Pages Navigation Menu

Reflexiones sobre el Athletic, el fútbol y el deporte

Athletic, hasta aquí llegaron las aguas



El Olympique fue infranqueable para el Athletic. Foto AC

Desoyendo los consejos de Aduriz, fui uno de los que acudieron a San Mamés a pesar de no creer en la remontada. Ya soy muy mayor para creer en algunas cosas y tengo mucha mili hecha con el Athletic como para soñar con milagros a estas alturas. A pesar de que no albergaba un ápice de esperanza, fui para ver en directo dónde terminaba la impostura de este equipo y dónde empezaba la verdad. Quería ver con mis propios ojos hasta dónde da de sí este grupo despersonalizado, huérfano de fútbol y demasiado tendente a la autocomplacencia. Fui desoyendo los consejos de Aduriz y con una frase de Williams retumbando en mi cabeza: la remontada es posible porque podemos marcar dos goles. ¡Lo que hay que oir!

La afición del Athletic, que es una santa, así tomada en su conjunto, acudió al campo haciendo como que se creía el mensaje que le habían hecho llegar desde el club. San Mamés registró una muy buena entrada y entre pitos y flautas, mosaicos y pancartas, el ambiente previo se pareció mucho al de las grandes ocasiones, aunque ya digo que entre toda la parafernalia subyacía un no sé qué que sonaba a postureo, que se dice ahora.

Pero, bueno, quedamos en que los prolegómenos fueron los de las grandes citas, incluidas las bengalas que encendieron los demediados intelectuales que vinieron desde Marsella. El teatrillo se vino abajo con el saque inicial. Sacó el Athletic y el balón se fue directamente fuera de banda a dos metros de la divisoria. Impresionante.

Cuando te retan a creer en un imposible y ponen en duda tu fe rojiblanca, lo mínimo que esperas a cambio es que los retadores se comporten con la misma gallardía en el campo; lo mínimo que pides es que el equipo se lance al abordaje desde el primer minuto, con el cuchillo entre los dientes, que escribían los antiguos cronistas. Pero no, estos sacan de centro directamente fuera, pierden el balón y no lo recuperan en toda la noche.

Entre lesiones, ausencias reglamentarias y elecciones del entrenador, al Athletic le faltaba ayer buena parte de su columna vertebral. No estaban Kepa, ni Iñigo Martínez, ni San José, ni Raúl García, de entre los habituales; muchas ausencias que dejaban un banquillo del que poco o nada podía salir para solucionar los posibles problemas que podían plantearse a lo largo del partido. Para colmo, Rico, improvisado titular como media punta, cayó lesionado a los veinte minutos, y Yeray, siguió la misma suerte al filo del descanso.

Para la media parte Ziganda ya había agotado dos cambios, pero, lo que es más grave, el equipo ya había agotado la paciencia de los aficionados, tanto del sector crédulo como el del cenizo. Y es que el Olympique se había paseado a lo largo de los primeros cuarenta y cinco minutos con una suficiencia insultante. A los seis minutos Ocampos ya obligó a lucirse a Herrerín con remate raso tras una jugada rápida por la derecha, que fue un aviso de lo que estaba por llegar.

Payet, a quien ningún rojiblanco vio en el partido de Marsella, volvió a ser el alma de su equipo demostrando en cada acción una calidad muy por encima de cualquiera de sus oponentes. El francés exhibió  fortaleza en las disputas, velocidad en los movimientos y en la ejecución, imaginación, visión, fútbol en definitiva, o sea, todo lo que no tiene a día de hoy ninguno de los futbolistas del Athletic. Retrató a toda la defensa en la jugada que acabó en el penalti que cercenó la ínfima esperanza que podía albergar a esas alturas el más incondicional de los forofos rojiblancos. Se fue de todos menos de Lekue que le hizo el clásico penalti que hacen los futbolistas que no son defensas y, por lo tanto, no saben defender. Lo de Lekue como lateral izquierdo ya pasa de castaño oscuro; es una broma macabra.

Bastante antes de que Payet transformara el penalti, en la grada de San Mamés se le daba más credibilidad al cuento de Caperucita Roja que al cuento de la remontada. El Olympique jugaba dos velocidades por encima del Athletic y dominaba el partido con absoluta autoridad. A la velocidad con la que ejecutan futbolistas como Beñat o Iturraspe hoy en día no empatas con nadie. Si pierdes todos los duelos en todos los sectores del campo y tu índice de acierto en el pase es equiparable al número de dianas de una escopeta de feria, a lo más que puedes aspirar es a no hacer demasiado el ridículo.

Hacía mucho que San Mamés no lo pasaba tan mal como lo pasó durante todo el segundo tiempo, viendo la impotencia de su equipo no ya para intentar lo imposible, sino para evitar el baño que le estaban dando. Ya en el partido de ida, bastantes jugadores del Olympique dieron la sensación de ser futbolistas que prefieren la diversión a la eficacia. Si llegan a tener el colmillo retorcido, a estas horas estaríamos lamentando una goleada histórica.

El mínimo marcador final no engañó a nadie. Las cañas se tornaron lanzas y las cartulinas que había repartido el club para confeccionar el mosaico que debía colorear la remontada, acabaron haciendo el papel de los clásicos pañuelos. El nuevo San Mamés vivió así la primera pañolada de su historia. Fue prácticamente unánime entre los que todavía quedaban en el campo, que tampoco eran muchos porque la grada se fue vaciando desde el primer gol hasta acabar prácticamente desierta para cuando el colegiado señaló el final.

La sentencia, por acción o por omisión, con la cartulina como herramienta o con el desdén del abandono prematuro, no admite discusión. La afición, que sigue siendo una santa, así en su conjunto, pero cuya paciencia también tiene un límite, trazó esa raya que en algunos sitios del Casco Viejo subraya la frase, ‘hasta aquí llegaron las aguas’.

La temporada ya ha acabado para el Athletic. La eliminación europea, previsible hasta para cualquier futbolista rojiblanco con un poco de sentido común, rubrica el fracaso global del curso. Quedan diez partidos de Liga que el equipo está obligado a salvar con la mayor dignidad posible, ahorrando más vergüenza a una afición que ya ha sufrido demasiados sonrojos este año. ¡Venga chavales, a dar pedales!

Share This:

Un comentario

  1. Neuretzat oinarrizko gaia plazaratzeko garaia da: Athleticen filosofia