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Reflexiones sobre el Athletic, el fútbol y el deporte

Alex Ferguson, el escocés de bronce



Sir Alex Ferguson en su última visita a San Mamés. Un partido memorable.

Sir Alex Ferguson en su última visita a San Mamés. Un partido memorable.

No habrá muchos profesionales en el mundo, sea cual sea su oficio, a los que en vida y en pleno ejercicio de su profesión, se les haya erigido una estatua en el lugar donde trabajan a diario. Old Traford recibe al visitante con una reproducción en bronce de casi tres metros de su entrenador, sir Alex Ferguson. El Manchester United quiso reconocerle así sus veintiséis años de servicio al club. Ahora, un año después, el técnico ha anunciado su retirada. Hará los 72 años el último día de este 2013 así que se supone que esta vez sí que cumplirá su anuncio, no como cuando en 2001 anunció su jubilación y prácticamente a continuación renovó su contrato por tres años más.

Nadie, ni incluso en el fútbol inglés tan poco dado a los cambios en los banquillos, podía imaginar en 1986 que el escocés que llegaba a aquel melancólico United para relevar a Ron Atkinson, seguiría dirigiendo al equipo veintisiete años después. Es verdad que, además de su palmarés en el Aberdeen, a Ferguson le precedían su fama de tipo duro que no da su brazo a torcer y un prestigio de hombre recto labrado probablemente en sus tiempos juveniles, cuando compaginaba el fútbol aficionado en el Queen’s Park y su trabajo en los astilleros de Glasgow, donde le dio tiempo a hacer sus pinitos como sindicalista.

Alex Ferguson había sido un delantero discreto que alcanzó su techo profesional en el Dunfermline escocés, equipo con el que en la temporada 65-66 se consagró como máximo goleador de la Liga con 31 goles. Un año antes no había podido hacerle ningún gol a Iribar en aquellos octavos de final de la Copa de Ferias que enfrentó al Athletic con el equipo escocés y que necesitó un tercer partido de desempate tras el 1-0 que registró el marcador tando en la ida como en la vuelta. Ferguson no se alineó en el desempate que resolvió el Athletic por 2-1.

Sí que consiguió marcarle al Txopo cuatro años más tarde, ya en las filas del Rangers, en otra eliminatoria de la Copa de Ferias en la que los escoceses ganaron 4-1 al Athletic en Ibrox Park, una goleada que abrió Ferguson a los seis minutos.

Su carrera como futbolista entró en declive al año siguiente cuando tras cometer un fallo de marcaje que le costó un gol a su equipo en la final de Copa contra el Celtic, los Rangers le obligaron a jugar en el equipo de suplentes. No aceptó una oferta del Nottingham Forest porque no quería marcharse a Inglaterra, y después de pasar por un par de equipos menores, debutó como entrenador en el modesto East Stirlingshire, de donde pasó al St Mirren, equipo en el que conoció su único despido, provocado al parecer más por su proceder en los despachos y el trato que dispensaba a algunos empleados, que por los resultados en los terrenos de juego.

Fue en el Aberdeen donde Ferguson haría los méritos suficientes para que acabara reclamándole un club del prestigio del Manchester United, tras un efímero paso por la selección de Escocia. Bajo su mando, el Aberdeen consiguió no solo ganar una Liga escocesa rompiendo el monopolio que compartían Celtic y Rangers, sino que logró además una Recopa de Europa eliminando entre otros al Milan y al Real Madrid.

Estatua de bronce de Ferguson en Old Trafford

Estatua de bronce de Ferguson en Old Trafford

Alex Ferguson tuvo que recurrir a toda la fuerza de su carácter y algo más para sobrevivir los primeros años en el United. El club añoraba los tiempos de los sucesores de los Busby babes, su época dorada, aquella de las Ligas de la 64-65 y 66-67 y la Copa de Europa de 1968, la primera de un equipo inglés. El equipo de Bobby Charlton, George Best, Denis Law o el terrorífico Nobby Stiles.

Cuatro años tardó Fergie en conseguir su primer título al frente de los de Old Trafford, que en realidad fueron dos: la Cup y la Charity Community Shield. Poca cosecha para tanta siembra en forma de fichajes como hizo el técnico aquellos primeros años. Porque si por algo ha destacado Ferguson en su trayectoria ha sido por su trabajo como manager, su habilidad para comprar y vender para ir confeccionando plantillas competitivas cuidando al mismo tiempo la economía del club. Más que un estratega talentoso o hábil en la dirección desde el banquillo, Ferguson ha sido siempre un hombre que se ha movido con mucho sentido en el proceloso mercado del fútbol, haciendo gala de un evidiable ojo clínico para descubrir talentos.

La gestión, entendida en el más amplio sentido, ha sido su punto fuerte. Superadas las dudas de los primeros años y avalado por los éxitos, Ferguson se convirtió en la pieza clave del Manchester United. Nada ni nadie se han movido estos años en el club sin su conocimiento y, en su caso, sin su visto bueno. Su temperamento volcánico lo han sufrido tanto en los despachos como en el vestuario, donde se ha ganado el sobrenombre de hairdryer (secador) por su costumbre de abroncar a sus víctimas a un centímetro de la cara.

Son famosas sus anécdotas con Beckham, a quien abrió una ceja tras lanzarle una bota, o con el central holandés Stam, al que arrojó la camilla en un ataque de ira. Su imagen en el banquillo, vistiendo un abrigo por el que sobresale el cuello de cremallera de un jersey y masticando chicle de manera compulsiva, se acerca más a la de un capataz de obra que a la de modelo de pasarela de otros colegas siempre tan atildados.

Ferguson es leal con los suyos mientras rindan en el terreno de juego. Ryan Giggs, el futbolista que más tiempo lleva a sus órdenes puede dar fe de ello. En vísperas de la final de la Champions de 2011 el centrocampista, casado y con dos hijos, era el primer objetivo de la prensa amarilla inglesa por el affaire que había mantenido con una concursante del Gran Hermano inglés. Ferguson, conocedor de que un periodista acudiría a la rueda de prensa previa a la final con el exclusivo propósito de preguntar por el asunto, no dudó en prohibir la presencia de dicho periodista en la conferencia en un país en el que la libertad de prensa y el derecho a la información son valores acrisolados para toda la sociedad. Giggs jugó los noventa minutos de aquella final. El mismo Giggs que en sus comienzos en el Manchester contempló atónito, cómo una noche Ferguson aporreaba una por una todas las puertas de una calle hasta dar con la vivienda en la que un grupo de jugadores del United estaban celebrando una fiesta. Al técnico le habían señalado la calle, pero no la casa donde estaban sus pupilos y no dudó en despertar a toda la vecindad.

Esa lealtad que demuestra Fergie con los que le sirven en el campo, se vuelve casi desprecio con aquellos que no rinden como él espera. Diego Forlán cuyó fichaje ‘robó’ al Middlesbrough cuando el uruguayo llegó a Londres para firmar por el ‘Boro’, cayó en desgracia en un partido en el que falló un gol cantado por culpa de un resbalón. Ferguson le había ordenado calzar unas botas con un determinado tipo de tacos y el delantero no le había hecho caso. Al año siguiente Forlán estaba en el Villarreal.

El holandés Stam, un poderoso central y titular indiscutible, tuvo que hacer las maletas y marcharse al Lazio cuando publicó un libro autobiográfico que no gustó al técnico.

También ha habido terceros damnificados por el peculiar carácter de Fergie, como el Preston, un equipo que ocupaba la última posición de la Segunda División que tuvo la mala idea de despedir a su entrenador, Darren Ferguson, el segundo hijo de sir Alex. Casualidad o no, el Preston perdió de inmediato a todos los jugadores del United que tenía cedidos.

Más disgustos le proporcionió a Ferguson su hijo menor, Jason, dedicado a la representación de jugadores, cuando en medio de una investigación sobre los negocios futbolísticos en Inglaterra, se descubrió que había cobrado del United cerca de 2o millones de euros en tres años en concepto de comisiones. Un turbio asunto del que nunca más se supo.

Por encima de anécdotas, reales o apócrifas, queda un palmarés inigualable. Trece Ligas, cinco Copas, cuatro Copas de la Liga, diez Charity Community Shields, dos Champions League, un Mundialito de clubes, una Supercopa y una Recopa, además de todos los títulos y nombramientos imaginables a nivel individual, adornan una trayectoria de 27 años al frente del mismo equipo, y no hablamos de un equipo cualquiera sino de todo un Manchester United obligado siempre a lo máximo. Sir Alex Ferguson es de las pocas personas que pueden presumir de tener una efigie en bronce al lado de la oficina. Leyenda viva del fútbol.

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