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Reflexiones sobre el Athletic, el fútbol y el deporte

Al rincón de pensar



El Athletic volvió a carecer de mordiente en el área contraria. Foto AC

Pasan las jornadas y el guión permanece inalterable. El Athletic lleva ya doce partidos consecutivos sin ganar, muchos, demasiados incluso para un club que hace bandera de la paciencia. Uno ya no sabe si es más preocupante lo que ve en el campo que lo que oye en la sala de prensa.  Al término del partido Berizzo dejó otra de esas frases redondas que con tanta facilidad pronuncian los argentinos: “quiero ganar a mi manera; no de cualquier manera”. Impecable en su fidelidad a los principios. El aficionado medio, que es sin duda más voluble, lo que quiere a estas alturas es ganar de alguna manera, porque llevamos doce partidos en los que el Athletic no gana de ninguna manera, no sé si me explico.

A la declaración de intenciones del míster le falta la correspondiente traslación al terreno de juego. De momento solo podemos sospechar de qué manera quiere ganar Berizzo, porque lo cierto es que hasta ahora no lo hemos visto. La teoría está muy bien cuando se lleva a la práctica, y este equipo está perdiendo hasta el hábito de ganar.

A estas alturas ya no es de recibo seguir viendo pasar la vida impertérritos. Los resultados y la clasificación han enviado al Athletic al rincón de pensar. Jugadores, técnico y dirigentes deberán reflexionar no sobre las grandes preguntas filosóficas, quiénes somos, a dónde vamos, de dónde venimos,  sino de algo mucho más sencillo y prosaico si se quiere: ¿cómo c… podemos ganar un partido?.

Y la respuesta urge porque lo que ya no es de recibo es seguir de brazos cruzados sumando empates y derrotas como quien oye llover. Repetir lo que no funciona no parece la mejor forma de encontrar una solución. Si se puede elegir, es mejor ganar con estilo, claro que sí; el problema estriba en que el Athletic no está en condiciones de elegir, entre otras razones porque tampoco tiene un estilo en el que reconocerse.

El tramo final del partido contra el Getafe es tan lamentable que hace que la parte inicial nos quede en la memoria como aceptable, cuando lo cierto es que David Soria, el portero del Getafe, se marchó de San Mamés sin que sepamos si es bueno o malo. Porque quitas el gol de Noaskoain, el cabezazo al palo de Aduriz y otro remate de cabeza de San José muy forzado, y no encuentras más remates dignos de tal nombre. Como tampoco se encuentra a a lo largo de los noventa minutos alguna jugada que merezca la pena recordar.

A los futbolistas del Athletic no se les puede reprochar que no se entreguen ni que no pongan todo de su parte para sacar adelante los partidos. Pero hace mucho tiempo que la voluntad no es suficiente en este fútbol de hoy en día. Hacen falta muchas más cosas que la voluntad para ganar un partido, y al Athletic le faltan casi todas, excepto la voluntad.

Al Athletic le falta profundidad, por ejemplo, y futbolistas con desborde para superar a su marcador; por no hablar de la precisión o la calidad en los últimos metros, pero eso dejó de ser noticia hace mucho. El equipo de Berizzo es el más previsible de la categoría y los rivales saben hasta el momento en que se va a descomponer. ¿Alguien en San Mamés vio la victoria más cerca cuando Nolaskoain marcó su gol?. Nadie que no sea un iluso irredento. Lo primero que hizo todo el mundo después de celebrar el tanto, fue mirar el reloj para comprobar que todavía quedaban veinte minutos larguísimos.

Y no se equivocaron los que se temieron lo peor. El gol a favor tuvo el efecto opuesto al que se espera en una situación normal. Lejos de tranquilizar a los rojiblancos y reforzar su idea de juego, el gol obligó al Getafe a dar un paso adelante y el pánico hizo estragos en las filas del Athletic. Nadie supo retener la pelota, parar el juego, ni siquiera perder el tiempo para recuperar el resuello y el orden. El partido entró en una dinámica que solo favorecía al Getafe, que apenas necesitó diez minutos para restablecer el empate y generar cuatro o cinco llegadas que pusieron los pelos de punta a un San Mamés atónito ante el espectáculo de un Athletic desarbolado, aterrorizado, sin argumentos ni para defender ni para atacar. A esas alturas, lejos de soñar con una victoria, el personal rogaba para que la cosa acabara en empate. Así están las cosas.

Es verdad que a este Athletic le ha dado la espalda hasta la fortuna. En cinco minutos perdió por lesión a Raúl García y a Balenziaga, lo que privó a Berizzo de la posibilidad de maniobrar desde el banquillo. Córdoba no aportó nada, y Nolaskoain al menos marcó el gol. Aduriz, el tercer cambio en el minuto 80, llegó a tiempo de cabecear a la base del poste y ganarse una amarilla. Hizo mucho más en diez minutos que Williams en todo el partido. No es cuestión de culpar a Iñaki de las desgracias de Athletic en el área contraria, pero su posición como ‘nueve’ en San Mamés solo puede provocar ternura en las defensas contrarias.

Si a la inanidad de Williams en el ataque, le sumamos que Muniain volvió a perderse en regates inútiles en terrenos intrascendentes, y que Susaeta tuvo que dedicarse a echar una mano a un De Marcos que pareció recién levantado de la cama, tenemos lo que dio de sí la línea de ataque rojiblanca. Raúl García, que acabó lesionado, y San José, flotando alrededor del círculo central, fueron los rojiblancos más entonados durante un primer tiempo en el que el Getafe se limitó a esperar. Beñat, quizá demasiado solo como medio centro,  no acertó a generar nada interesante desde atrás. Núñez fue el defensa más eficaz y Balenziaga, también lesionado, volvió a ser el lateral discreto pero fiable. Iñigo Martínez se animó con un remate que se le fue arriba en la primera parte, pero el más que posible penalti que cometió en el minuto 94, uno más, fue de los de hacérselo mirar. Herrerín salvó un gol con el pie saliendo a la desesperada y poco pudo hacer en el gol.

La Copa llega el miércoles a San Mamés pero tal y como están las cosas, parece más un paréntesis molesto que el comienzo de algo ilusionante. El Athletic tiene su cita más trascendente el lunes en el campo del Levante. Allí tendrá que ganar sí o sí, y al aficionado le da igual que sea con estilo o de penalti injusto en el último minuto. La cosa no está para pedir exquisiteces.

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Un comentario

  1. Vivo fuera de Bizkaia y alucino. ¿De verdad os creéis que el equipo no pude bajar a Segunda? ¿Tal vez por su historia? Estáis muy equivocados, y de seguir así las vamos a pasar canutas. Falta gol, la defensa está temblona, el centro del campo no elabora y solo se salva el portero.
    Sinceramente, el entrenador habla mucho y hace poco. Cuanto antes se releve, mejor. NO está la cosa para reiterarle la confianza.
    Y lo pero de todo es que contra el Levante volveremos a empatar.