Pages Navigation Menu

Reflexiones sobre el Athletic, el fútbol y el deporte

El Athletic está en modo autodestrucción



En los tiempos de la televisión en blanco y negro había una serie que comenzaba sus capítulos con las instrucciones del jefe a uno de sus espías en una cinta de casette que “se autodestruirá en cinco segundos”. Efectivamente, una vez escuchado el mensaje, la cinta se destruía y el Superagente 86, Maxwell Smart, comenzaba su hilarante aventura semanal con su zapatófono y la ayuda de su compañera 99. Viendo a este Athletic de los últimos partidos, viene a la memoria aquella cinta que se autodestruía en cinco segundos. A este equipo le lleva algo más de tiempo la tarea. Veinte minutos en un partido, un cuarto de hora en otro, pero parece inevitable que tarde o temprano llegue la jugada desgraciada que arruine todo el trabajo. En Málaga ocurrió al final, cuando el partido ya estaba en sus últimos estertores; contra el Zorya la autodestrucción llegó un poco antes de la media hora y dejó al equipo hecho papilla. En Valencia el Athletic se empeñó en hacerse daño a conciencia: los tres goles del rival tuvieron como origen el fallo de algún rojiblanco. Para que la cosa fuera más dolorosa, dos de los tres goles llegaron cuando el Athletic estaba jugando mejor que el rival y era dueño del partido. No se puede jugar mirando hacia la portería contraria y con un ojo pegado al retrovisor; así no hay manera.

Lekue, que fue triste protagonista en Málaga, volvió al lateral derecho y, de nuevo, estuvo en la génesis del primer gol del Valencia. Un mal pase de Zaza le dejó un balón franco al borde del área que tenía toda la pinta de ser el inicio de un contrataque prometedor; Lekue lo debió de ver tan claro que se le fue largo el primer control, perdió la posesión casi en el círculo central, la pelota viajó hacia la desguarnecida banda derecha del Athletic y allí Gayá tuvo todas las facilidades para regalar el balón a un Zaza libre de marca en el corazón del área.

Era el minuto 27 y las pocas cosas que habían pasado hasta entonces habían ocurrido por cuenta de un Athletic que mandaba en el partido. A Ziganda se le podrán achacar responsabilidades en otras citas. En Mestalla, no. El técnico rehizo el dibujo del equipo con una defensa de cuatro con Lekue, Núñez, Laporte y Balenziaga; San José barriendo por delante y otra línea con Susaeta, Vesga, Iturraspe y Córdoba con Williams como solitario hombre en punta, recibiendo ayudas desde las bandas, sobre todo por la de Córdoba. Fue un equipo distinto, ordenado de otra forma, que circuló correctamente hasta que le sobrevinieron dos accidentes consecutivos que le dejaron siniestro total.

Porque si el primer gol fue un mazazo inmerecido, el segundo, siete minutos después, fue como para empezar a temer que este equipo tiene tendencias suicidas. Sacó en largo Neto desde su portería, peinó Zaza, y Rodrigo se encontró con una alocada salida de Kepa, que le derribó un metro dentro del área ante el asombro de Laporte, que mantenía su marca sobre el delantero con todas las garantías de llevar la jugada a la nada. El penalti pareció confirmar los negros augurios que precedían a la visita a Valencia.

El Athletic, que había empezado el partido como un equipo ordenado y con las ideas claras, con la mente limpia, sin atisbo de malos recuerdos por los desastres sufridos recientemente, se fue al vestuario hecho un lío, con una cara de pardillo más que preocupante y con la sensación de que el segundo tiempo sería una tortura que vaya a saber qué guarismos podía dejar en el marcador. La suerte ya parecía haberle abandonado definitivamente cuando Neto desvió al poste un cabezazo a bocajarro de Vesga al borde del descanso

Reaccionó Ziganda dejando en la caseta a San José para dar entrada a Aduriz recuperando un dibujo más tradicional, con Williams y Córdoba escoltando en las bandas al delantero centro, Susaeta a su espalda y Vesga con Iturraspe en la sala de máquinas. El Athletic dio un paso al frente y el Valencia se recostó en la comodidad de su ventaja, convencidos los de Marcelino de que el partido estaba liquidado en el descanso. Craso error. Córdoba, que ya había hecho un primer tiempo más que meritorio, siguió creciendo en la banda izquierda y suyo fue el centro que propició el gol de Aduriz que devolvía al Athletic al partido, un golazo de killer, con un control fastuoso previo al remate a la media vuelta, todo en un solo movimiento.

Entró Raúl García por Williams y Ziganda cambió de dibujo por tercera vez. Ahora se quedó con una doble punta con Aduriz y el recién entrado, y una línea de cuatro formada por Córdoba, los dos pivotes y Susaeta de nuevo en la banda derecha. El Valencia acusó el gol, perdió pie y perdió los nervios, y el Athletic se fue decididamente a por el empate. Lo tuvo Núñez, pero su cabezazo franco, sin oposición, a dos metros de la portería, se fue arriba. Prácticamente en la siguiente jugada Kepa volvió a fallar lamentablemente a la hora de medir la salida. Se fue otra vez de excursión, y Rodrigo conectó un cabezazo que dejó al portero con el molde. Si en otros partidos el portero había sumado unos cientos de miles de euros a su caché, ayer se le vieron las costuras propias de un guardameta joven y debutante en la categoría, que tiene muchas cosas que aprender para ser algo más que una promesa en el oficio. Arrizabalaga no es peor portero por sus dos fallos de Mestalla, por mucho que le costaran el partido al equipo; otras veces sus paradas han mantenido con vida al conjunto. Sigue siendo un portero al que se le adivina un gran futuro, pero que tiene que vivir en el presente, con sus luces y sus sombras. Haría bien en reunirse consigo mismo y reflexionar al respecto.

El tercer gol pareció noquear al Athletic, que pasó un mal rato hasta que Raúl García volvió a acortar distancias rematando en el segundo palo sin despegar los pies del suelo, una falta botada por el activo Susaeta. El propio Raúl tuvo en sus botas la ocasión de empatar, cuando un pase filtrado por Córdoba le dejó mano a mano con Neto, pero el portero desvió el remate a bocajarro con la punta de su bota derecha.

El Athletic sumó su segunda derrota en cuatro días, pero las sensaciones que dejó en Mestalla no tienen nada que ver con el cuerpo que le quedó al personal el jueves en San Mamés. Ante el Valencia el Athletic volvió a ser un equipo serio, ordenado, con ideas y autoestima, aunque con algunas lagunas, con jugadores como Córdoba, que se están ganando la titularidad, como Susaeta, que volvió a trabajar como una hormiguita, o como los veteranos Aduriz y Raúl, que volvieron a ver puerta. Y el entrenador puso sobre el tapete una variedad de recursos que dice mucho de su capacidad de gestión.

El Athletic, eso sí, sigue siendo un equipo enfadado con la fortuna pero eso no está en la mano de nadie. Lo importante es que el grupo parece haber recuperado la autoestima y vuelve a ser un equipo reconocible; lo urgente es que ya empieza a necesitar puntos y resultados porque la competición no espera.

Share This: