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Reflexiones sobre el Athletic, el fútbol y el deporte

El Athletic se aferra a Europa



La determinación de Aduriz para buscar un rebote le dio la victoria al Athletic. Foto AC

Si en la Grecia clásica hubieran conocido el fútbol, Sísifo hubiera sido jugador del Athletic. El equipo de Ziganda también está condenado a empujar una pesada piedra ladera arriba solo para ver cómo cae rodando cuando está a punto de alcanzar la cima y volver a empezar. Para los rojiblancos la pesada piedra es el balón, un objeto liviano que con gran trabajo consiguen empujar hasta el área contraria solo para perderlo, ver cómo rueda ladera abajo hasta terminar en su propio campo y volver a empezar el pesado acarreo; y así una y otra vez, sin descanso ni desmayo, durante noventa minutos. Los futbolistas de Ziganda tienen unos ratios de eficacia y eficiencia que les sitúan fuera de parámetros mínimamente racionales. Sus denodados esfuerzos provocan una sensación entre la ternura y la lástima. Causa ternura comprobar con qué diligencia se aplican una y otra vez, sin importarles que la piedra se les caiga siempre; pero el espectador no tiene más remedio que sentir lástima ante tanto sudor desperdiciado de forma tan lamentable.

Se jugaba el Athletic su futuro europeo. Lo de San Mamés ante el desconocido y sorprendente equipo sueco era una final en toda regla y ya se sabe que en situaciones límite este equipo responde como un solo hombre. El Athletic afrontó el partido como en las grandes ocasiones, con la concentración y la intensidad que exigía el reto. Esta vez los choques los ganaban los leones, los balones divididos acababan siempre en sus pies y esa décima de segundo tan importante en el fútbol, computaba siempre a su favor. El Ostersunds apenas fue una sombra de aquel equipo brillante y de toque que asombró en su campo. Los suecos amagaron con algunos movimientos bonitos y sus delanteros intentaron el juego de toco y me voy que volvió loca a la defensa del Athletic en el anterior partido; pero en San Mamés tocaron poco y no se fueron nunca.

El Athletic apenas dejó respirar a su rival. El partido se disputó siempre en la parcela visitante, pero lamentablemente todo ese dominio solo sirvió para que volvieran a aflorar los grandes males que están arruinando a este equipo en la presente temporada. Una vez más el Athletic amagó, pero apenas dio. La primera intervención importante del portero del Ostersunds no llegó hasta el minuto 26, cuando repelió de una forma muy poco ortodoxa un zurdazo de Williams desde el borde del área. Siete minutos después, Keita hizo la parada de la noche sacando a una mano un cabezazo de Aduriz ajustado al larguero, tras un buen centro de Lekue, en la que fue la jugada mejor enlazada por el Athletic en todo el primer tiempo. No tuvo más trabajo el guardameta hasta el descanso, a pesar de que los de Ziganda botaron diez saques de esquina.

Jugó bien el Athletic, organizado desde atrás por Iturraspe y con Córdoba recordando a los más veteranos de la grada los viejos buenos tiempos cuando el extremo izquierdo recibía tratamiento de usía en San Mamés. De hecho los de Ziganda lo hacían casi todo bien hasta que pisaban el área rival. Allí se acababa la inspiración y aparecía la imprecisión; el centro corto o demasiado pasado, el control con la espinilla, el pase errado a tres metros y, como mal menor, el remate desviado. Nada nuevo. Sísifo en pantalón corto.

El segundo tiempo tuvo un estreno prometedor con una galopada de Córdoba pegado a la banda culminada con un gran centro que Raúl García, con toda la ventaja y sin oposición, cabeceó alto en el área pequeña. Fue una de esas ocasiones de las que uno no sabe qué conclusión extraer, si pensar que con jugadas así el gol tiene que llegar o temer que con fallos de ese calibre es imposible marcar ni al viejo arco de San Mamés.

Después de ese fogonazo inicial, la segunda parte transcurrió por los mismos derroteros. Dominio del Athletic, tan abrumador como baldío, e intentos de contrataque suecos, con buenas maneras y ningún éxito. De hecho, Herrerín no tuvo ningún trabajo a lo largo de todo el partido.

Ziganda volvió a demostrar que no duda cuando tiene que agitar las aguas desde el banquillo. A falta de media hora arriesgó quitando a San José para dar entrada a Susaeta. Solo valía la victoria y hacía falta introducir algún elemento nuevo que variara la dinámica del partido. La verdad es que las cosas no cambiaron demasiado. Un tirito de Córdoba a las manos del portero fue todo lo que consiguió el Athletic tras aquella brillante jugada inicial. El trabajoso acarreo del balón hasta el área acababa con la pelota rodando ladera abajo una y otra vez. Lo intentaba Lekue por la derecha para centrar al amigo invisible o forzar un nuevo corner en los casos de éxito. Córdoba ya era el león más destacado con su trabajo en la banda izquierda, pero sus envíos tampoco encontraban rematador, lo mismo que los de Balenziaga que le doblaba una y otra vez en el costado.

La jugada del gol fue un resumen del partido. Centró Lekue a nadie en concreto; Williams, que andaba en la trayectoria del balón alargó la pierna sin impactar en el cuero, que llegó a Raúl García quien, a bocajarro, estrelló un remate violento en el larguero. Todo San Mamés lamentó la desgracia, porque el gol ya se cantaba. Bueno, todo San Mamés no. Aduriz prefirió seguir la jugada y en lugar de lamentarse y rasgarse las vestiduras, se fue a por el rebote con la determinación de un gurka, se elevó a la espalda del defensa sueco que esperaba el cuero como quien observa la caída de la hoja, y cabeceó implacable a la red. En aquel balón estaba la vida del Athletic en Europa y Aduriz se lanzó a por él como un náufrago se lanza a por el salvavidas que le acaban de arrojar. Son esos los detalles que diferencian a un buen delantero de un delantero imprescindible. Los jóvenes atacantes del Athletic deberían ver esas imágenes todos los días antes de salir al entrenamiento en Lezama.

Quedaban veinte minutos y Ziganda rehizo el equipo que había desequilibrado antes, quitando a Williams para meter a Rico en el centro del campo. Se trataba de aguantar el resultado y fue más sencillo de lo que se podía temer porque para entonces los jugadores del Ostersunds estaban más que fundidos. Solo una falta en el lateral del área, que supuso la expulsión del joven Núñez en el minuto 90, provocó en el personal algún problema para tragar saliva.

El Athletic se aferra a Europa y sigue dependiendo de sí mismo para continuar, que era de lo que se trataba. La paliza que se dieron los rojiblancos fue importante, pero mereció la pena. El día que se les encienda la bombilla en el área contraria trabajarán menos y ganarán más. Mientras eso no ocurra, Sísifo seguirá siendo el jugador más destacado de San Mamés.

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