Pages Navigation Menu

Reflexiones sobre el Athletic, el fútbol y el deporte

Agur, San Mamés



El arco de San Mamés presidiendo el último partido de competición del Athletic. Foto Mitxi

El arco de San Mamés presidiendo el último partido de competición del Athletic. Foto Mitxi

Una noche del pasado otoño. La temperatura todavía invita y un grupo de turistas regresa paseando a su hotel después de cenar. A simple vista se adivina que son cuatro matrimonios que han venido a disfrutar de un puente festivo a Bilbao. Su acento andaluz delata la procedencia. De pronto uno de los hombres se separa del grupo, cruza la calzada y se acerca a la fachada del gol norte de San Mamés, cerca de la curva de las taquillas. Camina decidido y con la mirada fija en la pared gris. Sus amigos le preguntan a voces dónde va, aunque ya lo saben. «Vosotros no lo apreciáis porque no entendéis de esto», les responde, «pero esto es historia», dice tocando la pared con unción. «¿Vosotros sabéis la cantidad de fútbol que hay aquí?», exclama mientras acaricia las piedras como si de verdad estuviera tocando algo sagrado: la catedral.

La escena me hace recordar mi propia historia en San Mamés, una más de las decenas de miles que se ha han vivido en la vieja catedral, y caigo en la cuenta de que ya se ha iniciado la cuenta atrás de los últimos meses de vida del viejo campo. Ha cambiado mucho desde mi primera peregrinación, pero yo también toqué con la misma devoción la pared del gol norte el día que siendo un crío, cumplí con el rito iniciático de acudir a la catedral, y me senté en aquel banco de madera corrido tan formal como lo hacía cuando iba a misa.

No era fácil entonces para un niño de pueblo ir a San Mamés. En la década de los sesenta los pueblos estaban mucho más lejos de Bilbao de lo que lo están ahora. Las familias con coche eran una excepción y las frecuencias del tren o del autobús no animaban a acudir a la capital salvo por la necesidad de ir al médico o a comprar ropa para un acontecimiento extraordinario. Tampoco entonces era sencillo conseguir una entrada, así que cuando a un niño de pueblo le decían que iba a ir a San Mamés, le estaban anunciando el acontecimiento más importante de su corta biografía, a la par o incluso por encima de la Primera Comunión.

No me resulta extraño que después de tanto tiempo, aquellas sensaciones sigan tan vivas. El olor de la hierba mezclado con el del humo de los puros, el verde intenso del césped recién regado por un chaparrón primaveral, aquel balón blanco y reluciente, tan distinto de los marrones de cuero desgastado que había visto hasta entonces en el siempre embarrado campo del pueblo. El mar de cabezas en la general y el ruido. ¡Ya verás qué ambiente en San Mamés!, me habían dicho, y no me habían engañado.

Y de pronto los cromos, tantas veces repasados y cambiados, cobraron vida saliendo desde una esquinita de la tribuna. Allí estaban, los conocía a todos pero eran de verdad. Ya no se limitaban a mirarme fijamente desde un trozo de papel, sino que corrían, chutaban, cabeceaban… Iribar, Sáez, Etxeberria, Aranguren, Larrauri, Koldo Agirre, Lavín, Argoitia, Uriarte, Arieta, Rojo. La felicidad absoluta para aquel niño de pueblo que había soñado toda su corta vida con el aquel momento.

Aquel primer recuerdo de San Mamés perdura por encima de todos los acumulados después de tantos años y tantas vivencias en la catedral. La primera vez, ya se sabe, siempre es inolvidable. Recuerdos de la vieja general a la que había que ir con mucho tiempo para coger un sitio centrado, a sabiendas de que a medida que iba transcurriendo el partido acabarías más cerca del corner que del círculo central, aquella grada en la que levitabas pero de verdad, cuando en la emoción del gol la avalancha humana te elevaba un palmo del suelo. Recuerdos del periodista primerizo que en el antiguo palco de prensa miraba embobado cómo tomaban notas aquellos a los que tantas veces había leído de niño y de joven, mientras esperaba impaciente a que terminara el partido para bajar a los vestuarios. Las alegrías de las eliminatorias de Copa superadas, la de aquella Liga del 84 de los goles de Liceranzu, las decepciones de las eliminaciones, las broncas, los pañuelos que celebraban un golazo y los que censuraban a la directiva o al entrenador. Hace tanto que no se ven pañuelos de alegría en San Mames…Recuerdos del vestuario, de esa mezcla imposible de olor a linimento y aroma de café de puchero recién hecho por el utillero, en medio del silencio de la concentración máxima, apenas roto por algún susurro o el sonido de los tacos contra el suelo, en contraste con el bullicio expectante que llegaba desde más allá del túnel.

Esta noche entraré por última vez por la que ha sido mi puerta estos últimos 33 años,la que he atravesado cada quince días lleno de nervios, de emoción, de responsabilidad, de alegría y a veces, por qué no decirlo, de temor en los malos momentos, cuando el equipo sufría, cuando la afición se dividía. Nunca he entrado indiferente a San Mamés y hoy tampoco lo haré. Pero la de esta noche será una sensación distinta, nunca antes vivida en todo este tiempo. Hoy los nervios, las ilusiones, las esperanzas, dejarán paso a la nostalgia por más de media vida que quedará definitivamente atrás cuando se apaguen las luces.

Share This:

6 Comentarios

  1. Me siento totalmente reflejado (aunque yo siempre he vivido en Bilbao)
    Agur San Manes, ¡pero tenemos futuro!

  2. Itzela, Juancar.

  3. Eres un maestro de la crónica Juan Carlos, no tienes idea el placer que me da leerte.

    Saludos… y que la nostalgia enriquezca la próxima crónica.

  4. Pues imaginarme a mi, un montón de años sin asistir físicamente a San Mamés, sólo en espíritu y esporádicamente de forma física. Podré asistir esta noche y me acordaré de la persona que me inició.

  5. Qué delicia de artículo, Juan Carlos. ¡Cómo te lo agradezco! Para mí leerlo ha sido como experimentar aquello que nunca pude vivir y que hubiera dado todo por hacerlo. Nacer a 700 km de Bilbao tiene sus inconvenientes, y éste es el principal: que no pude ir a San Mamés hasta que me hice mayor, y que me he hecho viejo y me sobran dedos en una mano para contar las veces en que he podido ver un partido en La Catedral.

    Mi relación con San Mamés empezó mal porque estuve en las mismas puertas, un verano cuando era un adolescente, y por motivos que me entristecería demasiado contar no pude entrar a ver el debut de Sarabia… o eso es lo que yo recuerdo, porque entonces solo me podía informar por la prensa y las radios nacionales (españolas). Jugamos contra el PSV Eindhoven y ganamos 4-2, con un hat-trick de Carlos, y creo que también jugó unos minutos Argote. Creo que Zaldua era el portero, y estaban Dani, Rojo, Alexanco, Astrain, Tirapu, Núñez, Churruca… Eran aquellos tiempos del Villa de Bilbao en agosto y yo tenía 16 años. Mi padre creo que nunca se perdonará del todo no poderme comprar una entrada, pero él no tuvo la culpa. El viaje fue accidentado y no se hable más.

    Mi despedida de nuestro estadio fue uno de los momentos más emocionantes de mi vida y aquí el protagonista fue mi hijo. Esto me alegraría mucho contarlo, pero no viene al caso. Él es del Athletic, que es lo importante, y espero que pueda visitar al hijo de San Mamés muchas más veces de las que yo pude hacerlo al padre.

    Eskerrik asko eta agur, San Mamés.

  6. Salvo en las labores periodisticas me he visto reflejado en cada linea, el olor a puro,ahora a porro, el ir antes a «general», las avalanchas humanas,.
    Otro recuerdo que tengo es el ir con mi aita y el ritual de pasar por el bar antes del partido para el cafe , la copa y el puro.Mi aita sólo fumaba en san mames, que cosas.

Trackbacks/Pingbacks

  1. Agur San Mames | Josu Orbe - [...] Juan Carlos Latxaga lo viene haciendo cada domingo, de manera magistral, en su “Juego de cabeza” y ha escrito…
  2. San Mamés celebra hoy su fiesta de despedida | ¡¡ Orgullo Athleticzale !! - [...] vía San Mamés celebra hoy su fiesta de despedida. [...]