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Reflexiones sobre el Athletic, el fútbol y el deporte

Camino del abismo



Iñaki Williams estuvo más activo en la segunda parte aunque en el primer tiempo estrelló un balón en el poste.

Al Espanyol le bastó media ocasión para marcar el gol que a la postre le dio el partido. El primer tiempo languidecía después de unos cuarenta minutos tan apasionantes como la observación del crecimiento de una col. No había ocurrido nada en el desangelado estadio del Espanyol. Los dos equipos se habían dedicado a impedir jugar al rival a toda costa. No parecían los periquitos ese equipo enrachado que se anunciaba. El Athletic sí que se parecía a sí mismo, es decir, volvía a ser el equipo  plano e industrioso, todo sudor y apenas talento, capaz de amargar al rival, sí, pero a costa de amargar a sus seguidores y a sí mismo.

Fue entonces, cuando ya todos los protagonistas pensaban más en volver al vestuario que en jugar al fútbol, cuando Darder recogió un balón en la banda, casi en el centro del campo, avanzó por el solitario pasillo que tenía delante hasta llegar a la posición idónea  para centrar; el lateral de esa banda, De Marcos, estaba centrado en el área y el extremo que debía ayudarle en el costado, Williams, llegaba al trote a cuatro metros del rival. Darder centró al segundo palo, el balón superó a Iñigo Martínez y a su espalda, solito y olvidado por todos, Borja Iglesias, cabeceó cómodo a la red. Fue una jugada fácil, sencilla, como de entrenamiento. No hace falta mucho más para hacerle gol a este Athletic que ahora mismo es más perro flaco que león y en estas circunstancias ya se sabe dónde van las pulgas.

La jugada del gol es de las que retratan no a un equipo sino a su estado de ánimo. El del Athletic es de depresión profunda y el técnico sigue sin encontrar la receta para elevar la moral de la tropa. Da la impresión de que Berizzo ha entrado en el peligroso territorio en el que los entrenadores ya han abandonado la razón y sustituyen las decisiones por las apuestas y el a ver qué pasa.

Después de una sucesión de partidos infames, el técnico abandonó su ideario y apostó por el músculo ante el Valencia. La cosa no le salió ni mal ni bien. Fue un nuevo empate y si el equipo pareció más sólido y fue capaz de dejar su  puerta a cero, su juego de ataque fue un auténtico erial. Pero Berizzo debió de interpretar que la fórmula podría servir y decidió repetir en Cornellá, con un único cambio: De Marcos regresó al puesto que le había quitado Capa en la última cita.

Podríamos admitir que la repetición del experimento funcionó más o menos bien hasta la fatídica jugada del gol. Hablamos de una apuesta por el empate a cero, claro, porque la posibilidad de que semejante alineación consiga ganar el partido nos remite al cuento de la flauta que sonó por casualidad. Y eso que prácticamente en la jugada siguiente al gol, Williams entró en el área en una jugada llena de rabia, para estrellar el balón en el palo. La suerte tampoco suele acompañar a los perros flacos.

La apuesta por el empate a cero quedó truncada antes del descanso, así que se suponía que el Athletic regresaría renovado del vestuario. Nada de eso. Entre que el cambio forzado por la lesión de Yeray en el primer tiempo limitaba la maniobra del entrenador y de que éste tampoco parece el más dispuesto a romper la baraja a las primeras de cambio, la partida continuó por los mismos parámetros o peores, porque durante el primer cuarto de hora de la continuación el Espanyol dominó más y dispuso de ocasiones como un tres contra uno que desperdició Sergio García de manera incomprensible.

Analizando con mucho cariño y detalle al Athletic se podía apreciar, eso sí, una cierta mejoría de Williams, mucho más activo que en el primer tiempo, lo que, por otra parte tampoco era tan difícil teniendo en cuenta que en el primer tiempo Williams estuvo tan activo como el banderín de corner, más o menos.

Tuvo Aduriz el empate en un remate que en otros tiempos no se le hubiera escapado. De Marcos concluyó una galopada por la banda poniéndole un balón que era un regalo dentro del área, pero el goleador reaccionó con un remate lamentable a las manos del portero.

Berizzo retiró primero a Rico para dar entrada a Muniain con media hora de partido por delante y poco después Susaeta ocupó el puesto de Aduriz. El Athletic no tenía más remedio que asumir riesgos, pero no le sirvió de nada. Diego López siguió sin mancharse los guantes. El Athletic no cobró ni un solo remate entre los tres palos, digno de merecer tal nombre.

Así es imposible y, lo que es peor, no se adivina la forma de mejorar a corto plazo. Hay demasiados futbolistas fuera de forma y sin juego. Nadie les puede negar voluntad  y entrega, pero ese es el mínimo exigible a cualquier profesional. Los bandazos del entrenador tampoco ayudan. La renuncia al plan original es comprensible porque no funcionó y la sucesión de empates empezaba a ser insostenible. Pero el cambio radical tampoco ha  traído nada bueno porque semejante planteamiento requiere una eficacia en ataque de la que carece el Athletic. Si vas a llegar dos o tres veces a lo sumo, estás obligado a acertar al menos una y eso requiere rapidez de ejecución, precisión en el pase y acierto en la ejecución. Y el Athletic no tiene nada de eso como podemos comprobar cada semana.

Consumido un cuarto del calendario hay base suficiente para extraer conclusiones. Una victoria, siete empates y tres derrotas en once partidos dibujan un cartel que indica el camino hacia el abismo. Así están las cosas y mejor asumirlas cuanto antes.

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