Pages Navigation Menu

Reflexiones sobre el Athletic, el fútbol y el deporte

El Athletic reacciona obligado por la necesidad



 

El trabajo de Mikel Rico fue tan decisivo para el triunfo como el gol de Aduriz. Foto AC

El trabajo de Rico fue tan decisivo para el triunfo como el gol de Aduriz. Foto AC

La jornada la había cargado el diablo y el Athletic compareció en Orriols como un grupo cogido con alambres tras las bajas de última hora de Etxeita y San José, que dejaban a Ziganda con muy poco margen de maniobra. Angustia es la palabra que mejor define el estado de ánimo de la parroquia rojiblanca, que veía a su equipo a tan solo dos puntos del descenso. Los rojiblancos se presentaron en el campo del Levante con los pelos de punta y salieron con una cierta sensación de alivio, sobre todo en la zona de la garganta, donde un par de horas antes sentían una extraña opresión que dificultaba el paso del aire. En medio transcurrieron noventa minutos de montaña rusa en los que se sucedieron todos los estados de ánimo que puede experimentar el seguidor de un equipo, desde la euforia a la desesperación, pasando por la depresión y la melancolía. Al final el Athletic sumó tres puntos gracias al empeño al borde del heroísmo de algunos de sus elementos. Dijo Ziganda nada más terminar que después del gol del empate su equipo reaccionó no se sabe cómo. ¡Glups! A veces hay arranques de sinceridad que es mejor ahorrárselos.

Quedamos en que el Athletic se había adelantado muy pronto en el marcador, en el minuto 5 del partido, que el Levante empató en el minuto 72 y que, a continuación, aunque ni su entrenador sabe cómo, el equipo reaccionó, se fue arriba y marcó el segundo gol aunque fuera gracias a la torpeza de Postigo, que empujó a portería un centro de De Marcos que, la verdad sea dicha, no tenía mucha pinta de que iba a ser muy productivo.

Ese es el resumen. Entrando en detalle diremos que el Athletic arrancó el partido estupendamente, controlando el balón y jugando al espacio con De Marcos. A los tres minutos Aduriz le robó la cartera a Postigo al borde del área, abrió para Raúl García y su centro no halló rematador porque De Marcos, que venía lanzado, fue derribado en su carrera por Toño. Aduriz transformó el penalti y el Athletic pudo disfrutar de media hora en la que dominó el partido de cabo a rabo. Baste decir que el primer balón que tocó Kepa le llegó a los diez minutos en forma de rebote lejano que murió mansamente en sus brazos.

En otras circunstancias cualquiera hubiera podido apostar por un triunfo cómodo de un equipo que dominaba con autoridad a un rival que perseguía sombras. Pero hablamos de este Athletic, así que como no era cuestión de gritar ¡árbitro, la hora! en el minuto quince, quien más quien menos se dispuso a sufrir en silencio con un ojo en el reloj y otro en el campo, temeroso siempre de que en el momento menos pensado podía llegar la barrabasada de turno.

Tardó en ocurrrir, aunque el partido empezó a girar cuando en el minuto 36 López Muñiz retiró a uno de sus centrocampistas de contención para dar entrada a Boateng, un tipo peligroso para los tobillos de los rivales, pero también inquietante para las defensas contrarias. Solo necesitó cuatro minutos para disfrutar de una doble ocasión en el área pequeña del Athletic. Le salió mal un intento de remate a la media vuelta, pero consiguió cabecear el centro consiguiente. Afortunadamente, Kepa respondió con un manotazo de portero de balonmano, que permitió que el Athletic llegara al descanso con ventaja en el marcador.

López Muñiz, el técnico del Levante, no parece a simple vista uno de esos entrenadores histriónicos, del tipo de David Vidal o Paco Jémez. Al contrario, parece un hombre moderado y de discurso razonable. Sin embargo, tampoco se anda con chiquitas a la hora de manejar un partido. Por si su cambio al filo del descanso fuera poco, el Levante regresó del vestuario con un delantero más, Ivi,  y un lateral menos, Moore. Ziganda permaneció imperturbable, no se sabe si porque confiaba ciegamente en los que estaban en el campo o porque no veía cómo podía contrarrestar la doble maniobra desde el banquillo.

La verdad es que la acumulación de hombres de ataque no surtió más efecto que un mayor dominio territorial de los locales, gracias a su superioridad en la banda donde Jason y Morales disfrutaban de un constante dos contra uno sobre Balenziaga, pero, sobre todo, gracias al apagón que sufrió un Athletic que volvió a su habitual recital de pases fallados a cuatro metros, despejes alocados y demás sinsentidos de su repertorio.

Kepa seguía sin tener trabajo, pero el balón ya rondaba su área con insistencia y la posibilidad de accidente con siniestro total crecía de manera exponencial. El angustiado y sufridor seguidor rojiblanco ya quería gritar descaradamente ¡árbitro, la hora!, pero dos extraños bultos en la garganta le impedían emitir sonido alguno.

Como no podía ser de otra forma, el accidente acabó produciéndose. Fue en el minuto 72 aunque, afortunadamente, esta vez solo hubo daños a terceros, al corazón del aficionado rojiblanco en concreto, y no siniestro total. Laporte, que había iniciado la jugada con un despeje defectuoso, acabó marcando en propia puerta con la presión de un jugador del Levante. El gol no debió subir al marcador por fuera de juego de Enes Ünai, pero la jugada tampoco era sencilla para el auxiliar.

El Athletic tuvo entonces una reacción encomiable, que alimenta las dudas y las preguntas. Los rojiblancos dieron no uno sino dos pasos al frente, se lanzaron a por la portería rival y borraron de un plumazo todo el dominio que había tenido hasta entonces el Levante. Raúl García estrelló un remate a bocajarro en el cuerpo de Oier y el rebote acabó en las botas de Rico que remató a la base del palo. El propio Rico fue quien minutos después abrió un pase a De Marcos para que éste centrara. Postigo fusiló a su portero en su intento de despeje y el Athletic cobró una ventaja más que merecida para no soltarla hasta el final. Incluso Oier tuvo que hacer la parada de la noche para impedir que Williams ampliara la ventaja.

El Athletic sumó tres puntos en medio de la angustia gracias, fundamentalmente, al trabajo inconmensurable de dos tipos que valen su peso en oro como Rico y De Marcos, que se multiplicaron para hacer su trabajo y el de algún compañero que volvió a pasar por el partido como la luz por el cristal, sin romperlo ni mancharlo. También Susaeta aportó lo suyo, añadiendo ademas pinceladas de calidad que siempre se agradecen. Acabó exhausto. Los viejos rockeros Aduriz y Raúl García tampoco faltaron a su cita; estuvieron en el primer gol y Raúl volvió al liderar las operaciones cuando hubo que ‘matar’ el partido en los últimos minutos. Atrás Núñez hizo su trabajo y parte del de Laporte, mientras que a los laterales pasaron un mal rato sobre todo en la primera mitad de la segunda parte.

 

Share This: