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Reflexiones sobre el Athletic, el fútbol y el deporte

Algo ha cambiado en el Athletic y ha sido para bien



La afición espera seguir cantando los goles de Aduriz en el estreno europeo

La afición espera seguir cantando los goles de Aduriz en el estreno europeo

Ironías de Valverde al margen, está claro que en el Athletic no se ven las cosas como se veían hace apenas una década. Algo ha cambiado en este equipo y ha sido para bien. Atrás han quedado los tiempos en los que las peculiaridades de los rojiblancos eran más disculpa que arma, los años en los que bastaba con sobrevivir y Europa era un premio que caía de vez en cuando. En las últimas siete temporadas el Athletic ha estado en la competición internacional en cinco ocasiones; una de ellas en la Champions League y en otra, alcanzando la final de la Liga Europa, meta que no se lograba desde los tiempos de la televisión en blanco y negro.

Es indudable que la situación económica general ha influido. Aunque suene a paradoja, al Athletic le van bien las crisis económicas. La fidelidad de sus socios y una gestión económica solvente por norma general, le mantienen a salvo de los vaivenes que sufren otros. Salvo gigantes como el Real Madrid y el Barcelona, todos sus demás rivales han sufrido el embate de la crisis. Al Athletic prácticamente le ha bastado con mantener su nivel para ver cómo se hundían casi todos a su alrededor. Cuando los constructores se fueron del fútbol, salió a flote la realidad de este negocio. Se acabaron los fichajes de relumbrón y se terminaron los equipos de medio pelo con seis internacionales de todos los colores en sus filas. Cuando las telarañas volvieron a adornar las cajas fuertes de los clubes, llegó la cruda realidad para poner a cada uno en su sitio.

Pero si los factores externos han influido lo suyo, es justo resaltar que también se han hecho bien las cosas desde dentro. A día de hoy el Athletic dispone de una plantilla solvente y competitiva, hecha con paciencia a partir de una buena mezcla en  la que son mayoría esos que se conocen como jugadores de club, futbolistas que no destacan demasiado, pero ofrecen un rendimiento regular y fiable. Aunque también hay calidad individual, claro que sí. Al margen del extraordinario caso de Aduriz, recordemos que el equipo dispone de tres internacionales absolutos como Iturraspe, San José y Beñat,  en una zona del campo para la que el año pasado se intentó la adquisición de un refuerzo ajeno, lo que, por sí mismo, podría plantear un bonito debate.

Sin embargo, es otro factor más intangible el que mejora la calidad del producto Athletic, y que atañe a la mentalidad. Es una noticia inmejorable oir hablar a todos los jugadores de las posibilidades del equipo en la competición europea, con la confianza de quienes se creen sus propias palabras. No suenan a declaraciones para la galería las manifestaciones que se han venido repitiendo desde la plantilla en las últimas semanas. Habrá influido sin duda la consecución de la Supercopa, la constatación de que el equipo es capaz de competir con cualquiera, pero la cosa suena como si tuviera un origen más lejano y profundo. Sí, vamos a pelear por llegar muy lejos en Europa porque estamos convencidos de que podemos hacerlo. Esa música no sonaba en la caseta rojiblanca desde los tiempos de maricastaña y, por cierto, llegó a ser número uno en el hit parade de la época.

Algo ha hecho clic en las mentes de esta nueva generación de leones que, de un tiempo a esta parte, forman un grupo convencido de que tiene muchas posibilidades de hacer grandes cosas. Atrás quedaron los tiempos de penuria, del ganar como sea, o del limitarse a intentar no perder, de los partidos asumidos como un purgatorio de noventa minutos que había que sufrir con estoicismo. Con Bielsa llegó el fútbol entendido como una fiesta que, aunque demasiadas veces acabara injustamente mal, dejó un poso sobre el que Valverde ha elaborado  un combinado de pragmatismo, eficacia  y ambición.

El Athletic podrá perder, empatar o ganar, pero cuesta recordar media docena de partidos en estos últimos años en los que el equipo no haya peleado con alguna  posibilidad hasta el último minuto porque ha sido netamente inferior a su rival, al margen de las finales claro, un expediente equis que pareció definitivamente resuelto en la última Supercopa.

Esta noche arranca en San Mamés una competición continental que el Athletic encara con mirada larga y, esperemos, paso corto; que una cosa es confiar en las posibilidades propias y otra, sobrevalorarlas. El grupo es toda una incógnita por el perfil de los tres rivales que han caído en suerte. El Ausburg tiene menos nombre que el histórico Partizan e incluso suena más desconocido al oído del seguidor rojiblanco que el AZ holandés. Pero algo tendrá el equipo alemán si quedó quinto en la Bundesliga, así que cuidado.

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