas noticias fluyen como si no hiciera falta ningún esfuerzo para provocarlas. El Huesca llegó a San Mamés con el farolillo rojo de la Liga colgado del cuello; se diría que estuvo en la catedral, sí, pero de cuerpo presente. Para la media hora de juego ya había recibido tres goles y había comprobado que no iba a ser su noche. Con el 1-0 Chimy Avila estrelló un violento disparo desde lejos en la base del poste aprovechando una salida fallida del Athletic con el balón. Apenas cinco minutos después una buena combinación entre Muniain y Williams acabó con remate de este último que entre Insúa y el portero llevaron a la red. Del posible empate al 2-0 que encarrilaba el partido. Así son las cosas en el fútbol. Cuando la suerte te acompaña en un par de acciones decisivas todo parece, y es, más fácil.

Antes, Aduriz ya había estrenado el marcador para los nueve minutos, cabeceando a placer un buen centro desde la derecha, teatro de operaciones del Athletic durante todo el primer tiempo, y después el propio Aduriz repitió suerte con la facilidad añadida de que el Huesca defendía con un hombre menos porque Semedo, un central de porte king size, se acababa de retirar lesionado y su sustituto todavía no se había incorporado.

Pareció todo muy fácil y de hecho lo fue, pero la goleada no debe llevar a engaño ni hacer pensar que el Athletic ha encontrado el camino hacia la salida de su crisis. Es verdad que a Berizzo le bastó con aplicar los normas más elementales para que mejorara el discurso futbolístico del equipo. La b con la a, ba; la p con la e, pe; y así. O sea, y traducido al juego: Williams en la banda derecha y Aduriz en el centro, gol. Dos metió el veterano mientras que quien ha venido sufriendo tanto como delantero centro, disfrutó de lo lindo corriendo por la banda. El pobre Bresancic ni salió después del descanso. Acabó reventado perdiendo todas las carreras y con una tarjeta amarilla que tenía toda la pinta de repetir cada vez que Williams le encaraba se hacía un autopase e iniciaba la carrera.

Guruzeta no estuvo tan afortunado en la otra banda, entre otras cosas porque tampoco parece que es su sitio, otra vez la gramática más elemental, pero estando Aduriz, el área sigue siendo territorio reservado.

El Athletic, dirigido por un Beñat que hasta se dio el gustazo de volver a marcar de falta, hecho que no sucedía desde la última glaciación, dominó a placer y le bastó con explotar el costado derecho para llegar al área del Huesca una y otra vez. San José acompañaba con acierto y Muniain se movía a la espalda de Aduriz provocando desequilibrios en una defensa que venía desajustada de fábrica.

La suerte volvió a jugar a favor de los rojiblancos en el inicio de la segunda parte. La habitual empanada con la que el Athletic suele regresar del vestuario tampoco faltó en una noche tan plácida y Unai Simón tuvo que evitar con dos grandes intervenciones que el Huesca estrenara su marcador. Del posible 3-1, que vaya usted a saber qué consecuencias hubiera tenido, se pasó al 4-0 gracias al acierto de Beñat a balón parado, y San Mamés pudo vivir por fin la fiesta en paz hasta el pitido final. Una fiesta que tuvo su colofón en el debut, por fin, de Ganea, aunque el chaval solo tuviera tiempo para demostrar sus ganas de agradar.

No se trata de echar agua al vino, pero ni siquiera un marcador tan apabullante oculta las carencias defensivas del Athletic. Que el portero sea de los destacados con un 4-0 a favor da que pensar, y mucho. Cualquier equipo con más colmillo que el Huesca, le hubiera hecho un descosido a la defensa rojiblanca. De Marcos volvió a cometer errores incalificables en la salida del balón y estuvo blandísimo en las disputas; Berchiche a veces da la impresión de que necesita una cura de reposo en algún sitio con mucha tranquilidad y aire puro. Iñigo Martínez sí se pareció más al que brilló en su última comparecencia en la selección mientras que Nolaskoain transmitió otra vez la sensación de que preferiría jugar en cualquier otro puesto.

Queda mucho por corregir todavía para pensar en un Athletic bien encaminado. Ver al equipo defendiendo con todas sus piezas a la altura del punto de penalti,  concediendo segundas y terceras jugadas y faltas al borde del área, produce escalofríos incluso cuando enfrente tienes a un equipo tan romo como el Huesca. Tampoco faltaron las imprecisiones en el pase, las dudas en las marcas y los desajustes. Todo quedó tapado por la elevada efectividad en ataque y por la alegría de ver de nuevo a Williams haciendo lo que mejor sabe hacer. Cuando resuelves una eliminatoria por goleada en el primer partido cuesta no abandonarse al optimismo que tanta falta está haciendo este año. Ojalá lo de este primer partido de Copa sea el punto de inflexión que marque el inicio de la reacción en la Liga.

 

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