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Reflexiones sobre el Athletic, el fútbol y el deporte

Un Athletic incapaz se despide de Europa por la puerta de atrás



Fue Marcelo Bielsa quien introdujo la palabra en el léxico del Athletic: impericia. Definía así el técnico argentino algunas exhibiciones de sus jugadores. Impericia para rematar, impericia para centrar, impericia para mover la pelota con sentido. Impericia es una palabra fronteriza con incapacidad. Incapacidad para crear juego, incapacidad para llevar la pelota a la red en las condiciones más favorables, incapacidad para competir, en definitiva.

El Athletic volvió a ser un equipo incapaz. Esta vez ocurrió en Nicosia, como hace cuatro días sucedió en Valencia y como se ha venido repitiendo en cada salida de este grupo desde que, hace ya una vuelta de Liga de aquello, ganó en Granada. Y da la impresión de que podría ocurrir en el campo del Onteniente, si es que al Athletic le fuera a tocar jugar allí este año.

La eliminación ante el APOEL ha sido una nueva frustración que se suma a una cadena de fiascos que empieza a ser demasiado larga. Quedan por delante tres meses muy bonitos para que este equipo, liberado ya de la milonga de las tres competiciones, se centre en la Liga y pelee con fe por volver a conseguir el billete europeo. Si lo consiguen otra vez, estos chicos tendrán ocasión de volver a contarnos las ganas que tienen de conseguir un título europeo, la ilusión que les hace darle una alegría a esa afición a la que tanto deben y tanto quieren, y todas esas cosas que tan bien suelen contar en las ruedas de prensa. Tendrán tiempo incluso para recapacitar sobre los motivos que provocaron que les eliminara un equipo de segunda fila como el APOEL, un grupo de futbolistas ratoneros que les han hecho cuatro goles, ¡cuatro!, con seis remates entre los palos.

El marcador de San Mamés pudo achacarse a la mala suerte. Es una explicación socorrida si no se profundiza. Cuando un equipo remata 23 veces y marca tres goles y su rival suma dos tantos con tres remates, es hasta lícito refugiarse en la cosa de la fortuna. Por una vez, hasta tiene un pase.

Pero lo de Nicosia no fue cuestión de mala suerte aunque alguno quiera caer en la tentación de volver a refugiarse en esa muleta. El primer tiempo volvió a servir para dejar clara, por si todavía quedaba alguna duda, la superioridad del Athletic. En esos cuarenta y cinco minutos el partido transcurrió en campo chipriota y Williams dispuso de dos ocasiones de gol que un delantero que se precie de serlo debe aprovechar para sentenciar, aunque esté en edad juvenil. Y lo mejor de todo es que ambas ocasiones se las fabricó él mismo con una facilidad que animaba a pensar en que la tercera no tardaría en llegar y que, entonces, no fallaría.

Ocurrió, sin embargo, que esa tercera no llegó nunca. El Athletic dominó por inercia y porque el APOEL bastante tenía con mantener la eliminatoria abierta a la espera de que volviera a sonar la flauta. Y la flauta sonó en el primer minuto de la segunda parte. Volvieron a juntarse el hambre y las ganas de comer, o sea, una disputa blanda de los rojiblancos en un balón esquinado, un centro inverosímil desde el banderín de corner y un remate de chiste favorecido por una defensa de broma. Esta vez no podemos decir que el APOEL marcó en la primera que tuvo. Había rematado en otra ocasión al comienzo del partido. Digamos que marcó la segunda vez que se acercó al área de Iraizoz.

Quedaba todo el segundo tiempo por delante y la memoria de una primera parte de clara superioridad. Ocho minutos después, una disputa de Balenziaga dentro del área acabó en penalti y en sentencia definitiva. Seguía quedando prácticamente medio partido, pero estaba claro que no habría más de diez minutos de juego efectivo. En eso del otro fútbol (copyright Caparrós) los de amarillo son catedráticos y los rojiblancos, unos membrillos. Ni siquiera cuando el APOEL se quedó con diez por la expulsión de Sotirou, un delantero de los que pega a los centrales, y autor del primer gol, supo el Athletic aprovechar su ventaja. Al contrario, a los chipriotas les bastó con acumular gente en su propia y obesrvar cómo los rojiblancos enlazaban quince pases horizontales para acabar regalando un centro a los centrales, eso en el mejor de los casos; en el peor, perdían el balón ellos solos con pases imposibles y decisiones incomprensibles.

No es una cuestión de táctica o de estrategia. Valverde puso de salida una alineación reconocible con las bajas conocidas. Sustituyó a Laporte con Etxeita y arriba optó por cubrir la baja de Aduriz colocando en punta a Williams secundado por Raúl García con ayudas de Muniain y Susaeta en la banda. Hubiera debido bastar para resolver, pero el equipo no solo fue incapaz de marcar y ganar, sino que tampoco supo cerrar su portería y conservar un empate que era suficiente.

No es cuestión de táctica sino una mera cuestión de capacidad o incapacidad individual. Que un equipo de la Liga lo acabe fiando casi todo a las galopadas cada vez más desesperadas de Balenziaga, no dice mucho del grupo. En los mejores minutos del equipo faltó filo, inspiración y convicción para ir a por el rival. Lo intentó Williams y le salió mal. Raúl García quiso imponer su autoridad pero lo que se ganó fue una tarjeta por protestar que fuera derribado cada vez que cogía un balón. Susaeta empezó con buena pinta pero acabó arrugado hasta que fue sustituido. Muniain entró poco en juego cuando el equipo estuvo mejor y evidenció tanta voluntad como falta de criterio cuando las cosas se complicaron. Beñat estuvo sencillamente penoso en la dirección del juego y San José estuvo a su altura. Los dos goles encajados son suficientes para definir a los defensas. Los cambios, hechos a la desesperada, tampoco contribuyeron a mejorar nada. De hecho, y aunque resulte muy duro recordarlo, el APOEL remató más (y mejor sin duda) que el Athletic en una segunda parte patética.

Se cumplieron las previsiones más sombrías, todas, una detrás de otra. Al Athletic le faltó capacidad para imponer su fútbol y personalidad para encarar un partido que se presumía complicado pero que a la hora de la verdad tampoco fue para tanto. El estadio del APOEL, por mucho que nos quieran contar, no fue precisamente el infierno de Dante, aunque el Athletic perdiera toda esperanza en cuanto las cosas se le empezaron a torcer.

 

 

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Un comentario

  1. Poco que añadir. Tremenda oportunidad perdida.
    La renovación del entrenador y volver a europa salvaría la temporada.
    Aupa Athletic!!!