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Reflexiones sobre el Athletic, el fútbol y el deporte

Ausencias y presencias



El Athletic ha acusado mucho las ausencias por lesión de Oscar De Marcos

La derrota del Athletic en Girona ha puesto a Ziganda en el punto de mira de una afición decepcionada con el rendimiento de su equipo durante toda la temporada. A la hora de analizar el grado de responsabilidad del entrenador, y teniendo en cuenta que la idea original de Ziganda para la defensa si Yeray no hubiera recaído de su enfermedad en junio, podía ser una línea formada por De Marcos, Yeray, Laporte y Balenziaga, es evidente que lo que vimos el domingo en Girona no tiene nada que ver con los planes iniciales del técnico. La enfermedad, las lesiones y el mercado de invierno han acabado obligando a Ziganda a ir variando sobre la marcha con peor o mejor fortuna, más de lo primero que de lo segundo, lamentablemente.

Este ir variando sobre la marcha se traduce en la utilización de 26 jugadores en la Liga, tres más, Iñigo Muñoz, Oscar Gil y Kike Sola, si sumamos los que jugaron en la Copa en Formentera. Son demasiados cambios, incluso para un equipo que está compitiendo en Europa desde agosto. Se explican por las lesiones que han asolado la plantilla -las de Muniain, Beñat, Iturraspe, De Marcos o Balenziaga han sido las que más daño han hecho- pero tanto cambio es siempre sinónimo de problemas, como los que llevan sufriendo el Athletic y Ziganda durante toda la temporada.

Está claro que las ausencias están condicionado el trabajo del entrenador hasta el punto de dejarle prácticamente sin margen de maniobra o abocado a realizar experimentos que, como en Montilivi, le han estallado en la cara. La cosa se complica si, además, el problema que plantean las ausencias no se soluciona con algunas presencias, que a veces solo hemos acertado a ver en forma de ectoplasma.

Las cosas en el fútbol no suceden de la noche a la mañana, sino que obedecen a un desarrollo de acontecimientos que acaban desencadenando el éxito o el fracaso final. Son pequeños detalles, sucesos aislados que a veces pasan desapercibidos y solo toman cuerpo cuando se analiza el conjunto. Situaciones que en su día no se valoraron lo suficiente, decisiones tomadas quizá demasiado a la ligera, que en un primer momento parecían intrascendentes, acaban adquiriendo una magnitud inabarcable.

Hay cosas que de tan evidentes, saltan a la vista. Por ejemplo, la lesión de Muniain  en aquel aciago partido de Málaga, se percibió desde el momento mismo del diagnóstico como una desgracia de proporciones siderales para el equipo. En cambio las ausencias de De Marcos solo han sido analizadas en su justa dimensión a la vista de los acontecimientos, cuando ha habido constancia empírica de su trascendencia en el juego del equipo. No es casual que De Marcos estuviera en el equipo titular en las victorias ante el Levante, Betis y Alavés (el cincuenta por ciento de los triunfos de toda la Liga) en el último conato de reacción del Athletic, y que la recaída del equipo coincidiera con su nueva lesión.

La incidencia que han tenido otras circunstancias se ha descubierto con el paso del tiempo. Y varias de esas circunstancias atañen de lleno a la responsabilidad del entrenador. A la vista de los acontecimientos, su apuesta por Vesga se ha revelado fallida y ha provocado un déficit en la confianza en el juego del equipo desde los primeros compases de la temporada. Los partidos en los que Ziganda confió la creación del juego a la pareja Vesga-San José se recuerdan ahora como un episodio excéntrico.

Pero que esa pareja fuera la responsable del juego del equipo se debió a que Iturraspe ni estaba ni se le esperaba,  el técnico no contaba con Rico y el renqueante Beñat acabó en el quirófano de la doctora Ulrike Munschaweck, una vieja conocida de los rojiblancos. Es verdad que la pubalgia, por las características de la lesión, con molestias que van y vienen, es uno de los problemas más complicados a la hora de tomar decisiones médicas, pero tan cierto como que el hecho de que uno de los puntales del equipo acabe perdiéndose un montón de partidos, después de haber estado vagando como alma en pena en otro puñado de ellos, no es precisamente la gestión más brillante de la historia del equipo médico del Athletic. La casi nula incidencia de Beñat este año es una de esas circunstancias que acaban pasando factura en el balance final.

El centro del campo está siendo un problema todo el año. La línea solo ha funcionado casi por casualidad unos cuantos partidos,  cuando Ziganda no ha tenido más remedio que recurrir a la pareja Rico-Iturraspe, dos de sus descartes en el primer tramo de la temporada.

La presencia de Lekue en el lateral derecho ha sido más problema que solución. A medida que ha  jugado partidos, Lekue ha ido perdiendo el potencial ofensivo que apuntaba en el Bilbao Athletic como un extremo atrevido y de regate potente en carrera, y no ha ganado un ápice de oficio como defensa, hasta el punto de aparecer en la foto de muchos de los goles encajados por el Athletic este año. La insistencia de Ziganda es otro de los misterios sin resolver: no se sabe si Lekue juega porque el técnico tiene una fe ciega en que en algún momento  explotará como un gran futbolista, o juega porque no hay otro.

En el otro lado de la defensa, Saborit tampoco ha aprovechado la oportunidad. Aquí la cosa está más clara: cuando ha  habido otro, ha jugado otro, léase Andoni López. Aunque habrá que ver qué decisión toma Ziganda el próximo viernes.

Pero para misterio, el de Córdoba, figura emergente hasta noviembre y desaparecido incluso de las convocatorias en los últimos tiempos. Una trayectoria tan irregular delata más al entrenador que al futbolista. Tanto las irrupciones tan espectaculares como las desapariciones tan abruptas ponen de manifiesto una inestabilidad en el puente de mando que no conduce a nada bueno. Vesga y Córdoba encarnan una trayectoria similar desde la confianza plena al ostracismo; Iturraspe y Rico han recorrido el  mismo camino  en sentido contrario.

La falta de una idea de juego y el desbarajuste continuo en el centro del campo han dejado colgados de la brocha a los jugadores de ataque. Williams lleva mucho tiempo en un tono menor aunque en su defensa puede aducir que es el más incomprendido del equipo. Cuando algún compañero ha acertado a servirle balones de acuerdo con sus condiciones, Iñaki ha brillado. Sigue enfadado con el gol y eso, se mire como se mire, es un lastre demasiado pesado para un delantero.

Aduriz y Raúl García cumplen años, y solo Susaeta ha emergido cuando ha hecho falta asumiendo un liderazgo en el campo que sigue sin certificarse desde el banquillo, como se vio en Girona.

Si a los problemas que ha ha habido, y hay, en el campo, se le suma lo revuelto que ha estado el gallinero del entorno, tenemos la tormenta perfecta. El culebrón de Kepa, lesiones incluidas, le ha permitido a Herrerín reivindicarse como un portero válido y firmar un contrato de larga duración, improbable si la renovación del primero se hubiera cerrado en un plazo normal. La salida de Laporte y la consiguiente llegada de Iñigo Martínez, han puesto los últimos decibelios al alboroto.

A día de hoy, los pequeños sucesos, las decisiones aparentemente intrascendentes y las diversas circunstancias que inciden en la vida de un equipo han devenido en una situación delicada para el Athletic y muy comprometida para el entrenador. La visita de la Unión Deportiva Las Palmas adquiere tintes de plebiscito. Las últimas decisiones de Ziganda le presentan como un técnico al que se le están acabando los recursos.

El ambiente fúnebre que rodea al Athletic no se corresponde con su situación real, a diez puntos del descenso, a seis del sexto puesto y en vísperas de una eliminatoria de la Europa League. Pero la sensación de fragilidad y pérdida de personalidad que transmite el equipo pesa mucho más que su posición en la competición.

 

 

 

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