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Reflexiones sobre el Athletic, el fútbol y el deporte

Carrera de calzoncillos, toro de fuego y traca final



Beñat volvió a jugar un partido completo después de 32 jornadas. Foto AC

Beñat volvió a jugar un partido completo después de 32 jornadas. Foto AC

Jugó el Athletic el último partido de Liga y como era de esperar, el desarrollo del evento tuvo el mismo contenido que la última página del programa de las fiestas patronales de cualquier pueblo, la que anuncia los actos que cierran los festejos. La temporada acabó para el Athletic cuando goleó al Rayo en su campo. Allí alcanzó definitivamente la meta y el culmen del curso. La visita de la Real a San Mamés y este último viaje a Almería han sido solo una coda, la última página de un bello libro, esa donde después de la palabra fin, aparecen los agradecimientos y el número de depósito legal de la editorial.

Resultaban hasta enternecedores los comentarios de los locutores de televisión vendiendo con la épica de una final de la copa del mundo lo que no pasaba de calzoncillada, de novillada sin picadores, que decían los clásicos del periodismo deportivo para describrir estos partidos. Sobre el papel el Almería se estaba jugando la permanencia, aunque jugadores y técnicos ya la habían festejado hace siete días en el campo del Granada. Les bastaba el empate a los locales y la igualada a cero era el pronóstico que menos se pagaba en las apuestas porque todo esto también tiene su lógica.

El fútbol nunca ha sido un deporte de exhibición. Programas un amistoso con los veintidós mejores futbolistas del mundo y la gente se va al cine. En el fútbol solo valen los puntos, las eliminatorias, y todo eso ya lo tenía amortizado el Athletic y, casi, el Almería. El desarrollo de la tarde, los resultados que se estaban produciendo en otros campos no hacían más que reforzar la posición del Almería y el valor de su empate.

Pero, sobre todo, los del Almería debieron de ver el cielo abierto cuando leyeron la alineación que presentaba Valverde. El técnico rojiblanco quiso dar una oportunidad a los menos habituales en el partido de despedida. Herrerín en la portería, Etxeita, Beñat, Morán y Guillermo partieron como titulares. No estaba Iraizoz, ni San José, ni Herrera, ni Iturraspe, ni Aduriz, claro. Casi medio equipo cambiado respecto del titular habitual. Demasiadas novedades para exigir nada a nadie.

Sería injusto juzgar a ninguno por lo que pudieron hacer o dejar de hacer en este partido. Bastante tuvieron todos con mantener el orden y tratar de desarrollar un fútbol mínimamente coherente. Incluso en esas condiciones, el Athletic fue superior a su rival durante la mayor parte del partido, entre otras razones porque el rival bastante tenía con nadar y guardar la ropa. Solo en el tramo final, cuando todo se había decidido en otros campos y Valverde había modificado aún más su equipo con los cambios, se soltó un poco la melena el Almería para buscar el gol que adornara su permanencia. No lo consiguió por un par de excelentes intervenciones de Herrerín que corrigieron las lagunas que se produjeron en la defensa cuando se marcharon Laporte y Rico. Estuvo Guillermo a punto de marcar prácticamente en el último minuto. Hubiera tenido su gracia y nada más. A esas alturas Osasuna y Valladolid ya llevaban un buen rato en Segunda.

Se alargó la tarde por el accidente en Iruñea. Hace algunos años el gobierno de Navarra le dio un dinero a Osasuna para sustituir el nombre de Sadar por el de Reyno de Navarra. Por lo visto el dinero solo alcanzó para cambiar el cartel de la fachada y no llegó para revisar los herrajes y la albañilería del campo. Ese accidente obligó a todo el mundo a tomarse un descanso de casi una hora con lo que el esperpento del fútbol español alcanzó niveles estratosféricos, pese a que pueda parecer imposible superar el nivel de ridículo habitual de los que manejan los hilos de este negocio.

Sería injusto, además de ocioso, tratar de juzgar el rendimiento en el último partido de un equipo que tiene cuerpo de vacaciones desde hace dos semanas y al que encima le obligan a montar un campeonato de parchis en la caseta para matar el rato en el descanso. Lo que importa es precisamente eso: que al Athletic le han sobrado dos semanas de competición para certificar un cuarto puesto que definitivamente ha sellado con 70 puntos, una barbaridad al alcance de muy pocos.

El Athletic llegó a Almería con la tarea más que cumplida y regresa con la conciencia tranquila. Compitió al nivel exigible a un equipo en sus circunstancias, fue a lo suyo sin ninguna intención de erigirse en árbitro de nada. Al final ocurrió lo que suele ocurrir casi siempre en estos casos, es decir, que los más necesitados sumaron los puntos que buscaban. Así sumaron Osasuna, Almería y Getafe. Y donde se enfrentaron dos necesitados, se aplicó la vieja máxima del que más chifle, capador, que en este caso resultó ser el Granada para desgracia del Valladolid.

Los futbolistas del Athletic ya están de vacaciones aunque todavía sigan entrenando unos días y jugando algunos amistosos. Ahora les toca el trabajo duro a los de los despachos. Se avecina una temporada ilusionante para un equipo que ha alcanzado una madurez y un nivel competitivo más que importantes. Se trata de que este equipo permanezca intacto y, a ser posible, reforzado.

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