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Reflexiones sobre el Athletic, el fútbol y el deporte

El Athletic vuelve a tropezar en la misma piedra de siempre



Ziganda se vio obligado a rectificar en el descanso su error en el planteamiento inicial. Foto AC

Seguir los partidos del Athletic esta temporada es un ejercicio agotador. Agotador de paciencia, agotador de ilusión, agotador de ganas, agotador hasta decir basta. A medida que la primavera vaya tomando cuerpo la deserción de seguidores rojiblancos alcanzará límites nunca conocidos. Ver un partido del Athletic este año es un ejercicio de masoquismo, casi una perversión. Hay que ser muy vicioso del fútbol para sentarse ante la tele a ver a este equipo. No hablemos ya de ir a San Mamés. Eso empieza a ser lo más parecido a ir a esperar una aparición mariana a Garabandal, una cosa más propia de iluminados que de aficionados, por muy del Athletic que sean.

Hace apenas tres días los más optimistas, o los más crédulos, pensamos que Ziganda había visto por fin la luz y se había convencido de que está dirigiendo un equipo que históricamente ha preferido jugar de cara porque nunca ha sabido especular en los partidos. Craso error. No contábamos con que el nivel de empecinamiento del entrenador tiende al infinito. Al buen partido del Athletic ante el Valencia, celebrado con inusitado alborozo por la grada por encima del nuevo empate, le ha sucedido otro bodrio de dimensiones siderales.

Lo triste, o lo gracioso del asunto, que uno ya no sabe qué pensar, es que el propio Ziganda reconoció su error en el descanso haciendo los tres cambios de golpe, señalando a Iturraspe y Vesga y damnificando a Córdoba, que no tenía más culpa que la de ser uno de los pocos rojiblancos que pareció un futbolista a lo largo del patético primer tiempo del Sánchez Pizjuán.

Excusatio non petita accusatio manifesta. Fue el propio Ziganda el que se retrató con sus cambios y en este caso no se puede aplicar aquello de que rectificar es de sabios. Eso está muy bien cuando ocurre una vez, dos quizá. Cuando tienes que rectificar un día sí y otro también, es porque te estás equivocando un día mucho y otro, más. Y eso está muy alejado de lo que generalmente entendemos por sabiduría.

El Athletic volvió a dar pena por culpa de una alineación que solo podía conducir al desastre. La apuesta por el trío San José, Vesga, Iturraspe en el centro del campo condujo al equipo a la catástrofe, como todo el mundo preveía antes del inicio del partido y como Ziganda reconoció cuarenta y cinco minutos después. Ninguno de los tres supo ni dónde estaba ni qué tenía que hacer. Podríamos hacer un concurso para adivinar de qué jugó Vesga, por ejemplo, y qué sector del campo tenía que cubrir. San José al menos, sabía que lo suyo era incrustarse entre los centrales para molestar a los rivales y a los compañeros, como en la jugada que precedió al primer gol, nacida en un saque de banda casi en el centro del campo, que normalmente suele ser una acción intrascendente. Qué decir de Iturraspe, otra vez flotando en su propio mundo, ajeno a todo, pasando por el partido como la luz traspasa el cristal, sin romperlo ni mancharlo.

El centro del campo fracasó sin paliativos, ni atacó ni defendió, y arrastró en su hundimiento a defensas y delanteros. Hasta Iñigo Martínez, tan seguro desde de su llegada, pareció perder los papeles por momentos, igual que Yeray ,mucho más dubitativo de lo habitual. Arriba Williams volvió a abonar las dudas de quienes no hace mucho celebraban el pedazo contrato (Iñaki dixit) que acababa de firmar, Susaeta corría y corría en balde y Córdoba lo intentaba con un mínimo sentido de la orientación en medio del extravío general. Con decir que Lekue y Saborit pasaron prácticamente desapercibidos en los laterales, basta para describir al Athletic con el que se encontró un Sevilla que no acaba de convencer a su gente.

Para los cinco minutos Yeray y San José ya compartieron una indecisión al borde del área que llevó peligro a la portería de Kepa. Un minuto después, Córdoba se cruzaba como último defensor cuando Correa ya estaba engatillando el remate. Al cuarto de hora Kepa empezaba a lucirse repeliendo un remate al primer palo de Sarabia.

Sin acelerar a fondo el Sevilla dominaba con comodidad absoluta mientras que el cronómetro corría descontando el tiempo que le quedaba al Athletic para mantener el empate a cero, que era a lo único que podía aspirar. A un cabezazo de Muriel al larguero, completamente desmarcado al borde del área pequeña, le sucedió un contrataque de Susaeta, que cayó derribado por Escudero al borde del área sevillista. La jugada tiene su importancia porque con otra interpretación del árbitro la cosa podía haber tenido consecuencias nefastas para el Sevilla, puesto que Susaeta estaba enfilando la portería sin nadie delante. Undiano y su ayudante no vieron ni falta.

No hubo lugar a la discusión porque dos minutos después Iñigo Martínez y San José se liaron en un saque de banda propiciando el ataque del Sevilla contra una defensa desarbolada, para que Muriel cruzara lejos del alcance de Kepa. Cuatro minutos más tarde, y en pleno desconcierto del Athletic, el Sevilla tocó el balón con comodidad en la lado derecho de su ataque y N’Zonzi tuvo tiempo para mirar, pensar, calcular y servir un centro al corazón de área, donde Vázquez ganó con autoridad en el salto a Yeray, para cabecear el gol que sentenciaba el partido.

El partido ya estaba en el punto establecido por el guión previamente escrito. No ocurrió nada que no se supiera de antemano que iba a ocurrir; a nadie sorprendió que el Athletic se retirara al descanso derrotado. La noticia del partido sucedió en el vestuario, donde Ziganda decidió dar entrada de golpe a Aduriz, Raúl García y Beñat para sustituir a Vesga, Iturraspe y Córdoba. Apenas serviría para que el Athletic adecentara un poco su imagen en la segunda parte. La decisión no tuvo nada que ver ni con la genialidad, ni con la maniobra de un brillante estratega. Todo lo contrario: fue el reconocimiento de un error monumental, de la dimensión de tres cambios de golpe, prácticamente un tercio de la alineación si excluimos al portero. Como equivocación no está mal, nada mal, después de 27 jornadas de Liga.

 

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Un comentario

  1. Una marcianada más de Ziganda, que los jugadores no creen y ya ni se compite.
    Los jugadores parece que han puesto todos los huevos en la cesta europea. A nosotros sólo nos queda poner velitas y esperar a que algunos bajen a la tierra.