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Reflexiones sobre el Athletic, el fútbol y el deporte

El Athletic consigue un triunfo analgésico



San José ganó la limpiamente la disputa a Ochoa en el tercer gol. Foto AC

San José ganó la limpiamente la disputa a Ochoa en el tercer gol. Foto AC

Nada como un buen analgésico para acabar con el dolor. Recordaba Valverde después del partido contra el Granada lo doloroso de la situación que vivió su equipo en Granada. Lo hacía con esa cara de alivio que se te queda cuando ya empiezas a sentirte mejor. El equipo andaluz acababa de ejercer de aspirina en San Mamés y con los tres puntos en su casillero, el Athletic ya empezaba a dar síntomas de alivio.

Mejor no hacer demasiadas preguntas sobre cómo se produjeron los hechos en la catedral. El Athletic tampoco está como para exigirle que se adorne; bastante tiene, todavía, con lamerse las heridas mientras lucha por no perder pie definitivamente en la tabla. De momento, los puntos sumados frente al Granada y la derrota del Villarreal ante el Real Madrid, le permiten seguir pegado al sexto puesto, empatado con el séptimo que, ahora mismo ocupa el Eibar y que, casi con seguridad, conducirá a Europa al final del curso.

Lo peor que le podía pasar al Athletic a estas alturas es quedar en tierra de nadie en la clasificación, en ese limbo que queda a mitad de camino entre el cielo y el infierno y del que el aficionado suele escapar en cuanto llegan los primeros soles primaverales. El domingo ante el Granada fueron muchos los que desertaron de la grada y prefirieron ir a pasear al parque o disfrutar del Carnaval. Claro que también hubo miles de asientos vacíos en el primer partido ante el APOEL, así que la cosa requeriría una reflexión más profunda, aunque sin dramas ni conclusiones precipitadas, que tampoco es la primera vez, ni será la última, en la que San Mamés presenta un aspecto desangelado.Espectáculos como el que dieron el Athletic y el Granada tampoco animan al personal a acudir al estadio.

Hubo dos sorpresas la tarde del domingo en San Mamés. La primera la proporcionó Valverde situando a Saborit en el eje de la defensa formando pareja con Yeray. Desplazó a Bóveda al lateral derecho y la cosa le salió bien porque la serie de errores que cometió el jugador tuvieron menos trascendencia cerca de la banda que la que hubiera tenido justo delante de Iraizoz.

La segunda sorpresa de la tarde la proporcionó el Granada, un equipo del que tradicionalmente se espera que dé guerra. De un visitante que viene con la soga al cuello se temen trampas, agresividad, lucha al límite, en fin, lo propio de quien pelea por su salvación y se aferra a la categoría con uñas y dientes, incluso de manera literal. Lucas Alcaraz dirige una especie de legión extranjera a la que se le supone, al menos, espíritu de combate. Pero en San Mamés compareció algo más parecido a un grupo de intercambio de estudiantes en tarde de excursión al fútbol. Probablemente el Granada fue el equipo más inane de todos cuantos han comparecido este año en la catedral.

A los diez minutos Hongla cometió la primera pifia. Controló fatal un sencillo pase atrás de un compañero, tan mal que le pelota se le fue un par de metros, distancia suficiente para que se la robara Beñat justo en el borde del área para profundizar unos metros y regalar el gol a puerta vacía a Susaeta.

Pero esta temporada el Athletic ha instituido la tradición de encajar un gol en la primera aproximación del rival, así que en cuanto el Granada se estiró y llegó al área de Iraizoz, consiguió el empate aprovechando un fallo colectivo de la improvisada defensa rojiblanca. Tardó tres minutos en igualar el partido y, una vez más, el portero del Athletic tuvo que ir al fondo de su portería para tocar el balón por primera vez.

No hubo grandes convulsiones en San Mamés, ni con el gol de Susaeta, ni con el empate de Carcela. El público parecía anestesiado, casi como el equipo, que siguió al mismo ritmo, moviendo el balón porque algo hay que hacer si estás en el campo, pero sin demostrar casi nunca que sabía por qué y para qué movía la pelota. Los intentos de Beñat por agitar a sus compañeros se encontraban con al indiferencia en el mejor de los casos. El de Igorre apenas conseguía conectar con Muniain, que se movía unos metros por delante, así que como para pensar en enlazar con gente que andaba más lejos, cerca de las bandas, por ejemplo.

De la nada absoluta surgió de repente el segundo gol del Athletic. Williams porfió por un balón llovido sobre el área del Granada y tras el salto con Ochoa, el portero no tuvo mejor ocurrencia que quedarse con la pelota en sus manos sin reparar en que venía de un compañero. Al árbitro, que también debía de estar dormido, le costó darse cuenta de la jugada y no señaló la infracción hasta después de varias protestas de los jugadores del Athletic y recibir recado del auxiliar. En el libre indirecto dentro del área, Susaeta engañó a todo el mundo cediendo en largo a Lekue en lugar de en corto a Beñat, como todos esperaban. El disparo de Lekue tocó en la pierna de Wakaso y entró pegado al poste.

Un cañonazo del propio Wakaso al poste izquierdo de Iraizoz sobresaltó al personal en la segunda parte. Si llega a ser el APOEL es gol, pero como era el Granada, la cosa no pasó de susto. Lo suficiente para que el Athletic se decidiera a enlazar su primera, y única jugada, digna de tal nombre: una combinación entre Muniain,Susaeta y Beñat que terminó este último con un pase que dejó a Williams solo a la espalda de la defensa. Su disparo, cara a cara con Ochoa, murió en las piernas del portero, una vez más, certificando la necesidad que tiene el delantero de aplicarse al ensayo de este tipo de jugadas en Lezama. El día que Williams culmine con éxito todas las ocasiones que se fabrica, estaremos ante un delantero de cuerpo entero.

El gol de San José, que rebañó el balón por alto en una salida blandísima del portero del Granada, terminó por certificar una de las victorias más plácidas del Athletic esta temporada y probablemente, la más gris. Se trataba de ganar por encima de todo, sin hacer demasiadas preguntas y mirando hacia otro lado si hiciera falta. Con la ausencia de cuatro titulares, una alineación improvisada y cogida con pinzas y con el cuerpo y el alma doloridas, el Athletic cumplió con su obligación; no es poco, dadas las circunstancias. Sigue quedando temporada y, como siempre en el fútbol, un objetivo que cumplir: conseguir un nuevo billete para Europa.

 

 

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