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Reflexiones sobre el Athletic, el fútbol y el deporte

Beti Duñabeitia, in memoriam



Beti Duñabeitia izó la ikurriña en San Mamés el 8 de agosto de 1977

Beti Duñabeitia izó la ikurriña en San Mamés el 8 de agosto de 1977

Beti Duñabeitia nos acaba de dejar después de un largo y voluntario silencio en el que se refugió con el argumento de que sus tiempos ya habían pasado y que no tenía nada que decir de los actuales. Nos ha hecho un mutis por el foro elegante, como lo fue a lo largo de toda su vida este comerciante bilbaino de toda la vida, con porte de gentleman y permanente sonrisa en su rostro afilado.

La memoria rojiblanca no ha hecho justicia en vida a Beti Duñabeitia, un presidente mucho más decisivo para el devenir del Athletic que lo que pueden suponer las nuevas generaciones que no le conocieron. Beti presidió el club en los años que van entre el famoso litigio de los oriundos que lideró José Antonio Eguidazu y las Ligas y la Copa de Pedro Aurtenetxe. Fue directivo con el primero, y tuvo como directivo al segundo, que luego le sucedería, pero no fue un simple paréntesis entre dos presidentes que ya tienen un sitio de honor en la historia del Athletic, sino un puente entre dos sociedades, dos formas de ver la vida, dos épocas; fue la puerta que cerró el pasado y abrió el futuro.

A Beti Duñabeitia le tocó presidir el Athletic en una época convulsa, entre 1977 y 1982. El club llevaba cuarenta años regido por unas manos y unos modos, ambos cuasi hereditarios. El establishment vinculado a Neguri dirigía el Athletic según una mecánica mediante la que los presidentes prácticamente designaban a su sucesor siguiendo un turno previamente establecido.

Hijo de Alberto Duñabeitia, un jugador del histórico Athletic de los años 20, fue directivo en la presidencia de José Antonio Eguidazu, pero dimitió en 1976, un año antes de la finalización del mandato. Circularon en su día versiones dispares aunque no excluyentes, para explicar aquella dimisión. La versión deportiva apuntaba a la disconformidad de Beti con el largo proceso de selección que desembocó en la llegada de Koldo Agirre al puesto de Rafa Iriondo en el banquillo del primer equipo. La versión política aseguraba que dimitió en protesta por la actitud de los dirigentes del club en la gira que el equipo realizó por México aquel verano de 1976, una gira que el Gobierno de Madrid prohibió en primera instancia. Autorizado finalmente, el viaje del Athletic tuvo un tremendo impacto propagandístico para los refugiados que allí se encontraban, con el beneplácito de los jugadores y cuerpo técnico y disgusto de los dirigentes del club, que llegaron a prohibir la asistencia a algunos actos.

Las elecciones de mayo de 1977 significaron la ruptura del Athletic con el pasado y la llegada de la democracia al club. Duñabeitia se presentó con la promesa de instaurar el principio de un socio un voto, a unos comicios en los que solo votaban los entonces llamados socios representantes, antecesores de los actuales compromisarios, aunque su designación nada tenía que ver con la actual. Beti, que encarnaba la candidatura rupturista, le ganó por tan solo 10 votos, 169-159, al candidato continuista, Iñaki De la Sota. El 8 de agosto de 1977, apenas tres meses después de ganar las elecciones, el recién elegido presidente izó con sus propias manos la ikurriña en San Mamés y en noviembre del mismo año, cumpliendo su promesa electoral, convocó nuevos comicios, ahora ya por sufragio universal. Fue reelegido tras no presentarse ningún candidato alternativo.

En 1978 Beti Duñabeitia dio un paso más en la modernización del club suprimiendo la norma que impedía a las mujeres ser socias de pleno derecho del Athletic. Hasta entonces solo podían ser abonadas, sin más derecho que garantizarse una localidad para toda la temporada, pero sin voz ni voto en el club.

Bajo su presidencia el Athletic afrontó la última y definitiva remodelación de San Mamés para que Bilbao pudiera ser sede del Mundial. Le tocó también lidiar con la primera huelga de futbolistas en la primavera de 1982, desconvocada en el ultimo minuto cuando el Athletic ya había desplazado a Barcelona al equipo profesional y al juvenil para disputar un partido en el que el Barça se estaba jugando la Liga con la Real Sociedad a falta de dos jornadas. La imagen de su figura enjuta, paseando sonriente por el hall del hotel y apelando a la calma, en medio de una maraña de micrófonos y cámaras, es una de esas que permanecen grabadas para siempre en la memoria. Javier Clemente ya se sentaba para entonces en el banquillo rojiblanco a sus 32 años recién cumplidos, después de la experiencia fallida de Senekowitsch y el interregno de Iñaki Saez.

Beti Duñabeitia fue proclamado presidente del Athletic en unas elecciones celebradas una semana después de que el Athletic perdiera la final de la UEFA contra la Juventus, y a él le tocó la tarea de reconstruir un equipo que todavía acabó tercero en la Liga siguiente pero que empezaría pronto a dar síntomas de agotamiento. El traspaso de José Ramón Alexanko al Barcelona por 100 millones de pesetas (600.000€), una cifra record en 1980, no estuvo exento de polémica y su baja se sumó a la de Iribar, retirado la misma temporada, ausencias de mucho peso como para que el equipo no las acusara.
Duñabeitia estaba sentando las bases del equipo que ganaría los títulos de comienzos de la década de los 80, pero entonces nadie podia saberlo, ni siquiera imaginarlo. Ni él mismo. Así que cumplida la tarea de modernizar San Mamés y completado su mandato, dejó la presidencia del Athletic justo cuando empezaba la temporada que acabaría con la séptima Liga en las vitrinas rojiblancas.

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