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Reflexiones sobre el Athletic, el fútbol y el deporte

El Athletic se calienta en Moscú



El doblete de Aduriz encarriló el partido para el Athletic. Foto AC

¿Quién nos iba a decir que el Athletic fuera a despertar en un partido tan peliagudo como el que se anunciaba en Moscú? El juego de los rojiblancos estaba más bajo mínimos que la temperatura con la que les recibió la capital rusa. Más allá de postureos forzados, pocos seguidores de los leones daban medio euro por la suerte de un equipo que últimamente apenas emitía señales de vida.

El Spartak, a fin de cuentas, es un equipo que ha caído de la Champions League; es una de esas pequeñas multinacionales que se han ido organizando en la antigua URSS al calor del capitalismo, con futbolistas de diversas procedencias, donde llevan la batuta los inevitables brasileños, reforzando a veteranos y promesas locales. Y todo ello, bajo la dirección de un entrenador italiano. Un totum revolutum de difícil interpretación, porque nunca sabes por dónde te va a salir. Al Sevilla, por ejemplo, le hicieron cinco goles en la fase de grupos de la Champions.

El Athletic llevaba un tiempo con las ideas congeladas; su fútbol estaba siendo tan plano y pelado como la tundra siberiana. Nada hacía pensar que los leones serían capaces de recuperar el pulso en su regreso a la competición europea. Pero  si el fútbol levanta las pasiones de millones de seres humanos en todos los confines del globo terráqueo, es, entre otras razones, por su carácter imprevisible. De poco valen aquí las estadísticas, las tablas excel y los sofisticados programas informáticos para analizar el juego. Esto va de once tipos que tienen que meter un balón en una portería que defienden otros once como ellos. Aquí cuentan los intangibles, los estados de ánimo, el carácter y el oficio de los protagonistas, el golpe de fortuna en un momento determinado.

Y el Athletic, que empezó el partido con la misma cara de acelga de las últimas semanas, tuvo ese golpe de suerte que le dibujó una brillante sonrisa en el rostro. Golpe de suerte sí, porque ya corría el minuto 21 y era la primera vez que se acercaba a la portería rival, pero reforzado por el carácter y el talento de dos veteranos que dominan el oficio como nadie. Raúl García y Aduriz resucitaron su vieja sociedad. El segundo le enseñó el desmarque y le indicó dónde quería la pelota; el primero se la sirvió con precisión de cirujano, haciendo que el balón destripara en su trayectoria todo el entramado defensivo como si fuera un bisturí. Aduriz recogió el regalo, aguantó a su desesperado marcador, sorteó la salida del portero y depositó el balón en la red con un toque sutil. El killer ejerció su oficio con frialdad, sin un gesto de más: pim-pam y al saco.

Todo lo dicho y calculado antes del partido quedó en papel mojado. Ya no importaban ni los diez bajo cero, ni la mala racha del Athletic, ni la supuesta peligrosidad de un grande del fútbol ruso. Ni siquiera se cuestionaba la alineación de Ziganda ni su capacidad para dirigir este equipo. El Spartak, que había tenido veinte minutos de dominio, acusó el golpe y aunque una salida alocada de Herrerín despejando la cabeza de Yeray, o un disparo lejano de Glushakov a la base del poste, fueron suficientes para cambiar el rumbo que ya estaba tomando el partido.

Y es que el partido estaba poniendo a cada equipo en su lugar. El Spartak se desveló como un equipo que tiene su peligro con el balón, pero padece una defensa que si no es un coladero, se le parece mucho. Williams desperdició con un mal control un pase de Susaeta que era un regalo. Pero en la siguiente jugada otra vez Raúl García tiró de repertorio para conducir el balón en la frontal del área provocando una falta de esas que no requieren cámaras para verla. Disparó Susaeta, el balón dio en la barrera, y el rebote le cayó a Aduriz, quien fusiló por segunda vez  en apenas un cuarto de hora a Rebrov.

La jugada se presta a un debate clásico en el fútbol. ¿Por qué esos rebotes les caen siempre a los delanteros goleadores? ¿Son especialmente afortunados, o tienen un sexto sentido que les indica dónde tienen que esperar la pelota?. Nadie tiene la respuesta. Es fútbol.

Si el primer gol enfrió los ánimos al Spartak, el segundo le congeló. El Athletic empezó a creer firmemente que aquello no era un sueño y disfrutó de sus mejores minutos desde hace tanto tiempo que no se recuerda la vez anterior en que los rojiblancos disfrutaron tanto en un terreno de juego.

El Athletic fue creciendo apoyado en un Yeray extraordinario y la eficacia de Etxeita, el trabajo inconmensurable de Rico y Susaeta y el oficio de Raúl y Aduriz. La confianza en sus fuerzas, la fe en lo que estaba haciendo y la autoestima recuperada encontraron el premio en el último minuto antes del descanso. Era el día del sí, y hasta una falta ensayada salió perfecta. Williams, que se había equivocado en todas las decisiones que había tomado hasta entonces, acertó por fin para ganar la línea de fondo y centrar. El despeje apurado de Kutepov fue a los pies de Rico y éste disparó a puerta para colar el balón con la colaboración del propio Kutepov, que no acertó a despejar en la misma línea. ¿Por que en un partido todos los rebotes le caen al mismo equipo? Tampoco hay una respuesta definitiva, pero no es descabellado pensar que los rebotes le caen al que los busca con más ahínco y más fe. Y el Athletic a esas alturas del partido ya era un equipo convencido de que estaba haciendo las cosas muy bien y el Spartak era un mar de dudas.

A los de Ziganda les faltó algo de colmillo para machacar al rival en el primer cuarto de hora de la continuación. Dispusieron de varias llegadas francas que desperdiciaron una detrás de otra. Los rusos se aferraron al hilo de vida que les dejaron los leones y acabaron marcando su gol, con Glushakov de protagonista jugando al primer toque en la frontal para Luiz Adriano. Haría bien Ziganda en quedarse con la foto de Glushakov para el partido de vuelta. Sus chicos no le vieron toda la tarde.

Ahí volvieron los peores minutos del Athletic, como los del arranque del partido. El Athletic dio un paso atrás, perdió el balón y permitió que el rival viviera cerca de su área hasta el final, cobrando una sucesión de corners y faltas que, afortunadamente, no fueron a ninguna parte.

Ya en el tiempo de descuento Sabin Merino tuvo en sus botas el cuarto gol, pero su remate, solo ante el portero, se fue fuera. Y aquí nos hacemos una última pregunta ¿Por qué algunos delanteros aciertan casi siempre y otros casi nunca? El gol, como el sentido del humor, se tiene o no se tiene. No es cuestión de entrenamiento; hablamos de talento. Es fútbol.

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