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Reflexiones sobre el Athletic, el fútbol y el deporte

Al Athletic le sobraron diez minutos



Un error de Laporte fue el preludio del primer gol del Barcelona

Un error de Laporte fue el preludio del primer gol del Barcelona

No hay nada que objetar al triunfo del Barcelona. Nada en absoluto a pesar de que el Athletic resistió en plan numantino durante ochenta minutos. Pensar que el Barcelona va a acabar un partido en su campo sin marcar un solo gol es una quimera. Era una mera cuestión de tiempo que el cántaro que tanto estaba yendo a la fuente se acabara rompiendo. Tardó mucho, más que otras veces, tanto que los de Valverde ya habían empezado a vislumbrar la consecución del objetivo, pero como dijo una vez el gran Juanito refiriéndose al Bernabéu, noventa minutos en el campo blaugrana son también “molto longos”.

Para salir vivo del Camp Nou hace falta algo más que defender bien. El Athletic lo hizo, pero el esfuerzo en la contención le impidió dedicar recursos a la otra faceta del juego, el ataque. El partido se les hizo muy largo a los rojiblancos, y el terreno de juego también. A Bravo le vieron de lejos, de muy lejos como para preocuparle. El portero chileno solo tuvo que emplearse a fondo en una sola ocasión, en el primer minuto de juego, para repeler un centro chut de Beñat. Se pudo ir al vestuario entonces, porque nadie le hubiera echado en falta el resto del partido.

Al Athletic le funcionó la mitad del plan. Un plan por lo demás, valiente, manteniendo la alineación de siempre, sin cambios en función del rival y el escenario. Personalidad no le falta ni al entrenador ni al equipo y eso es más trascendente que una derrota puntual. El equipo defendió bien en general y disfrutó de un Iraizoz que está enorme en los últimos tiempos. Tampoco es que la retaguardia rojiblanca construyera uno de aquellos catenaccios que montaba el gran Nereo Rocco en el Inter, aquella defensa por la que no pasaba ni el aire. No. La defensa del Athletic tuvo algunos agujeros como lagunas y dejó abierto un pasillo por su izquierda por el que transitó Montoya como Pedro por su casa. Precisamente porque el equipo no estaba diseñado solo para defender ni era ese su plan exclusivo.

Ocurre que los rojiblancos se hicieron fuertes en el centro, que es lo que más molesta al Barcelona como ya sabe todo el mundo. Laporte y Gurpegui, con los apoyos de Rico e Iturraspe por delante y arropados por Balenziaga y De Marcos en los costados, consiguieron frenar todos los intentos del Barcelona con suficiencia muchas veces o con apuros otras, pero lograron siempre su objetivo y cuando no, ahí estuvo Iraizoz para guardarles las espaldas.

El Barcelona no estuvo nunca cómodo, tal y como quería Valverde, porque todos los esfuerzos de todos los rojiblancos, desde Aduriz hasta el portero, estuvieron centrados en impedir la circulación de los de Luis Enrique. La cosa funcionó a medias porque al Athletic le faltaron piernas, recursos y claridad para buscar la espalda del rival en alguna contra llevada con fundamento.

Todo el partido fue un monólogo del Barcelona. Los noventa minutos se jugaron en una sola dirección. En esas condiciones el Athletic solo podía aspirar a acabar como había empezado, con el empate inicial. Una quimera en el Camp Nou.

El Barcelona jugó a ráfagas. Sorprendido por la salida valiente del Athletic, le costó unos minutos hacerse con el partido, pero cuando tomó el control del balón demostró una superioridad incuestionable pese a que Messi o Pedro estuvieran bastante por debajo de su rendimiento habitual. Fue el joven Munir quien lideró las operaciones, secundado desde la banda por un Jordi Alba incansable. Poco a poco, tal y como describió la víspera Valverde, el Barcelona fue empujando al Athletic a su área, aplastándolo contra su portería. Lo que durante la primera media hora había sido una defensa solvente acabó achicando balones en el área pequeña contando los minutos que faltaban para el descanso.

La sensación general era que el gol local era cuestión de tiempo. Podía llegar en una genialidad, en un error propio o arbitral o en una jugada de mala fortuna, pero pocos dudaban de que acabaría cayendo por su propio peso. Las ocasiones menudeaban más de la cuenta y el peligro era más que evidente. Y llegó cuando el Barcelona empezaba a dar síntomas de agotamiento, harto ya de chocar contra un rival cada vez más centrado en su papel de frontón. Valverde había dado entrada a Unai López e Ibai por Susaeta y Beñat, pero el equipo no había cambiado. También había cambiado Luis Enrique; en concreto a Munir por Neymar. El brasileño salió con los galones puestos y enlazó dos veces con Messi como si sola presencia hubiera servido para despertar al argentino, muy espeso hasta entonces

El gol llegó de una manera cruel. Laporte, uno de los protagonistas del partido, sacó mal un balón que era fácil pero se complicó por tardar más de la cuenta. Desde el círculo central Busquets lo repelió hacia campo rojiblanco, donde cayó a pies de Messi, y lo que debió ser una salida cómoda del Athletic se convirtió en un contragolpe para un Neymar completamente solo frente a la desmontada defensa rojiblanca. Era el minuto 79 cuando el Athletic capituló. Cuatro minutos después el propio Neymar remató a placer y colocado otro servicio de Messi tras jugada personal.

Perder en el Camp Nou no es ninguna novedad para el Athletic. Viene haciéndolo toda la última década. En esta ocasión opuso resistencia y durante muchos minutos estuvo echando arena en los engranajes del rival. Es verdad que pasó algunos malos ratos como los últimos diez minutos antes del descanso, pero conceder unas cuantas ocasiones a todo un Barcelona en su propio campo tampoco es un desdoro y entra dentro de lo previsible, como suele ser habitual que el portero sea el mejor del equipo visitante.

El Athletic se quedó corto porque los encargados de alargar el equipo no acertaron a hacerlo. Iturraspe, muy bien sin balón, casi nunca pudo serenar la salida y enlazó muy poquito con Beñat, quien tampoco tuvo continuidad como para hacerse notar sobre el césped. Muniain, sacrificado como siempre cuando le tocó ayudar en la contención, no tuvo ninguna inspiración para atraerse el juego y el balón como tan bien hizo en el campo del Nápoles, por ejemplo y lo mismo se puede decir de Susaeta en el otro lado. En semejantes condiciones Aduriz fue otra vez el llanero solitario entre dos tipos como Matthieu y Mascherano.

Tampoco hay que dudar de este equipo por una derrota previsible pese a ese optimismo que se había instalado en el equipo y en el entorno tras los buenos partidos ante el Nápoles y el Levante. Algunas de las virtudes que se le vieron al Athletic esos partidos se repitieron también en el Camp Nou. Organización, espíritu de sacrificio, solidaridad, competitividad… todo eso lo tuvo el Athletic en el campo del Barcelona. El problema es que para ganar ( o puntuar) allí hace falta todo eso y algo más, y eso es mucho, muchísimo hasta para este Athletic que tantas expectativas está despertando.

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Un comentario

  1. Creo que no fue solo eso… aún hay mucho que mejorar. Algunas cosas que me han llamado la atención:

    – Se abusó de jugar por la banda izquierda olvidándonos del lado derecho, parecía que el Camp Nou tenía cuesta. Quizás esto haya sido mérito del Barça por cerrar bien ese lado derecho… o no.
    – La obsesión por controlar a Messi hizo bascular en exceso a Balenziaga hacia el centro dejando un pasillo enorme que Muniain no supo ayudar a tapar y que los catalanes aprovecharon en multitud de ocasiones.
    – Pases con continuidad y ventaja para el compañero muy pocos. Multitud de pases fallidos y patadas a seguir como en rugby.
    – Creo que el Mister se equívocó al hacer un cambio doble cuando el equipo había conseguido frenar las andanadas de los culés y estaba en sus mejores minutos. Las medicinas en pequeñas dosis please.
    – Laporte creo que necesita una cura de banquillo. Ir de “sobrao” frente al Barça (o Napoli) se paga muy caro. Normalmente en forma de gol en contra. Un par de semanitas no le harán ningún mal, al contrario. Fijémonos en Gorka, el mejor del partido con diferencia. Ha salvado al equipo de un marcador más abultado… y fijaros como estaba hace todavía poco tiempo.

    Bueno, pero esto son solo disquisiciones de un aficionado. Ya se sabe, desde la tribuna ( o desde la tele) todo se ve más fácil.