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Reflexiones sobre el Athletic, el fútbol y el deporte

El Athletic y la realidad virtual



Urrutia descarta un adelantó electoral. Foto AC

La habitual rueda de prensa de Urrutia transitó por una doble vía: Ziganda y elecciones. Preguntar al presidente por la suerte del entrenador es lo más lógico en las circunstancias actuales del equipo. Con seis partidos de Liga ganados, solo ocho goles celebrados en San Mamés y un fútbol tan plano y desolador como el que ofrecen los rojiblancos, hasta habría sido comprensible que alguien hubiera inquirido por el célebre ultimátum que suelen conceder los presidentes a sus técnicos media hora antes de cesarles.

Las preguntas se formularon en un tono moderado y respetuoso y permitieron a Urrutia salir del paso con una respuesta tan políticamente correcta como fácilmente interpretable. Dijo el presidente que acostumbra a firmar contratos con la voluntad de cumplirlos, pero que él y su Junta están para buscar lo mejor para el Athletic y eso no excluye decisiones excepcionales. Blanco y en botella. A Urrutia no le temblará el pulso si tiene que incumplir el contrato del entrenador, que vence el 30 de junio de 2019.

Si tuviera que apostar, me animaría a poner dinero por la opción de que, de seguir por los mismos derroteros en lo deportivo y sin más catástrofes sobrevenidas, ese contrato ya tiene fecha de caducidad y está fijada en el minuto posterior a la finalización del último partido de Liga. Sería lo más razonable a estas alturas.

Ziganda y la situación deportiva del equipo son la cruda realidad del Athletic. Pero la rueda de prensa transitó por una segunda vía: la de las elecciones. Y aquí entramos en un universo paralelo diseñado y programado en algún think tank de esos, a una realidad virtual en la que algunos han decidido instalarse de forma inocente o intencionada.

Hablamos de la opinión pública y de la publicada, y no precisamente en foros y redes sociales, donde a diario se condena a la hoguera al primero que se mueva con mucho más entusiasmo que en los mejores días de la Inquisición.

Llegados a estas alturas, se puede decir que nadie sabe a ciencia cierta de dónde ha partido la idea del adelanto electoral. O sí. Basta con fijarse un poco. Y tampoco nadie sabe a ciencia cierta, o sí, los motivos que se aducen para pedir tal adelanto. Pero la verdad es que de unos meses a esta parte se habla en Bilbao de adelantar las elecciones con mucho más desparpajo que argumentos.

El hecho cierto es que según los Estatutos del Athletic actualmente en vigor y el calendario gregoriano que rige las vidas de los habitantes de esta parte del mundo desde hace seis siglos, el mandato de la actual Junta Directiva finaliza el 20 de marzo de 2019, exactamente cuatro años después de su reelección. Que a día de hoy desde algunos sectores se esté planteando adelantar las elecciones con tanta alegría, y que hasta aparezcan los primeros voluntarios a candidatos, es para mirarlo con detenimiento.

En la dilatada historia del club no hay antecedentes de adelantos de elecciones sin que mediara alguna circunstancia excepcional. El fallecimiento de Julio Eguskiza precipitó el advenimiento al cargo de quien, a la sazón, era su vicepresidente, Félix Oraá, pero en aquellos tiempos no había costumbre de elecciones, ni en la vieja sede de Bertendona ni en muchos kilómetros a la redonda.

A partir de que Beti Duñabeitia instaurara el procedimiento de otorgar un voto a cada socio y acotar los mandatos a cuatro años, se han producido dos excepciones: el fallecimiento de Javier Uria, que dio paso a la presidencia interina de Ignacio Ugarteche por un año, y la dimisión de Fernando Lamikiz, el segundo año de su mandato, que dio lugar a la interinidad de Ana Urkijo durante un curso. Duñabeitia, Aurtenetxe, Lertxundi, Arrate y García Macua agotaron sus mandatos, y en los casos de Aurtenetxe y Arrate los prolongaron durante dos ciclos. Urrutia completó el primero y está en el tercer año del segundo.

Es cierto que hubo dos alteraciones en el calendario electoral: Duñabeitia accedió a la presidencia ganando en las elecciones a Iñaki De la Sota en mayo de 1977. Fueron las últimas restringidas a los socios compromisarios. En cumplimiento de su promesa electoral ‘un socio, un voto’ Duñabeitia convocó nuevas elecciones seis meses después, pero no tuvo oposición y se volvió a proclamar presidente en noviembre del mismo año. Su mandato debía terminar por lo tanto en 1981 pero, con motivo de la celebración del Mundial de España en 1982, la Federación Española prorrogó un año el mandato de todos los presidentes para que las elecciones no interfirieran en las tareas de organización.

La segunda alteración se produjo en la presidencia de Arrate, quien inició su primer mandato en junio de 1994, pero convocó elecciones a los tres años, en 1997, para que la cita con las urnas no coincidiera con el Centenario del club en 1998.

Sin circunstancias excepcionales por medio, no se adivina una razón de suficiente enjundia como para especular con un adelanto electoral ahora, salvo la prisa que puedan tener determinados sectores por perder de vista al actual presidente.

Todos los presidentes nombrados más arriba tuvieron sus momentos buenos y sus momentos malos en lo deportivo y en algunos casos también en lo económico y hasta en lo social,  y nunca se habló en Bilbao de adelantar las elecciones porque el fútbol del equipo o la cara del presidente de turno, no le gustaban a la parroquia. Ahora ya llevamos unos meses con la cantinela del adelanto electoral. ¿Por qué será?

 

 

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