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Reflexiones sobre el Athletic, el fútbol y el deporte

Athletic, no pares, sigue, sigue



Aduriz marcó el primer gol en el minuto cuatro cabeceando un corner botado por Susaeta. Foto AC

Aduriz marcó el primer gol en el minuto cuatro cabeceando un corner botado por Susaeta. Foto AC

Al Athletic le queda un paso para certificar en la tabla que es el cuarto mejor equipo de la Liga. A la vista de demostraciones de autoridad como las de anoche pocas dudas caben al respecto, pero son los puntos los que dictan la sentencia definitiva. El Athletic ya suma 62, seis más que el Sevilla, el único que resiste su marcha triunfal. El Villarreal y la Real ya tienen que usar catalejos para divisar a los rojiblancos. A falta de cinco partidos la cosa está entre vascos y andaluces, como la película de moda.

Parafraseando a Simeone, al Athletic le quedan cinco finales por disputar y entre todas, la que le enfrentará al Sevilla en la siguiente cita en San Mamés se antoja definitiva si los puntos caen en el casillero rojiblanco. Pero antes, Valverde y los suyos tienen que visitar el Camp Nou, cuatro días después de que el Barcelona haya disputado la final de Copa. No puede haber un mejor momento para intentar el asalto al coliseo blaugrana, escenario de tantos desastres en los últimos tiempos. Este Athletic es capaz de todo; permitámonos el lujo de soñar durante una semana.

Los leones han recuperado sensaciones, como se dice ahora; están de dulce, que dirían los viejos cronistas taurinos. Y entre todos destaca Aduriz, autor de dos goles de nuevo y cuya figura aparecerá en las peores pesadillas de Weligton y Angeleri, incapaces de frenarle ni por arriba ni por abajo durante los noventa minutos. El puesto de delantero centro es especialmente delicado porque los que ejercen ese oficio viven de rachas que aparecen y desaparecen misteriosamente, sin que nadie haya acertado hasta ahora a explicar tal fenómeno. Los goleadores necesitan que coincidan una serie de intangibles para hacer bien su trabajo. Fortuna, puntería, olfato, instinto… virtudes imposibles de traducir al sistema métrico decimal pero imprescindibles para alcanzar el éxito. Ahora mismo todas ellas concurren en Aduriz, un delantero que ante el Málaga, además de marcar dos goles, lo hizo todo bien en todas la suertes del juego hasta convertirse en el futbolista total que tiró de un equipo al que tampoco le hace falta que le insistan para salir de estampida hacia la portería rival.

Se planteaba el partido contra el Málaga como uno de esos compromisos delicados, peligrosos si no se manejan con cuidado y convicción. Schuster volvía a su particular Corea en un momento ascendente del equipo que dirige. Tras resolver con victorias sus dos últimas salidas, los dedos acusadores que apuntaban a la cabeza del alemán parecían haber desaparecido. El Málaga llegaba a San Mamés a salvo de apuros y evidenciando una mejoría en el juego y en los resultados que le presentaban como un rival a tener en cuenta. No hubo tiempo de comprobarlo. A los cuatro minutos Aduriz cabeceó en el primer palo un corner botado por Susaeta y reventó cualquier guión que trajera escrito el equipo andaluz.

Abierta la lata en la primera jugada, el resto fue coser y cantar para el Athletic. El equipo no acusó la ausencia de Rico en el centro del campo porque Morán suplió con mucha ilusión las lógicas carencias que puede tener un futbolista que aún luce el estatus de promesa. El que se agigantó fue Iturraspe, mucho más entonado y continuo en su juego que en los últimos partidos. Y con él al servicio de balones, Muniain y Herrera se hartaron de buscar las cosquillas a todo el sistema defensivo del Málaga, que no daba abasto para frenar al mismo tiempo las acometidas de Aduriz y los eléctricos desplazamientos de balón en la línea de tres cuartos. Por el otro lado, Susaeta hacía de las suyas: botó el corner que valió el primer gol y dio el pase mortal del segundo.

Lo mejor del Málaga al llegar al descanso era el resultado, demasiado corto para los méritos que había hecho el Athletic. El propio Aduriz debió ampliar el marcador después de un primoroso control orientado con el pecho dentro del área, pero falló en la ejecución, la parte más sencilla de tan alambicada jugada.

No tuvo que esperar demasiado. Nada más sacar de centro tras el descanso Herrera se llevó un balón que robó Morán en el centro del campo para montar un contrataque de manual. Condujo con la cabeza alta, abrió a la derecha a Susaeta y éste, generoso, le envió a Aduriz un regalo con forma de balón con lacito y todo. Asunto resuelto con todo el segundo tiempo por delante, porque si los jugadores del Málaga no habían mostrado argumento alguno con el marcador incierto, no se adivinaba ningún voluntario dispuesto a liderar una heróica remontada. Ser héroe es bastante cansado y los de Schuster tampoco parecen estar para correr mucho.

El Athletic se pudo dar un festín de goles, pero unas veces Willy Caballero y otras la mala suerte consiguieron que solo Herrera acertara a sumar el tercero. Tampoco le importó demasiado a un público al que le bastó la demostración de superioridad de su equipo para montarse su fiesta en la grada. Este Athletic no ha nacido para especular ni a favor de un marcador cómodo. Continuó apretando las tuercas a un rival que no veía llegar el minuto 90 para irse en paz a la ducha. Arrollándole. No pares, sigue, sigue, era la consigna de los leones. Balenziaga entraba como un cuchillo por su banda, Iraola hacía lo propio por la suya; el balón circulaba siempre en rojiblanco, de lado a lado del campo, en corto y en diagonales precisas sobre la carrera del compañero. Una gozada para el disfrute de intérpretes y espectadores.

La máquina rojiblanca llega afinada y a punto al tramo final. Hace tiempo que se superaron algunas dudas que surgieron en una fase muy concreta, y corta, de esta segunda vuelta. Ni las lesiones ni las ausencias han hecho mella en el funcionamiento general. Al contrario, han servido para incorporar frescura al conjunto. Hasta Beñat tuvo tiempo de colocar un pase marca de la casa que acabó en penalti clamoroso a Muniain que ni el árbrito ni el linier vieron. Tampoco importaba demasiado. A esas alturas del partido los trabajos de demolición hacía tiempo que habían acabado. El Athletic se dedicó a disfrutar mientras el Málaga recogía los escombros.

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Un comentario

  1. Un auténtico partidazo, sí señor.

    Y lo mejor de todo es que nos queda la impresión de que este equipo todavía está empezando a consolidarse, que el margen de mejora es ilusionante a más no poder. Cada vez defiende mejor hasta tal punto que, como hincha, ya casi ni sufro cuando ataca el rival. ¿Es algo malo, doctor? Esta sensación supongo que debe ser buena pero la encuentro tan extraña por desconocida u olvidada… ¿No será solo un sueño?.

    Es broma, al contrario que nuestro ataque, que eso sí que es cosa seria. Imaginativo, tenaz, variado, rápido y con unos chispazos tan brillantes como los de cualquier equipo millonario de Europa. Muchas veces impreciso, eso es cierto, pero la velocidad tiene ese inconveniente y poco a poco se va consolidando una manera de atacar que va a dar mucho que hablar, en la Liga y en la Champions el próximo año.

    Un saludo.