Pages Navigation Menu

Reflexiones sobre el Athletic, el fútbol y el deporte

Calamidades de equipo pequeño



Oscar De Marcos reapareció como media punta. Foto AC

No es exagerado afirmar que el Athletic se dejó dos puntos en Riazor. El equipo mejoró ostensiblemente en aspectos clave del juego, se adelantó por dos veces en el marcador, estrelló dos balones en la madera  y dominó el partido durante bastantes más minutos que el Depor. Y, sin embargo, empató y en el último segundo a Juanfran se le fue alto un remate franco; desde el segundo gol gallego hasta esa acción postrera, el Depor se había dedicado a conservar el empate como un tesoro. ¡Tiene narices!

El Athletic padeció las calamidades que sufren los equipos pequeños, los que saltan al campo con la idea de buscar el éxito por el camino más mezquino, renunciando de antemano a cualquier atisbo de grandeza o de simple confianza en sus posibilidades. En Riazor se vieron las caras dos equipos que saltaron al campo con la tabla de la clasificación clavada en la frente con una chincheta. En tiempos de necesidad los dedos se te vuelven huéspedes y recelas de cualquier cosa, hasta de tu propia capacidad para generar juego.

Por fin Ziganda acertó con la alienación de salida y los elegidos se lo agradecieron con una puesta en escena más que esperanzadora. La pareja Iturraspe-Rico nos hizo añorar el tiempo perdido con experimentos y oportunidades desperdiciadas una detrás de otra. Susaeta, arrancando desde la banda izquierda pero con total libertad de movimientos, empezó a dar un curso de cómo moverse entre lineas y De Marcos, la gran sorpresa, no solo por su reaparición como titular sino por su posición de media punta a la espalda de Aduriz, volvió poner de manifiesto que el talante lo es todo en este juego. El de Laguardia es un tipo optimista que desborda entusiasmo en cada acción y transmite esa dinámica a todo el grupo. Entró en el partido como si no hubiera estado tres meses lesionado y se fue, otra vez maltrecho, pero dejando sobre el césped un ejemplo de pundonor y espíritu que merecen la más cerrada ovación.

El Athletic comenzó mandando y solo tardó un cuarto de hora en plasmar su dominio en el marcador. Recuperó un balón Rico, De Marcos lo acarreó hacia el área desde el centro del campo, Aduriz puso el toque brillante con un taconazo y Susaeta culminó el trabajo con serenidad en el mano a mano con el portero.

Por delante en el marcador y ante un Depor que no había visto a Kepa ni de lejos, parecía que el Athletic podría llevarse los tres puntos sin mayores problemas. Pero aquí apareció ese equipo pequeño, desposeído de toda grandeza, que estamos padeciendo este curso. Los de Ziganda se echaron atrás, pensando más en protegerse que en machacar al rival y el rival olió el miedo. El Athletic cedió metros, pero sobre todo, cedió el control y perdió la iniciativa.  Si el Athletic fuera aquella mítica Juventus de Trapattoni, la idea tendría un pase. Un equipo con una defensa solvente hubiera podido mantener el 0-1 en Riazor aunque hubiera estado jugando hasta fin de año. Pero no es el caso de este Athletic, al que siempre le tiene que pasar algo, malo por supuesto, como les pasa a los equipos pequeños que van por la vida con la mirada baja.

Adrián, el único blanquiazul con pinta de poder crear algún problema a los rojiblancos, se encontró en el área pequeña con un remate desviado de un compañero. Alargó la pierna casi por instinto y fusiló de cerca a un Kepa que no había intervenido todavía.

El segundo tiempo comenzó con el mismo planteamiento. El Athletic volvió a hacerse con la pelota y con el juego mientras el Depor regresaba a su área buscando refugio a la espera de algún contraataque afortunado o un nuevo fallo del rival. Por buscar alguna novedad, el equipo gallego adelantó algo su presión para tratar de entorpecer la creación del Athletic, cosa que no consiguió casi nunca, por cierto, porque Iturraspe y Susaeta se bastaban para encontrar el camino de salida con el balón.

Raúl García, que había salido por el lesionado De Marcos, hizo un alarde de oficio jugando de espaldas al borde del área, para dejar en bandeja el gol a Williams. De nuevo por delante el Athletic, el partido volvía a la casilla de salida y dio la impresión de que los de Ziganda habían aprendido la lección o que para los de Cristóbal el segundo gol era ya un muro insuperable. Iturraspe estrelló un remate lejano en la madera, certificando que, tal y como estaban las cosas, el tercer gol del Athletic era más probable que el segundo del Depor. Pero al certificado le faltó la póliza.

El equipo gallego se fue arriba a la desesperada, con el rumano Andone ya en el campo y el público viendo penaltis hasta en el círculo central. Kepa seguía sin tener que mancharse los guantes, pero el balón ya rondaba su área con cierto peligro. El empate llegó otra vez a balón parado, en un corner que el central Schar remató a bocajarro y completamente solo en el área pequeña. Otra vez las calamidades que les ocurren a los equipos pequeños o, mejor dicho, empequeñecidos.

Y aunque por tercera vez, el partido retomó el guión original, esto es, el Athletic dominando y el Depor conservando el resultado, ya solo dio tiempo para que Williams enviara a la base del poste un remate en buena posición. En cualquier caso, el último remate del partido, en el último segundo, fue de Juanfran y en una posición no menos buena que la de Williams. Hubiera sido el colmo, que un equipo protestado por su propio público por su falta de ambición, se hubiera encontrado con la victoria en ese último remate. No fue porque la defensa del Athletic no pusiera de su parte, desde luego.

Dentro de lo amargo del empate, también hubo cosas positivas en el Athletic, algunos brotes verdes que habrá que regar con mimo, a ver si acaban de florecer. Mikel Rico le cambió la cara al centro del campo del Athletic, donde Iturraspe tuvo espacio y trabajo hecho para imponer su criterio. Susaeta fue el hilo que tejió el juego de ataque aunque durante muchos minutos no encontró socios a su altura. Se confirmó, en definitiva, que en esto del fútbol no hay como poner a los que mejor están para que las cosas funcionen. Si además el equipo consiguiera recuperar su autoestima y fuera capaz de seguir jugando y atacando incluso cuando va por delante en el marcador, las cosas podrían ir bastante mejor.

 

Share This: