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Reflexiones sobre el Athletic, el fútbol y el deporte

El Athletic tendrá que esperar



Solo puede haber una explicación para entender el espectáculo que dio del Athletic en el Calderón: a los chicos les echaron algo en el Cola Cao de la merienda. No se puede comprender de otra forma el comportamiento de los rojiblancos durante los últimos noventa minutos de la competición, esos en los que tanto se jugaban y a los que acudieron con elevado espíritu competitivo, según las declaraciones de alguno la víspera.

Comparecieron los de Valverde en el Calderón ataviados con sombreritos de colores y guirnaldas; los defensas, además, con una nariz de cartón. A ellos les habían dicho que allí se celebraba una despedida y se presentaron con el atuendo adecuado y el talante relajado que requería la ocasión, ese que te hace inmune al ridículo; colaborando en todo momento al éxito de la celebración. Les faltó abandonar el campo haciendo la conga.

Hacía mucho tiempo que en Primera División no se veían cantadas del calibre de las que cometieron los defensas del Athletic. Las dos primeras llegadas del Atlético acabaron en la red de Arrizabalaga gracias a los regalos de sus compañeros. Hablar de desajustes defensivos o de errores en los marcajes sería  tratar de razonar lo injustificable. Lo de la defensa rojiblanca en el Calderón no tuvo un pase se mire como se mire.

Quizá fueron los problemas musculares de Williams los que empujaron a Valverde a formar un equipo sin extremos y con inflación de centrocampistas, con la presencia de Iturraspe junto a Beñat y San José, con Raúl García y Muniain por delante y Aduriz como punta. La cosa tuvo como resultado que a De Marcos le quedaba toda la banda derecha para él solito; la consecuencia fue el segundo gol del Atlético, una jugada en la que el lateral del Athletic ni aparece en pantalla. Si el primer tanto fue una broma de Balenziaga y los centrales, el segundo ya fue un chiste de pésimo gusto de medio equipo.

Para los once minutos el Athletic ya perdía por dos goles. Hasta el primer tanto de Torres, los de Valverde habían aparentado que estaban dispuestos a traducir en hechos sus palabras a lo largo de la semana. De salida, tuvieron el balón y jugaron en campo rival aunque en terrenos intrascendentes, siempre lejos del área y con poquitas ideas. La fachada se les vino abajo en cuanto los de Simeone se estiraron por primera vez.

La fiesta de los colchoneros transcurrió según el mejor guión imaginable. Su jugador más emblemático, Torres, goleaba provocando el jolgorio general, mientras el rival no daba señales de vida ni se le apreciaba la mínima intención de tratar de convertirse en un aguafiestas. Los de Simeone se encontraron para los once minutos con el escenario soñado: dos goles de ventaja para retrasar el equipo veinte metros y observar tranquilamente como el rival se consumía en su propia impotencia.

El Athletic repitió punto por punto todos los errores que ha venido cometiendo a lo largo de toda la temporada lejos de San Mamés, sobre todo cuando se ha visto por detrás en el marcador. Incapaces de hilar tres pases seguidos, contumaces en la repetición de la misma jugada para acabar siempre con un centro defectuoso, por excesivamente largo, o por demasiado corto. De Marcos y Balenziaga volvieron a dar un recital en esta suerte, pero Muniain desplegó otra vez todo el catálogo que demuestra que apenas ha progresado en conceptos futbolísticos en todos estos años en el primer equipo. Sigue siendo un gran regateador, como en sus tiempos de juvenil, pero sigue sin saber qué hay que hacer ni cuándo hay que soltar el balón para dar ventaja al compañero. Raúl García volvió a achicarse ante su ex equipo y Beñat y San José estuvieron lentos e imprecisos. Iturraspe estuvo en el campo hasta el descanso; lo sabemos porque su nombre estaba en la alineación inicial y su número apareció en la tabilla del cuarto árbitro en el primer minuto de la segunda parte.

Valverde recurrió a los extremos cuando ya empezaba a ser demasiado tarde. Williams entró en el equipo tras el descanso y a los diez minutos lo hizo Susaeta, sustituyendo a Raúl García. El cambio de dibujo mejoró un tanto la disposición del Athletic en el campo y hasta llegó el gol de Williams, con más fortuna que acierto en el remate, todo hay que decirlo. El cambio de Rico por Beñat dos minutos después del tanto, habrá que entenderlo por el agotamiento físico del de Igorre, porque entre las cosas que aporta Rico al equipo no destacan precisamente ni la creación ni la imaginación para el juego de ataque.

El Calderón hacía la ola y disfrutaba de la fiesta mientras en el campo cobraba más fuerza la impresión de que el Athletic no marcaría un segundo gol aunque siguiera jugando hasta la inauguración del nuevo campo. Y, lo que era peor, crecía la sensación de que el Atlético sí que podría ampliar su ventaja a poco que decidiera estirarse en plan fin de fiesta.

Correa confirmó el pronóstico en los instantes finales. Un rato antes Griezmann habia impedido el hat trick de Torres empujando en fuera de juego un balón que se colaba después de otro fallo clamoroso de la defensa del Athletic, a la que solo le faltó poner los fuegos artificiales para que la fiesta fuera completa.

La atención en los minutos finales se centró en Vigo, desde donde llegaban noticias cada poco tiempo, pero el espectáculo que estaba perpetrando el Athletic era lo suficientemente lamentable como para estar pendientes de lo que ocurría en otros campos.

El Athletic acaba la temporada con mal cuerpo por su fiasco en el Calderón, pero tampoco debe deslucir del todo una campaña que ha tenido sus luces y sus sombras y que para los rojiblancos no terminará hasta que acabe la final de Copa. Lo malo, y lo bueno, será que la próxima campaña empiece antes de tiempo.

 

 

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