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Reflexiones sobre el Athletic, el fútbol y el deporte

Baloncesto en femenino



Plantilla del  GDKO Ibaizabal  que logró el ascenso a la máxima categoría

Plantilla del GDKO Ibaizabal que logró el ascenso a la máxima categoría

El baloncesto femenino de Bizkaia lleva esperando este momento desde hace 26 años. Después de no pocas dudas por si fructificarían las siempre inciertas gestiones de despacho, esta semana puede acabar el larguísimo periodo que ha pasado desde que el Kaixo, con el apellido de Aurora Polar, jugó en la máxima categoría hasta que el GDKO Ibaizabal haga bueno el ascenso conseguido en abril y consiga corresponder a una realidad quizás desconocida para muchos: más mujeres que hombres juegan al baloncesto en la provincia. El problema es que el camino hacia la élite siempre ha estado lleno de obstáculos para ellas, pero nunca es tarde para que se haga justicia y se corrija una situación cuando menos anómala, más en estos tiempos en que a tanta gente se le llena la boca con la igualdad de oportunidades.

Equipos señeros como aquel Sagrado Corazón del que ya se habló en este espacio, Vizcaya, Jesuitinas, Getxo, Frank Moda, Esclavas, Erandio y técnicos de prestigio cubrieron muchos años de atención al baloncesto femenino. Pero solo seis temporadas han estado los conjuntos vizcainos en la máxima categoría: entre 1971 y 1973, el Águilas; entre 1974 y 1976, el Medina; y en 1979-80 y 1986-87, el Kaixo. Son pocas porque el de chicas siempre ha sido el hermano pobre del baloncesto de Bizkaia, pese a la amplia base de practicantes. Y ahora que España ha vuelto a quedar campeona de Europa veinte años después, es procedente recordar a Ruth Epalza e Izaskun Oteo, las dos únicas jugadoras que han conseguido ser internacionales absolutas. Si nada se tuerce en estos días, el GDKO Ibaizabal recogerá el testigo de todas ellas y de que aquel Kaixo en el que empezaron la temporada Cecilia Moliner, Patricia Segura, Eukene Murillo, Nieves Zuñiga, Mariñe Soto, Ana Sáiz, Mónica Vallejo, Loli De Dios, María José Rodríguez y Ester Aretxabala bajo la dirección de Luis Ledesma. Más adelante, llegaría la peruana Sarah Slaghman para ocupar una de las dos plazas de extranjera, que acabaron siendo para Rosetta Guilford y Anne Strong.

El equipo bilbaino, con una media de edad que apenas superaba los 20 años, acabó como colista y perdió la categoría de nuevo, pero las actuaciones de Guilford, una jugadora espectacular y de una enorme capacidad anotadora de las que muchos aficionados de Bizkaia ni siquiera habrán oído hablar, no pasaron desapercibidas en aquella época de auge del baloncesto en una Liga que vio pasar por La Casilla a históricas como Rosa Castillo, Wonny Geuer, Carolina Mujica, Mónica Messa, Rocío Jiménez, Ana Junyer y muchas más. El Kaixo hizo lo que pudo entonces en inferioridad de condiciones y aguantó en esa precariedad de medios hasta 1999 cuando se vio obligado a cerrar la persiana, como había hecho el Cajabilbao unos años antes. La labor de cantera del club bilbaino, que participó en numerosos campeonatos de España, encontró cierta continuidad en Irlandesas, también de la mano de Luis Ledesma, que llegó a ser el equipo con más presencias continuadas en la Liga Femenina-2, primero en compañía del Tabirako, luego del Ibaizabal y hace dos años, de las galdakoztarras y el Gernika.

La renuncia de las de Leioa dejó en manos de Ibaizabal y Gernika la representación más alta del baloncesto femenino de Bizkaia, tan atomizado que en muchas localidades han salido buenísimas jugadoras que no consiguieron progresar en sus carreras por falta de estímulos. Muchas se vieron obligadas a emigrar y se perdieron generaciones importantes porque no había forma de aglutinarlas de una manera profesional. La llegada ahora de las de Galdakao a la Liga Femenina debería ayudar a crear esa escalera que pueda llevar a las chicas desde la formación a la élite. Esa es al menos la intención del proyecto que se ha presentado a la Diputación de Bizkaia y que tendrá a Ibaizabal y Gernika en la punta de la pirámide con la intención de consolidar una estructura que pueda ser duradera.

Probablemente, no es el mejor momento porque las cosas del dinero están como están, pero para el baloncesto femenino de Bizkaia era ahora o nunca. La sorpresa que dio Ibaizabal en la fase de ascenso de Cáceres puso en bandeja una oportunidad que no se podía dejar pasar. La crisis también ha pasado factura y, de hecho, varias de las campeonas de Europa de ayer juegan en el extranjero, como les ocurre también a las guerreras del balonmano. Pero a los directivos del Ibaizabal y al técnico Iñigo Sáinz de Trapaga solo les debe importar montar un equipo lo más competitivo posible con un presupuesto que, probablemente, estará en torno a los 200.000 euros, una menudencia si se compara con los 11 millones que presentó el Bilbao Basket la última temporada.

Las desigualdades son evidentes, incluso en una Liga Femenina en la que el Perfumerías Avenida y el Rivas Ecópolis están muy por encima de los demás. Esos dos equipos, que ya han visitado Bizkaia en veranos anteriores para apoyar precisamente lo que ahora se ha conseguido, concentran la mayor parte del talento y dejan poco margen a los demás, aunque los éxitos de las selecciones jóvenes garantizan que la competición seguirá teniendo un buen nivel porque por debajo de los dos grandes la igualdad es la tónica general.

La intención de la Federación Española es que participen en la próxima Liga Femenina 14 equipos de los cuales tres serán vascos: el Hondarribia-Irún, el UPV donostiarra y el GDKO Ibaizabal. La mayoría de los equipos están concentrados de Madrid para arriba por lo que los gastos se reducen considerablemente. Este asunto es el que más preocupa a la directiva de Ibaizabal, pero el respaldo de la Diputación debe servir para ampliar el número de apoyos y no poner en riesgo a todo el club, que viene haciendo un gran trabajo de cantera en los últimos años. Por debajo, el Gernika, el club con mejor estructura formativa ahora mismo en Bizkaia, tratará de tirar de aquellas jugadoras que crean en la referencia que tienen por arriba y quieran trabajar para demostrar que también son capaces y que merecen que se apueste por ella.

Vicky Agirretxu, Nagore Saratxaga o María Antonia Rueda perdieron la vida antes de que este sueño que también fue suyo se hiciera realidad y querrán ver que su esfuerzo, y el de muchas otras personas, mereció la pena. Ahora Bizkaia tiene lo que durante tantos años ha buscado: un equipo femenino en la máxima categoría del baloncesto. Ya no hay excusas para no tirar hacia adelante. Si alguien piensa que esto ha sido un alegato, está en lo cierto. 26 años de espera permiten saltarse las normas por una vez con el baloncesto… o baloncesta.

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