Pages Navigation Menu

Reflexiones sobre el Athletic, el fútbol y el deporte

Athletic y Real, una rivalidad que se remonta a la noche de los tiempos
(y 2)



Munian sortea una entrada de Iñigo Martínez en Anoeta

Muniain e Iñigo Martínez durante el derby del año pasado en Anoeta. Foto Mitxi

La Copa de 1911 significa el despegue definitivo del fútbol y el comienzo de la idea que con el paso del tiempo ha hecho al Athletic un club diferente a todos los demás. El éxito de público y el respaldo que recibió el club rojiblanco no solo por parte de los aficionados al fútbol sino de los habitantes de Bilbao que le tributaron un extraordinario recibimiento, con banda de música y pasacalles, fueron también el último y definitivo argumento que pudo esgrimir el club en su reclamación a las autoridades para que éstas le facilitaran la construcción de un campo. El Athletic ya empezaba a ser un fenómeno social pero tenía que jugar sus partidos en Lamiako, lo que obligaba a un incómodo desplazamiento en tren. Aprovechando la celebración del Campeonato, el Athletic presionó para lograr un campo en la capital. Pero sus gestiones resultaron infructuosas entonces. Se construyó un nuevo campo, sí, pero en Jolaseta.

Como ocurriera en vísperas de la Copa del año anterior, los equipos buscaron refuerzos para el nuevo campeonato. El Athletic se fue a Inglaterra, desde donde llegaron, además de Veitch, que ya había jugado la última edición, Sloop y Martyn. Estos tres jugadores llegaron con dos compañeros más, de menor calidad futbolística, a quienes buscaron acomodo en el Bilbao, el viejo equipo, coetáneo del Athletic, que se recuperaba aprovechando que el campeonato se jugaba en casa. Estos dos jugadores, de quienes no se sabía nada, fueron bautizados por la prensa como Aguirre y Baracaldo.

El asunto dio pie a que desde algunas instancias se acusara al Athletic de enmascarar jugadores ingleses con apellidos locales. Se le reclamaba también al club la ilegalidad de inscribir a sus tres jugadores ingleses puesto que no cumplían el requisito de residir seis meses en Bilbao. Hubo hasta quien puso en duda la nacionalidad del getxotarra Smith.

La Real Sociedad encabezó la rebelión y anunció su retirada intentando arrastrar con su movimiento al resto de los participantes. Su idea era trasladar la disputa del campeonato a Irun. Se quedó sola en el intento. Tras una larga reunión de los clubs participantes y la Federación, bajo la presidencia de un representante del rey, nadie pudo demostrar la ilegalidad de la que se acusaba al Athletic. No obstante, el club propuso no alinear a Sloop y Martyn pero a cambio mantener a Veitch, quien ya había jugado con el Athletic el anterior campeonato. Todos aceptaron esta fórmula de compromiso y la Copa de 1911 pudo seguir adelante con la baja de la Real Sociedad. Días después la Federación descalificó al Barcelona porque su portero cometía la misma irregularidad de la que habían acusado a los ingleses de Athletic.

Aquel conflicto removió la voluntad de los componentes del Athletic, quienes decidieron que en adelante el club solo alinearía a jugadores propios.

El Athletic ganó aquel campeonato derrotando en el último partido al Español de Barcelona pero el club puso la Copa a disposición de la Federación para que ésta la volviese a poner en juego pero sin extranjeros en ninguno de los equipos. El quijotesco gesto no fue admitido y el Athletic fue proclamado oficialmente campeón, aunque unos días después la Asamblea de la Federación anuló el campeonato, lo que acabó dando lugar a un cisma en el seno del propio organismo.

La profunda herida que la Copa había abierto en la Real y el Athletic preocupaba en las dos ciudades. Las relaciones se rompieron en pleno fragor de la batalla futbolística, en medio de graves acusaciones que en los albores del siglo XX  se solían resolver todavía de madrugada a sable o a pistola con presencia de padrinos. La Real había acusado al Athletic de tramposo nada menos  y en Bilbao achacaban la retirada de la Real a su cobardía interpretando que el equipo donostiarra quiso eludir así el emparejamiento con el Barcelona. Insultos de muy grueso calibre para aquellos personajes tan celosos de su honorabilidad y buen nombre.

A las fuerzas vivas de ambas ciudades les llevó un año el poner los medios para que sus representantes futbolísticos recuperaran la cordura perdida en abril de 1911.  La primera propuesta fue que ambos equipos reanudaran sus relaciones disputando un partido amistoso en Gasteiz, terreno neutral. La Real no aceptó la idea.

Tuvo más éxito la segunda propuesta: que ambos clubes iniciaran su acercamiento disputando dos partidos amistosos, de ida y vuelta, pero con sus segundos equipos. Estaba claro que aquellos señores bigotudos de piel tan fina cuando se estaba en juego su honor, no podían dar su brazo a torcer por las buenas y a las primeras de cambio. Así que el 2 de junio de 1912 un equipo representativo del Athletic, llamado Bilbao visitó en Donostia a un equipo representativo de la Real llamado Vasconia. Ganó el Bilbao 0-3, pero lo más importante fue la respuesta del público donostiarra “imparcial y deferente con bilbaínos a quienes aplaudió frenéticamente” según comunicó por telegrama aquella misma tarde el tesorero del Athletic Roberto Arteche.

En justa correspondencia en  la prensa de Bilbao se preparó el recibimiento a los guipuzcoanos. “Muy pronto nos visitarán los donostiarras y entonces no hay que pagarles con la misma moneda, pues no se va aquí a pago alguno, sino demostrarles que en Bilbao no hay rencores, que la hospitalidad nunca se separó de nosotros, que sabemos entusiasmarnos con los que son nobles y buenos equipiers aunque no sean del Athletic”.

“Y desde que ese segundo equipo de San Sebastián llegue a Achuri hasta que vuelva a su ciudad, no para siempre, sino para volver, tratémosle como si fuera nuestro y llenémosle de agasajos, no encubriendo con ellos mentiras sino agasajos verdad, entusiasmo verdad, imparcialidad verdad, como la que ayer se empleó en San Sebastián”.

“Los donostiarras no se acuerdan ya de lo que pasó. Pues en Bilbao, lo aseguro, todo se ha olvidado”.

El 28 de junio llegaron a Bilbao dos equipos donostiarras. Al día siguiente el Vasconia y el Bilbao empataron sin goles en Jolaseta. El día 30 se enfrentaron por fin el Athletic y la Real. Minondo adelantó a su equipo pero Pichichi estableció el empate. La paz estaba sellada. El círculo se cerró definitivamente cuando siete días más tarde el Athletic devolvió la visita al campo de Ondarreta donde ganó la Real por 2-1. Habrá habido operaciones de alta diplomacia menos complejas que ésta, pero después de cuatro partidos los dos clubes recuperaron la amistad. Y así hasta nuestros días, alternando enfados y abrazos, cruzando puyas y elogios. Durante más de un siglo.

Share This:

2 Comentarios

  1. Que entretenidos resultan estos pasajes históricos Juancar, se agradecen.

  2. Juancar: una gozada poder volver 100 años atrás y leer de tu mano lo que se cocía entonces.

    Mi anécdota, que también se refiere a la rivalidad entre el Athletic y la Real, es algo posterior, no sé ubicarla muy bien en el tiempo, pero viene de los tiempos en que la afición del Athletic se trasladaba en tren a Donostia para ver el partido entre la Real y el Athletic. Me comentaba mi aita que una vez les pusieron una pancarta de recibimiento en la estación de Donostia que decía: “Apagar las luces, que vienen los faroles de Artecalle”. Buen humor.