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Reflexiones sobre el Athletic, el fútbol y el deporte

Cambio de modelo



Ernesto Valverde da órdenes durante el partido del estreno de San Mamés. Foto MITXI

Ernesto Valverde da órdenes durante el partido del estreno de San Mamés. Foto MITXI

León Foucault es el rey de la rotación. Un visionario. El francés Jean Bernard León Foucault (1819-1868) fue el primero en demostrar experimentalmente que la Tierra gira alrededor del Sol y, además, ofreció las primeras mediciones sobre la velocidad de la luz. Dejó para el recuerdo del vulgo ‘el péndulo de Foucault’. Y su principio de rotación. Murió sin saber de fútbol, ni falta que le hacía, y, por tanto, sin sospechar lo que iba a suponer el principio de rotación en la alta competición cuando hay un balón por medio. Si en física rotar es girar alrededor del propio eje, en fútbol rotar va con variar las alineaciones titulares de los equipos para repartir esfuerzos entre el mayor número posible de sus integrantes. Una de las acepciones del diccionario sobre rotar parece escrita para los entrenadores: “Rotamos las tareas para aumentar la eficacia en el trabajo”.

En Barcelona, aunque ahora con el Tata Martino al frente son muchos los que se llevan las manos a la cabeza, saben bien de qué se habla con ello puesto que desde la temporada 1973-74 y hasta la fecha solo un técnico ha repetido más de diez veces la misma alineación en Liga. Fue Rinus Michels, emblema del banquillo del gran Ajax de Cruyff. En su caso, en el de aquel Ajax que maravilló a Europa y que luego dejó como muchos de sus integrantes para ingresar en otros clubes del continente, rotar era sinónimo de que sus futbolistas estaban en todos los sitios: la máquina holandesa giraba y giraba y el que atacaba al instante defendía. Fútbol total, lo llamaron.

Varias décadas después, la rotación, entendida como ese reparto de esfuerzos, sigue mandando en el fútbol. Y siempre es una fuente de polémica. En los aspirantes a todo porque siempre hay alguno que deja el campo antes de tiempo (la prensa más vinculada al Real Madrid ya está buscando heridas entre Messi y Martino por el afán que tiene el técnico de sustituir al líder del Barça cuando el partido está más que encarrilado) y en los equipos que necesitan de los mejores para sacar un buen resultado porque esa actuación coral que propone su entrenador se traduce a ojos de los aficionados en un pequeño caos organizativo. Todavía más cuando, como le ocurrió al Athletic en Cornellá, pierdes el partido.

Valverde es de esos técnicos a los que les gusta mover a la plantilla. De hecho, en las cinco primeras jornadas de Liga solo ha habido cuatro jugadores que se han quedado sin completar al menos noventa minutos. Y en esa relación de alta participación se incluyen los dos porteros, que ya es decir. El Txingurri ha adoptado una fórmula que ya empleó recientemente en el Valencia, pero que hacerlo ahora en Bilbao tiene mucho de cambio de modelo: el Athletic de Bielsa se caracterizaba por el inmovilismo de sus alineaciones mientras que el de Valverde pregona todo lo contrario. Bielsa jugaba con “titulares habituales” y daba la sensación de que éstos no cambiaban de estatus hasta el siguiente eclipse de luna mientras que Valverde prefiere tener alerta a todo el grupo.

El cuerpo técnico que dirige Valverde considera que un rendimiento óptimo de la plantilla a lo largo de la temporada –algo que pese a la urgencia con la que se mueve este mundo no puede medirse en el corto intervalo de cinco partidos- necesita de la dosificación y reparto de esfuerzos como condiciones preventivas para evitar lesiones y mantener el ritmo competitivo. La teoría que manejan los responsables del banquillo tiene también su apunte psicológico puesto que la rotación, en teoría, debería equiparar los roles de la plantilla, librando de este equilibrio a los pesos pesados.

El riesgo es evidente puesto que el entrenador no hace otra cosa que exponerse cada jornada a la ferocidad de la crítica con la seguridad de que tiene poco que ganar. El Athletic llegó a Cornellà con solo un partido perdido y varios cambios en la alineación cada semana, pero el pueblo festejaba los resultados y hacía cuentas de a cuántos equipos podía dejar por detrás si ganaba al Espanyol. Perder fue un sopapo no esperado. Aumentado por la sensación de que el Athletic no jugó a nada, que ya es un problema de mayor envergadura que dejar en el banquillo a este o al otro.

Así que sin haberse dado ni la primera curva del campeonato, el sistema que propone Valverde para gestionar la plantilla ya es un clásico en las tertulias futbolísticas de Bilbao y sus alrededores. ¿Cuánto durará el debate? Cabría apuntar que se extenderá por largo tiempo y, muy probablemente, reaparecerá a nada que haya dos partidos consecutivos sin ganar. Será un debate de resultados, no de modelos.

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Un comentario

  1. Aunque no he escuchado íntegramente las ruedas de prensa de Valverde, no me pierdo leer el resumen para entender lo que está buscando el míster. Hasta la fecha no ha sido algo central lo del tema de las rotaciones por lo que he leído.

    La explicación que estamos frente a un sistema de rotaciones, no es descabellada, pero no es lo que transmite Valverde, que más bien parece estar buscando piezas que le ayuden a terminar de armar el rompecabezas.

    Esas probaturas a esta fecha, no tiene al «pueblo» festejando precisamente los resultados, más bien los Athleticzale, o masa social del Athletic, se alegran por los puntos, pero les gustaría ver claridad de ideas.