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Reflexiones sobre el Athletic, el fútbol y el deporte

El Athletic se aferra a San Mamés



 

Un Athletic con menos filo que una tortilla francesa volvió a amarrar los tres puntos en San Mamés. Esta vez necesitó un penalti para mover el marcador; visto lo visto era la única forma posible de que los rojiblancos consiguieran llevar el balón a la red. A lo largo de los noventa minutos volvieron a dar un recital de impericia, malas decisiones y errores a la hora de dar el pase decisivo o ensayar el remate.

Con la del domingo, el Athletic suma diez victorias en San Mamés y encadena diecinueve partidos sin perder en casa. Junto con el Real Madrid es el mejor equipo de la Liga cuando juega ante su público. Como viajero es uno de los peores, con esos tristes nueve puntos cosechados y el recuerdo de la última victoria de visitante perdido en la noche de los tiempos.

No es fácil analizar a este Athletic bipolar aunque se puede partir de la base cierta de que su juego está en una preocupante fase menguante. Al parecer lo de Sevilla fue una excepción. Ante el Málaga regresó el Athletic espeso en el centro del campo y torpe a más no poder arriba. Si el árbitro no llega a señalar el claro penalti de Camacho en el disparo de Williams, el Athletic y el Málaga podrían seguir jugando a estas horas y el marcador seguiría igual de inmóvil que al principio.

Valverde recuperó a Laporte y apostó por mantener de salida el costado derecho que acabó el partido en el Sánchez Pizjuán, esto es, con Lekue de lateral y Susaeta por delante. La idea, que funcionó en Sevilla, no fue tan eficaz en San Mamés a pesar de que Susaeta se movió con ganas y lo intentó de todas las maneras posibles. Lekue apenas le secundó subiendo con decisión y la falta de apoyo del lateral en la fase de ataque, se notó. Dio la impresión de que la consigna era la de nadar y guardar la ropa sin embarcarse en aventuras arriesgadas. Además de que con tanto cambio es prácticamente imposible tener automatismos que permitan desarrollar jugadas de memoria.

En el tramo final, el técnico le dio la vuelta al argumento: retiró a Williams para dar entrada en el lateral a Bóveda, adelantando a Lekue. Había que aguantar el marcador que cinco minutos había establecido Raúl García desde el punto de penalti. El mensaje era nítido y lo entendió todo el campo, que vivió unos cinco minutos finales saturados de toda la intensidad que faltó en los ochenta y cinco anteriores. Que el Málaga no parara el juego con un rojiblanco en el suelo y que posteriormente no devolviera el balón que el Athletic había sacado por la banda, encendieron los ánimos de una grada que se había pasado el partido dormitando, anestesiada por el espectáculo que le habían ofrecido los dos equipos.

Si por el costado derecho había poca aportación, desde el otro lado apenas llegaban noticias. Balenziaga lo intentaba una y otra vez, con más voluntad que acierto, y Muniain se dispersaba entre la nada en la banda y la intrascendencia cuando pisaba terrenos más centrados, siempre con un regate de sobra o perdido en su habituales viajes a ninguna parte. Raúl García trataba de poner seriedad al asunto, pero tampoco conseguía ordenar el caos. Williams, otra vez en el eje del ataque, demostró en la segunda parte, cuando cayó con más frecuencia a la banda derecha, que se divierte y disfruta más burlando rivales cerca de la línea de cal, que batiéndose el cobre en la media luna. Williams sufre en estático porque sus condiciones le llaman a hacer otras cosas. El suyo es un curioso caso de evolución: llegó al primer equipo después de despuntar como ariete goleador en el filial; se vio obligado a reciclarse de extremo porque no iba a discutir la jerarquía de Aduriz, y ahora se le ve más a gusto en la posición adquirida que en la original.

Tuvo muchos problemas el Athletic ante un Málaga que prácticamente se limitó a esperar durante todo el partido. Eso sí, los andaluces llegaron tres veces consecutivas al área de Iraizoz en los dos primeros minutos. A la tercera, culminada con un cabezazo penoso de Charles, el autor del primer gol de la historia del nuevo San Mamés, el público reaccionó con una pitada al equipo, una reacción lógica a lo que estaba presenciando que a su vez debió de hacer de despertador para un equipo que salió dormido.

Tampoco es que los leones abrieran los ojos y empezaran a lanzar zarpazos a diestro y siniestro, pero al menos la protesta sirvió para que tomaran conciencia de dónde estaban y de que el partido ya había empezado.

El Athletic se sigue aferrando a San Mamés, y los puntos que continua sumando le permiten mantenerse en el pelotón de los que aspiran a algo. Nadie que haya observado su juego en los últimos partidos podrá sostener con un mínimo convencimiento que este equipo pueda aspirar a otra cosa que no sea a tener un buen pasar en el tramo final del campeonato, pero los números son tercos y los resultados han tomado una dimensión que no puede obedecer solo a la casualidad o a la buena suerte. Son ya muchos los partidos que el Athletic se mantiene invicto en San Mamés como para no buscar una respuesta razonable que explique semejante trayectoria. Ante el Málaga fue un penalti; contra el Granada, los fallos del rival; contra el Deportivo, la milagrosa remontada de última hora… y así sucesivamente. Casi ningún resultado de los dos últimos meses se explica por el fútbol del Athletic, pero ahí está la incesante suma de puntos. Llámese constancia, tesón, espíritu de lucha, llámese como se quiera pero lo cierto es que a veces sin hilar tres pases seguidos, a veces con diez minutos de rabia, en ocasiones por la inspiración de algunos de sus jugadores, el Athletic suma y suma cuando juega en casa. Y ese es también un mérito que hay que anotar en el haber de un equipo que está demostrando que a falta de juego, tiene oficio, madurez y empeño suficientes para acabar sumando los tres puntos sin que nadie sepa cómo lo consigue.

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