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Reflexiones sobre el Athletic, el fútbol y el deporte

El Athletic se enredó en sus propios errores



Decía Valverde antes del partido que el Athletic está como esos jugadores de baloncesto que están en racha y meten todos los balones que tiran y por eso no dudan en jugársela desde cualquier posición. Bueno, pues ha tenido que decirlo para que cambie la racha. El míster perdió una excelente ocasión de estar callado. Al Athletic le cambió la suerte en Mendizorroza. De ser el equipo al que le salía todo pasó a ser el grupo negado al que todo lo que se le puede torcer, se le tuerce. Los rojiblancos tuvieron ocasiones de sobra para sentenciar el partido en una primera parte en la que fueron claramente superiores a su rival, pero las desperdiciaron una detrás de otra de manera lamentable. No es frecuente que Aduriz perdone con el balón controlado en el área pequeña; pues ante el Alavés, perdonó lo que no está en los escritos. Beñat estrelló un balón en la base del poste y Williams protagonizó llegadas de mérito a posiciones de mucha ventaja para dilapidarlas con un último pase penoso. Según las estadísticas, el Athletic remató catorce veces sobre la portería del Alavés antes del descanso, pero no consiguió mover el marcador. Así no hay manera.

El equipo local fue la otra cara de la moneda. Remató poco, casi nada, pero Theo Hernández cobró el que puede ser el gol de la jornada. Un zambobazo a la salida de un corner, completamente libre de marca en el borde del área, que bastó para sentenciar el partido porque, a partir de ese gol, al Athletic le cambió la cara y ya no se reconoció hasta el final del partido. Si hasta el gol había sido el claro dominador, a partir de la diana del Alavés, el partido cambió de signo, el Athletic perdió la cabeza y el Alavés jugó con absoluta comodidad, sin que los rojiblancos volvieran a inquietar lo más mínimo la portería contraría. Tenían media hora larga para remontar el gol de Hernández, pero la dilapidaron en un ejercicio de impotencia lamentable.

Se sabía que el partido se iba a jugar a cara de perro y el Athletic lo encaró con solvencia y confianza en sus posibilidades. Apenas tardó diez minutos en tomarle la medida al Alavés y hacerse con las riendas del partido. Los locales fueron cediendo terreno paulatinamente a medida que el Athletic dominaba el centro del campo y el juego, apoyado en la distribución de Beñat y los buenos movimientos de Williams, casi siempre dando continuidad a lo que iba tejiendo entre líneas un Muniain que se está convirtiendo en el líder del equipo en estos últimos partidos.

Lástima que Aduriz no tuviera su día en la finalización porque el discurso futbolístico del Athletic debería haber tenido su conclusión más lógica en el marcador. Pero la falta de acierto a la hora de la verdad echó por tierra el esfuerzo del equipo y dejó el partido al albur de un golpe de fortuna.

El Alavés, que apenas se había asomado al área de Arrizabalaga, se encontró en ventaja en el marcador nada más comenzar la segunda parte gracias a un golazo que surgió de la nada. Quedaba tiempo para enmendar el error, pero el gol reforzó al idea de juego del Alavés al tiempo que descentró a los jugadores del Athletic, hasta transformar el discurso coherente que habían mantenido hasta entonces en un balbuceo incomprensible, trufado de pases errados, carreras sin ton ni son y trifulcas que no conducían a nada bueno.

Los de Pellegrino se encerraron en su concha atentos siempre a lanzar el contraataque que sentenciara el partido. Y a punto estuvieron de conseguirlo porque a medida que corrían los minutos, el Athletic se veía impotente para superar en ataque estático la bien organizada defensa del Alavés y olvidaba guardarse las espaldas. Beñat fue perdiendo protagonismo, los espacios se cerraban para Williams, porque ni Aduriz ni Raúl eran capaces de abrir nuevas vías, y Muniain se perdía en arabescos demasiado lejos del área rival, buscando los balones y el terreno que no tenía donde de verdad hace daño.

Los cambios de Valverde tampoco arreglaron nada. Lekue salió en el lugar de Balenziaga, pero no aportó nada nuevo, la entrada de Mikel Rico por Beñat tampoco pareció la idea más brillante de la mañana y la retirada de Williams para dar entrada a Sabin Merino recordó demasiado a esos movimientos a la desesperada que suelen hacer los entrenadores para ver si suena la flauta en los últimos instantes.

El Athletic cayó derrotado después de cuatro triunfos consecutivos porque no estuvo atinado en el remate y porque perdió los papeles de manera lamentable cuando tenía tiempo para rectificar. La victoria hubiera certificado prácticamente el sexto puesto, contando con los tres puntos contra el Leganés. La derrota deja las cosas más o menos como estaban porque a estas alturas, los empates apenas tienen incidencia. Los tres equipos que discuten el orden de las plazas europeas, siguen donde estaban: dependiendo de sí mismos a la espera del error del rival. A estas alturas, las cábalas y los cálculos están muy bien como tema de conversación de aficionados y para llenar páginas de periódicos y minutos de radio, pero la verdad está en esos dos partidos que tiene que disputar cada uno contra rivales de perfiles y situaciones diferentes. Aunque solo faltan 180 minutos de competición, queda mucha tela que cortar.

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