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Reflexiones sobre el Athletic, el fútbol y el deporte

Algo está cambiando en el Athletic



Urrutia vivió la última Asamblea de su mandato. Foto AC

Urrutia vivió la última Asamblea de su mandato. Foto AC

La Asamblea General Ordinaria celebrada ayer en Euskalduna constituyó una excelente noticia para el Athletic. Parece que, poco a poco, el estilo que imprime esta Junta a su gestión y a la vida del club empieza a dar sus frutos y el mundo rojiblanco comienza a experimentar un cambio, quizá imperceptible a primera vista, pero que puede acabar en un movimiento de fondo muy importante para la vida de la entidad. Es pronto todavía para extraer conclusiones definitivas y mucho menos para lanzar las campanas al vuelo, pero se empieza a apreciar un nuevo modo de hacer las cosas y de comportarse. Habrá que ver qué ocurre en San Mamés si las cosas no acaban de funcionar en el césped; a fin de cuentas hablamos de fútbol, un terreno donde los sentimientos siempre están a flor de piel y la reflexión brilla demasiadas veces por su ausencia. Que el presidente abriera su alocución y dedicara tanto tiempo al aspecto deportivo induce a pensar a que hay preocupación en el club. Su mensaje alertando del peligro de que el miedo se instale en el campo y en la grada fue impecable y un monumento al sentido común. Si caló en la masa social, buena parte de la crisis deportiva puede darse por superada.

La de ayer fue la última rendición de cuentas de Josu Urrutia y su equipo directivo y, una vez más, el voto de los compromisarios avaló su gestión de forma abrumadora. Es verdad que esta Junta ha presentado siempre unos números entre buenos y brillantes y que el hecho de no tocar las cuotas de los socios por segundo año consecutivo es la mejor música para amansar a las fieras del Euskalduna.

Pero el que los números hayan sido siempre buenos no quiere decir que Urrutia haya tenido que sortear otras aristas muy afiladas a lo largo de su mandato. Si las arcas están llenas es precisamente porque se han producido ingresos por la vía de la ejecución no deseada de cláusulas de rescisión. El Athletic ha perdido jugadores importantes y esas fugas han puesto incluso en cuestión asuntos tan esenciales como la identidad del club, y han abierto el debate sobre la fidelidad a los colores de las nuevas generaciones de futbolistas.

El actual equipo directivo tuvo que lidiar en su día con la larga y tormentosa historia de Llorente, cantada capítulo a capítulo en cada partido en San Mamés. También tuvo que aguantar la esperpéntica salida de Javi Martínez, prepotencia alemana incluida. Soportó el ridículo amago de huida de Herrera, que adquirió carácter definitivo doce meses después.

Con todo, el momento más delicado para esta Junta llegó con su desencuentro con Marcelo Bielsa. Fue probablemente el error más grave de su mandato, por la forma en la que gestionó los acontecimientos que sucedieron en el verano de 2012 y por la imagen que proyectó al exterior, frente a un entrenador que podrá tener muchos defectos pero que se ganó un sitio en el corazón del aficionado, por una integridad personal insólita en estos tiempos en el mundo del fútbol.

No han tenido un camino de rosas Urrutia y su equipo estos cuatro años, aunque los éxitos deportivos en forma de dos finales y una clasificación para la Champions League han allanado mucho el recorrido. Se dirá que con ese balance deportivo y sin subir las cuotas a los socios, cualquiera puede presidir este club sin grandes sobresaltos. No es cierto.

Por debajo de la trayectoria del primer equipo y de la rebosante caja fuerte del club, ha habido todo un proceso de cambio que vas más allá de lo que podemos entender como simple estilo. Por seguir con la Asamblea General, a nadie se le escapa que en las dos últimas décadas se había convertido en un gallinero, o algo peor, sobre el que recaían diversas sospechas en medio del hartazgo del socio de a pie, ese que paga su cuota, va al fútbol los domingos y no tiene intención de recabar las firmas de diez amigos o familiares para transmutarse en el más arisco fiscal de la Directiva de turno, ni en guardián de las más puras esencias rojiblancas.

Tráfico de carnets y de influencias, grupos de presión creados por directivas y directivos entrantes, salientes o meritorios, poderes fácticos basados en el manejo de invitaciones, entradas o prebendas, propaladores de rumores interesados… eso y algo más circulaba alrededor de la Asamblea y amenazaba con enquistarse para siempre en el club. Y todo además aderezado por una peculiar relación con los medios de comunicación, o con algunos mejor dicho, basada en un ‘do ut des’ interesado, pero interesante solo para algunos pocos, no precisamente para el Athletic. No es extraño que la política de comunicación de Urrutia (manifiestamente mejorable en algunos aspectos) se haya convertido en uno de los caballos de batalla de su gestión, objeto de las críticas más aceradas y hasta inspiradora de algún mote

Aquel estado de cosas se ha acabado en estos cuatro años, pese a que algunas voces interesadas y nostálgicas de otros tiempos se empeñen en tratar de encontrar tres pies al gato. La gestión de las entradas en las finales y en partidos de gran demanda o el modélico traslado al nuevo campo constituyen, entre otras, la prueba más evidente de que las cosas se han hecho con transparencia y trato igualitario. Es inevitable que alguien, entre 44.000 socios, haya podido salir perdiendo o se sienta agraviado, pero será la excepción que confirme la regla.

Poco a poco, el Athletic está volviendo a ser aquel club aburrido en el que nunca pasaba nada. El desarrollo de la Asamblea de anoche es una prueba evidente. Solo tres socios utilizaron su turno en el capítulo de ruegos y preguntas; solo uno accedió al estrado tras la exposición de las cuentas del Club y no lo hizo para cuestionar los números. Parecen síntomas de cambio o, al menos, de que el mensaje que se ha venido transmitiendo desde Ibaigane va calando poco a poco en una masa social que, en el fondo, es muy proclive a este estilo de gestión honesta y sin estridencias, acorde con la idiosincrasia de un club como el Athletic, que a lo largo de su historia ha transitado casi siempre por los caminos de la normalidad, algo tan simple pero tan anormal en estos tiempos en los que el fin del mundo se anuncia para mañana todos los días.

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Un comentario

  1. Me gustaría hacer un par de comentarios.

    Se habla de que la Directiva exhibe músculo económico. La verdad es que los números han cuadrado por el pago de las cláusulas de Javi Martínez y Herrera. Si no fuera por ese dinero, la situación sería otra. No tengo los números de la pasada temporada delante, pero creo recordar que el superávit ha sido de 28 millones, luego el ejercicio ordinario ha dado unas pérdidas de 8 (si se contabilizan los 36 millones del pago de Herrera en la temporada). Repito que no tengo los números delante y quizás alguien pueda aclararme que estoy en lo cierto o que hay algo que no estoy teniendo en cuenta.

    Sobre la parcela deportiva, no entiendo el relevo de Amorrortu, y desde luego que el club no fue nada elegante con Bielsa.

    Y a pesar de que hay más cosas que no me gustan de esta Directiva, creo que lo mejor es que siga para que haya continuidad con el proyecto deportivo, porque el Athletic necesita estabilidad. El juego electoral es perverso y ahora hay que andar escondiendo intenciones por si alguien (que dudo que vaya a mejorar lo que hay) tiene idea de presentarse.