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Reflexiones sobre el Athletic, el fútbol y el deporte

Aritz Aduriz que estás en los cielos



aduriz1Aritz Aduriz ya ha entrado en la leyenda. Los cinco goles que le marcó al Genk le otorgan la categoría de futbolista histórico. Marcar cinco goles en un solo partido no es nunca fruto de la casualidad. Si se repasa la lista de jugadores que han alcanzado el hito no figura ningún desconocido al que una buena tarde le tocó la lotería. Son todos grandes goleadores, figuras emblemáticas de sus respectivas épocas. Si nos referimos al Athletic encontramos a Telmo Zarra, a Bata, a Iraragorri, a Unamuno, a Panizo, a Uriarte, todos ellos miembros de pleno derecho del panteón rojiblanco.

Aduriz ya se ha ganado un sitio junto a ellos. Vivirá para siempre en el cielo de los goleadores del Athletic, ese del que parece colgarse cada vez que salta buscando un remate de cabeza.

Aritz Aduriz encarna todas las virtudes del ariete clásico, fortaleza, juego de cabeza, habilidad en el área y olfato de gol, a las que suma otras propias del fútbol moderno. A diferencia de quienes le precedieron con el 9 a la espalda, Aduriz participa más en el juego del equipo facilitando la vida a sus compañeros. Cuando el rival tiene el balón es el primer defensa, y en situaciones apuradas es el que sabe retener la pelota a la espera de que las camisetas rojiblancas recuperen el orden.

Su exhibición ante el Genk fue el canto de un solista abandonado por los coros. La suya fue la interpretación más lúcida en medio de la confusión general. Fue el que puso la seriedad en la verbena en la que se convirtió el partido, sobre todo en las dos áreas, donde hubo barra libre y hasta happy hour.

A los entrenadores no les suelen gustar los partidos de muchos goles. Entienden que los goles son sinónimo de fallos en el sistema. Por eso ponen tanto el acento en eso de portería a cero, incluso cuando empatan. El Athletic-Genk fue un infierno para los entrenadores, un desastre, el colapso de la pizarra.

A los veinte minutos el Athletic ganaba por dos goles conseguidos con un remate y un penalti. El Genk había dominado y había metido el miedo en el cuerpo a la parroquia, que veía a sus chicos incapaces de contener el torrente de energía juvenil de los belgas. El gol que acortó distancias hizo algo de justicia al fútbol, pero en el último suspiro Aduriz hizo el hat trick de nuevo desde el punto de penalti.

Durante el descanso el personal coincidió en confesar que nadie entendía nada de lo que había pasado en la primera parte. Y nadie, a pesar del 3-1 se sentía tranquilo de cara al segundo tiempo. El Athletic en estos casos es un equipo previsible, como esos niños a los que se quiere mucho pero a veces se ponen pesaditos. Cuando se pone a hacer tonterías, no sabe cuándo hay que parar.

Así que el segundo tiempo empezó con otro gol del Genk, gentileza de la defensa y portero del Athletic que permitieron un remate de cabeza en el punto de penalti que apenas requirió que el rematador se elevara.

El caos y la confusión reinaron durante todo el partido en San Mamés. El Genk era igual de peligroso en las dos áreas: en la del Athletic porque la velocidad y el sentido de Pozuelo, Susic y Bailey hacían trizas a una defensa temblorosa; en la propia, porque Castagne y Colley cometían penaltis como si no hubiera un mañana, y sus compañeros se rifaban con alegría los despistes y los errores de marcaje.

Un pase sensacional de Yeray desde el círculo central bastó para romper todas las líneas defensivas belgas y dejar a Aduriz solo ante el portero. El cuarto gol del delantero se celebró con un inmenso suspiro de alivio que muy pronto se desveló precipitado, cuando Bailey hizo de Messi burló a Balenziaga, Iturraspe y Raúl Garcia y sirvió, con un poco de fortuna, el gol a Susic.

Quedaban diez minutos para seguir sufriendo, porque aunque aquello parecía una broma, el Athletic se estaba jugando la vida en Europa y el equipo ofrecía cualquier sensación excepto la de solidez.

Un tercer penalti, ya en el tiempo de descuento, ahorró un último minuto de sufrimiento y le dio a Aduriz la opción de subir a los cielos rojiblancos. Su gesta hubiera merecido otro tipo de partido, más en la línea de lo heroico que de la tragicomedia, pero la memoria es selectiva y dentro de muy poco, habremos olvidado lo accesorio y solo recordaremos lo esencial, porque como el alcalde de ‘Amanece que no es poco’, “todos los jugadores del Athletic son contingentes, pero solo Aduriz es necesario”.

 

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