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Reflexiones sobre el Athletic, el fútbol y el deporte

Al Athletic le ha mirado un tuerto



Cuando no es uno es otro, el caso es que siempre hay alguien que mete la pata en el momento más inoportuno. Gurpegui en Málaga, Laporte en el Camp Nou, Iturraspe contra el Granada, Iraizoz en Vallecas, Iraizoz en Oporto. Tiene guasa que quizá en la mejor temporada del portero desde que llegó al Athletic ya haya desgraciado dos partidos en dos fallos estúpidos. Pero así son las cosas para un equipo que sigue en modo autodestrucción y que además no tiene ni pizca de fortuna en los momentos clave de los partidos, por no mirar a los árbitros. Que Casemiro se fuera sin una sola tarjeta hace pensar sobre el nivel de violencia que permiten los colegiados en Eslovenia. El árbitro no tuvo la culpa de la derrota del Athletic, pero su permisividad facilitó bastante las cosas al equipo de casa.

Iraizoz cantó en el gol de Quaresma, porque cantada es que te metan un balón raso por debajo del sobaco, pero si el delantero portugués se vio en situación de rematar fue porque instantes antes De Marcos eligió intentar jugar con Susaeta en el lateral del área en lugar de despejar el balón sin contemplaciones. No era la primera vez que el Athletic quedaba vendido por un error individual. De hecho, todas las aproximaciones peligrosas del Oporto a lo largo de todo el primer tiempo llegaron por pases fallados, errores de colocación y frivolidades cometidas por los rojiblancos en terreno peligroso.

Los leones se aplicaron con esmero a mejorar la espeluznante estadística de errores no forzados que llevan este año. Para los dos minutos Rico ya le había dejado un recado a San José que Tello aprovechó para provocar la primera situación de peligro en el área de Iraizoz. Cuatro minutos después fue Susaeta quien perdió el balón cerca del área. San José se ganó una amarilla obligado a derribar a un rival tras un regalo envenenado de Laporte, Rico se comió el bote del balón dejando vendidos a los compañeros de retaguardia… y así sucesivamente hasta que al filo del descanso llegó el fallo coral de medio equipo. Tiene delito dejar que te hagan dos paredes consecutivas en la frontal del área, pero este Athletic es capaz de eso y de más, qué le vamos a hacer.

La derrota de Oporto deja sensaciones contradictorias. Por un lado, la certeza de la despedida anticipada de la Champions League. Por otra parte, queda la imagen de un equipo que sobre todo durante muchos minutos de la segunda parte y los ratos que transcurrían entre fallo y fallo en el primer tiempo, supo competir y, por momentos, poner contra las cuerdas a su rival. El Athletic no está fuera de la Champions por perder en Oporto; ni siquiera por ceder un empate ante el Shakhtar en San Mamés. Está fuera porque hizo el ridículo en Borisov ante un equipo que ayer recibió siete goles en su propio campo.

Anunció cambios Valverde, y a fe que cumplió su palabra. Etxeita por Gurpegui en el eje de la defensa, San José acompañando a Iturraspe y Rico en el centro del campo y Guillermo en el costado derecho del ataque en el lugar de Muniain, configuraron una alineación inédita que funcionó de forma intermitente, a un nivel suficiente como para parar al Oporto, aunque lastrado por esos fallos individuales que siguen dinamitando cualquier propósito de enmienda del colectivo.

A tirones, alternando acciones brillantes como el zapatazo de San José a la base del poste, con estropicios provocados generalmente por su mala cabeza, los de Valverde completaron un primer tiempo decoroso para lo que hemos visto hasta ahora. Puede que llegados a este punto, ya nos conformemos con poco.

El Athletic regresó del vestuario con dos cambios incorporados. Se quedaron en la caseta San José y Aduriz y se incorporaron Muniain y Beñat. Si perdiendo el partido el entrenador se descarta de su único goleador para la segunda parte, lo más normal es que el personal piense que alguien está para cazar moscas en este grupo. Pero el fútbol tiene estas cosas. Guillermo, que como extremo derecho pareció un infantil asustado al lado del lateral que le marcaba, se puso en su sitio, en el centro del ataque, y allí marcó un gran gol y protagonizó una jugada que alguien más veterano probablemente hubiera resuelto de otra manera. El pase del gol se lo dio Beñat, tras un robo de Susaeta, un Beñat que, por fin, justificó la razón de su fichaje. El de Igorre tomó el mando, dio tres pases buenos, se ofreció como solución cuando veía agobiados a sus compañeros y con solo eso le cambió la cara al equipo.

El turno de los errores pasó al Oporto, al que durante bastantes minutos le temblaron las piernas. El equipo de Lopetegi había regresado del descanso reservón y pensando en jugar a favor de marcador, y se vio arrollado por el Athletic. Los portugueses se volvieron a estirar con el empate, qué remedio, pero ya no eran el equipo amenazante de la primera parte, como el Athletic no era el grupo fallón de antes del descanso. El Athletic ya jugaba para ganar, porque hasta el empate se antojaba poca cosa ante lo que se estaba viendo, pero entonces aparecieron Quaresma y, sobre todo, Iraizoz. Nuestro gozo en un pozo.

Quedémonos con la parte positiva de todo esto. El Athletic ratificó ante el Oporto la mejoría que ya había apuntado ante el Celta. El sábado tuvo media hora de buen fútbol. En Do Dragao la cosa se estiró más en el tiempo y las sensaciones fueron incluso mejores en algunos momentos. Claro que todavía eso no alcanza para ganar y el equipo tendrá que seguir perseverando sin acordarse que ya lleva nueve partidos consecutivos sin catar una victoria. Además, Valverde habrá podido comprobar que a lo mejor en esta plantilla dispone de más alternativas de las que él mismo contempla. No es poco aunque hará falta más, mucho más, para que este equipo recupere el nivel exigible.

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Un comentario

  1. Coincido plenamente con tu crónica. Pero me resigno a pensar que estamos fuera de la UCL; hay que intentarlo hasta el final. Llamadme iluso 😉