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Reflexiones sobre el Athletic, el fútbol y el deporte

Algo más que un punto



Hamilton tuvo el balón ganador en el último instante pero se le escurrió de las manos. Foto BB

Hamilton tuvo el balón ganador en el último instante pero se le escurrió de las manos. Foto BB

El Bilbao Basket regresó de Gasteiz con la décima derrota en sus once encuentros en el Buesa Arena. El resultado no sorprende porque se cruzaron dos trayectorias: la ascendente del Caja Laboral, que con Zan Tabak al mando ha enganchado siete victorias seguidas, y la estabilizada de  los bilbainos. En su único triunfo en el feudo de Zurbano hace poco más de cinco años, el actual presidente, Pedja Savovic, todavía vestía de corto. Hubo otra victoria en cancha del Baskonia, el año pasado en la Euroliga, pero fue en el Iradier Arena, la remozada plaza de toros donde el Caja Laboral jugó durante las obras de su tradicional pabellón.

Un punto, el margen más estrecho de todas sus derrotas en el derbi, separó al Bilbao Basket de los gasteiztarras. Por segundo partido consecutivo, un final apretado no sonríe al equipo de Fotis Katsikaris lo que indica un cambio de tendencia respecto a lo observado en las primeras semanas de la temporada. Y como la tendencia ha cambiado, habrá que intentar evitar en este tramo de la temporada esos finales en los que intervienen demasiados factores para poder así amarrar definitivamente el billete para la Copa.

Un solo punto hizo la diferencia, pero la sensación es que el Bilbao Basket fue inferior, pese a que la valoración global, esa que solo sirve para el Supermanager y para repartir premios individuales, dijera lo contrario. Los vizcainos abrieron bien el partido, en pleno duelo anotador entre Mumbrú y Nocioni, y lo cerraron casi mejor, si se exceptúa la pérdida de balón última de Lamont Hamilton. Su problema fue el nudo, la parte central del derbi, en la que concedieron demasiadas facilidades al Caja Laboral, sobre todo a sus jugadores exteriores. Mientras que entre Vasileiadis y Mumbrú, las dos referencias anotadoras del Bilbao Basket, firmaron dos triples de quince intentos, Nocioni, San Emeterio, Causeur y Oleson, los ocupantes de los puestos de dos y tres en el conjunto baskonista, hicieron ocho de catorce. En algunos momentos, el partido recordó al que se perdió ante el Real Madrid ya que el conjunto gasteiztarra abrió mucho el campo y castigó duramente las deficientes ayudas defensivas de su rival.

Esa diferencia de acierto en lanzamientos muchas veces cómodos es lo que obligó al Bilbao Basket a amasar el balón en el poste bajo y, en definitiva, a ir mucho rato a remolque en un partido en el que, además, su rotación se vio limitada por la ausencia de Raúl López, cuya nueva lesión vuelve a preocupar, y la nula confianza del entrenador en Fran Pilepic para partidos de este calado. Si Zan Tabak defendía que si un jugador se emplea al máximo esfuerzo en defensa es difícil que juegue más de 20-25 minutos en cada partido, todo el quinteto titular del equipo bilbaino acabó de nuevo en el derbi por arriba de esa cantidad y los tres exteriores (Zisis, Vasileiadis y Mumbrú) bastante por encima de los treinta. En el Caja Laboral, solo Maciej Lampe superó la media hora de juego y los esfuerzos y la tensión del partido se repartieron entre diez jugadores.

La inquietud del seguidor del Bilbao Basket, más que por los resultados concretos de dos derrotas seguidas, llega por cómo puede afectar esa acumulación de esfuerzos cuando la temporada esté más avanzada y se empiecen a jugar los títulos. Pocas Marías van a quedar de aquí en adelante y Katsikaris deberá demostrar con hechos que confía y que necesita a todos sus jugadores. El técnico tendrá datos que avalen su proceder, aunque ya ha avanzado su intención de descargar a la plantilla por las fechas navideñas. De momento, el equipo va aguantando el tirón y en Gasteiz tuvo arrestos, algo que va en sus genes, para rehacerse y llegar al final con opciones de ganar.

Una defensa de ajustes bloqueó totalmente el ataque del Caja Laboral e hizo buena la costumbre de los bilbainos de cambiar de asignaciones en numerosas situaciones defensivas y que suele generarles bastantes problemas. Así, se entró en un último medio minuto decisivo con el derbi en el alambre. Tras un tiro errado por Lampe, uno de los árbitros, Peruga, apreció falta de Grimau donde no hubo nada, Nocioni anotó dos tiros libres y el balón quedó en manos de los bilbainos para empatar o ganar. Tras un buen movimiento del balón, Hamilton, que había dominado en la pintura, recibió en ventaja, pero decidió botar cuando tenía el aro al alcance y el balón se le escurrió de las manos.

Por la línea de fondo se fue la oportunidad de ganar otro derbi, cuyo desenlace algunos quieren concentrar en esa decisión arbitral, desacertada por otro lado. Sin embargo, hubo mucho más antes, mucho más que un punto. Alimentar de nuevo conspiraciones por dos derrotas ajustadas no tiene sentido porque anula la autocrítica y olvida la cantidad de matices que esconden los partidos. Si el Bilbao Basket no hubiera permitido tantas canastas fáciles al Caja Laboral, si hubiera acertado más en el segundo y tercer cuarto, quizás el resultado habría sido otro. O no, quién sabe. Esto es baloncesto, como proclamaba Richard Scott. Los hombres de negro demostraron una vez más que tienen casta, que compiten en cualquier circunstancia y que tienen recursos para ganar. Pero a veces con eso no es suficiente. La pelota tiene que entrar por el aro y el Bilbao Basket estuvo 36 minutos por detrás en el marcador.

Conquistar una plaza en la Copa sigue estando al alcance del equipo de Fotis Katsikaris, aunque se ha complicado la posibilidad de ser cabeza de serie. Los dos partidos de esta semana en el Bilbao Arena ante el UCAM Murcia y el Blusens Monbus deben servir para lograr el objetivo y asegurarse que el viaje a Gasteiz se repetirá en febrero. Los dos últimas derrotas no han mermado la confianza en las posibilidades de un equipo que nunca se deja vencer. La única duda es si le aguantará el oxígeno.

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