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Reflexiones sobre el Athletic, el fútbol y el deporte

Al Athletic le bastó un rato de rabia



 

Clos Gómez debería seguir el método deductivo de Gila cuando encontraba un cadáver en una habitación: “Aquí alguien ha matado a alguien”, sospechaba. Pues de la misma manera, si un árbitro se encuentra a un futbolista tendido en el suelo y con sangre en la nariz, sería lógico que dedujera que aquí alguien ha pegado a alguien. Pero ni Clos Gómez ni ninguno de los numerosos ayudantes que ahora secundan a los árbitros, armados de toda una panoplia tecnológica, fueron capaces de hacerse un planteamiento tan sencillo. A lo mejor pensaron que Aduriz se autolesionó por llamar la atención. Por si acaso, el árbitro primero le amonestó y después le mandó cambiarse la camiseta manchada de sangre, quizá para destruir la prueba del delito.

Uno no sabe qué pensar cuando se encuentra árbitros que reaccionan ante la evidencia como lo hizo Clos Gómez o mejor dicho, uno no sabe en qué estarían pensando Clos Gómez, su auxiliar y el cuarto árbitro, los tres  a menos de diez metros de Aduriz cuando Amorebieta le atizó un codazo alevoso.

Ahora mismo, y porque el afectado fue el Barcelona, el asunto de la tecnología aplicada al arbitraje es el tema de actualidad en el fútbol. Resulta que la Liga es la única competición de las de primer nivel que no ha instalado cámaras para dilucidar si el balón ha entrado o no. El problema de los errores arbitrales tendría fácil solución si todo dependiera de colocar un cámara o acudir al video. Y no es eso. Lo de Hernández Hernández y su auxiliar en el campo del Betis no fue un problema de falta de tecnología sino de competencia. Si el balón entra casi un metro en la portería y no lo ves, tienes un problema que no se resuelve con una cámara.

Que Amorebieta acabara el partido de San Mamés tampoco es un problema de cámaras y tecnología, sino de competencia arbitral. Que de los últimos veinte minutos del partido apenas hubiera cinco de juego efectivo, tampoco se resuelve con rayos láser y con informática. El partido se encanalló por la actitud de los jugadores de los dos equipos, unos interesados en que corriera el tiempo y los otros impotentes y frustrados por su nuevo fracaso, y por un árbitro que se dejó engañar por unos y por otros.

El Athletic consiguió su primera victoria del año en un partido que se complicó más de lo esperado, aunque quizá, a estas alturas y visto lo visto, haya que temer que los partidos se le compliquen siempre al cuadro de Valverde. La visita de uno de los más cualificados candidatos al descenso hubiera sido una buena ocasión para dar continuidad al buen nivel de juego que ofreció el Athletic durante muchos minutos en su última comparecencia en San Mamés ante el Atlético. Valverde apostó por los clásicos en el centro del campo, recurriendo de nuevo a Beñat, a pesar de los méritos de Iturraspe en el partido anterior. Arriba repitió la posición de Muniain por dentro, sacrificando a Williams por el retorno de Aduriz y manteniendo a Lekue y Raúl García en las bandas.

La cosa no funcionó porque en todas las líneas hubo alguna pieza defectuosa. Atrás, Bóveda volvió a su peor perfil creando demasiada inseguridad, incluso ante una delantera tan poco afilada como la del Sporting. En el centro del campo Beñat estuvo espeso de mente y lento de piernas, sin apenas ayuda de un San José en su versión tranvía. Y arriba, sin suministro de balones en condiciones, Lekue fue un alma en pena en la banda, Muniain volvió a enredarse consigo mismo por dentro y Raúl García no sabía muy bien si ir o venir, mientras que Aduriz evidenció que no está atravesando precisamente su momento más lúcido. Así las cosas, el ataque del Athletic se encomendaba a las arrancadas de sus dos laterales, Balenziaga y De Marcos. Poca cosa para superar a nadie, ni siquiera a un rival en el abismo. Las permutas de las posiciones de los tres futbolistas que secundaron a Aduriz, tampoco dieron resultado alguno.

El penalti transformado por Cop complicó aún más el panorama, aunque, a decir verdad, sobre San Mamés flotó siempre la convicción de que el Athletic acabaría arreglando el entuerto de una manera u otra.

Y sucedió lo que todo el mundo esperaba. Williams ocupó la posición de Lekue tras del descanso y en su primera carrera se cobró una tarjeta amarilla para Canella. Al Athletic le bastó elevar un poco las revoluciones e imprimir velocidad al juego para desnudar al Sporting. Había dicho su entrenador la víspera que venían preparados para pasarse quince minutos sacando agua, en referencia a la presión que suele ejercer el Athletic sobre sus rivales en San Mamés. A baldes tuvo que achicar su área el equipo asturiano durante los primeros veinticinco minutos tras el descanso, pero acabó ahogado. Muniain despertó por fin, empezó a hacer daño el borde del área y provocó un estropicio cuando la pisó. A los cinco minutos empató rematando con fortuna un buen servicio de Williams. Veinte minutos después se trabajó a conciencia el penalti que cometió el inocente Moi Gómez, y Aduriz descargó toda su frustración batiendo por bajo a un Cuéllar que minutos antes le había hecho la parada de la tarde.

Después vinieron las simulaciones, los codazos y las tarjetas. El fútbol se acabó en cuanto el Athletic se adelantó en el marcador y aunque el Sporting lo intentó empujado por su situación desesperada, al equipo de Rubi le faltó un mínimo sentido futbolístico para convertir su entrega en algo con sustancia. Un cabezazo de Amorebieta en un corner fue todo su bagaje rematador en la segunda parte.

 

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Un comentario

  1. Ha empezado la 2ª vuelta y aquí, por ahora todo dios se juega mucho, hasta que se rompa la clasificación, como decía Valverde? Veremos hasta que punto se rompe y por donde. Certezas pocas.
    Amorebieta, haciendo de Amorebieta. Clos Gómez, intentando engordar su estadística con nosotros. Muniain hablando más de la cuenta antes y después del partido. Valverde moviendo, tocando teclas y vamos afinando. Aduriz y Raul García definitivamente se han dado cuenta, quiero creer, que la roja y blanca, la nuestra, la del ATHLETIC, no hace ni puta gracia a gran parte del mundo del futbol, por lo menos, al que manda. No hay barra libre, ni siquiera una consumición gratis por entrar, y menos aún, villaratos y chorradas varias de diarios fachos.
    25 minutos y no 45, JCL, por que el partido entra en fase macarra que nos saca de nuestro ritmo, igual que hizo el Barcelona en copa… igual que tantas veces!
    A jugar! Que es lo que necesitamos. En mi opinión, el equipo puede hacer grandes cosas en Barcelona. Creérselo, currar y jugar.
    AUPA ATHLETIC!!!