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Reflexiones sobre el Athletic, el fútbol y el deporte

El corazón no fue suficiente



Nunca sabremos cómo hubiera derivado el partido si el Athletic no comete un fallo coral en el saque del corner que Casemiro remató a cámara lenta, completamente solo en el área pequeña. Tan solo tres minutos antes Aduriz había empatado y el Real Madrid empezaba a dar algunos síntomas de debilidad ante un Athletic que crecía por momentos. El partido parecía enfocarse hacia un final al asalto con todo de los leones, pero la euforia de un San Mamés repleto apenas duró un instante. El segundo gol del Madrid fue un gancho al hígado que dejó sin aire al Athletic. Lo siguieron intentando los de Valverde, pero más impulsados por un acto reflejo que por el fútbol que podían crear ante un rival que terminó de atrincherarse, sabedor de que tenia la suficiente fortaleza para mantener el marcador a buen recaudo hasta el último minuto.

El partido respondió a las expectativas que había despertado y al guión que conoce el aficionado. Los choques entre el Madrid y el Athletic son un clásico que recupera todo su sabor cuando se disputan en la Catedral. En el Bernabéu, la distancia que separa hoy en día a los dos equipos, suele traducirse casi siempre en derrotas rojiblancas inapelables. Pero el efecto campo suele equilibrar las fuerzas y raro es el partido en el que el Madrid no tenga que sufrir en San Mamés, al margen del marcador final.

El Athletic salió eléctrico, con un Lekue muy enchufado en la banda izquierda, que dinamitó la defensa blanca a base de velocidad. El primer cuarto de hora anunció un partido intenso y disputado, como así fue. Esos primeros minutos adelantaron también otra circunstancia que se repetiría durante todo el partido: la falta de precisión de los rojiblancos en el momento determinante de cada jugada. De nada sirve dominar las bandas si acabas centrando siempre al amigo invisible o atizándole un balonazo al rival que tienes más cerca. No es un mal de hoy ni de ayer; el Athletic necesita colocar infinidad de balones en el área para que, aunque solo sea por una mera repetición, alguno salga bien orientado para facilitar el remate del compañero. Los centros del Athletic son una moneda al aire que casi siempre cae cruz, aunque a base de insistencia, alguna vez cae cara. Hablamos de calidad, de temple, de toque; de lo que mostró Raúl García en la dejada de cabeza que puso el gol en bandeja a un Aduriz que no necesitó ni saltar. El centro de Williams llevaba camino de perderse, uno más, por el segundo palo, pero la experiencia y la templanza de Raúl. convirtieron una sandía en un balón de gol.

Si los laterales del Madrid sufrieron lo suyo con la velocidad de Lekue primero y de Williams después, los centrales y el portero disfrutaron de un partido plácido. Hubo muy poco veneno en los servicios de los rojiblancos y eso facilitó su tarea.

El Athletic peleó hasta que el corazón se le salió por la boca, pero no le alcanzó para doblegar a un rival sólido, consciente de lo que se jugaba y que se tomó muy en serio su trabajo desde el comienzo hasta el final, sin dejar ningún atisbo a la frivolidad. Que Casemiro fuera el jugador blanco más decisivo resume perfectamente cómo jugó el equipo de Zidane.

El Madrid fue un equipo industrial, ordenado y eficaz. El Athletic fue un grupo lleno de tesón que asumió riesgos y pagó por ello. La jugada que precedió el gol de Benzema fue la antítesis de lo que estaba pasando en el otro campo. Mientras que el ataque del Athletic era un barullo que no acababa en nada, los blancos se plantaron en tres toques ante Kepa. Tac,tac, tac, gol. Tan sencillo, tan difícil.

El Athletic dominó el territorio pero no el juego. El partido se jugó más en campo madridista pero Kepa tuvo que trabajar más que Keylor Navas, que se fue al descanso sin despeinarse. El arranque del segundo tiempo fue un calco del comienzo del partido, con un Athletic muy intenso buscando siempre las bandas. Como ocurre casi habitualmente, Williams fue creciendo hasta convertirse en el protagonista de la mayor parte de la segunda parte.

Los dos entrenadores aportaron lo suyo al partido con los cambios. Valverde retiró a Lekue para dar entrada a Muniain, quizá buscando más fortaleza por dentro a costa de perder velocidad, tal vez porque el titular empezara a a acusar el esfuerzo. El refresco apenas aportó nada, ni por dentro, ni por fuera.

Zidane le echó una mano a su colega retirando a Modric para dar entrada a Lucas Vázquez. El Madrid se descompensó por el centro, perdió el equilibrio y, de pronto, Iturraspe y Beñat vieron terreno para moverse y empezar a mover a sus compañeros con el criterio que les faltó en la primera parte. El gol de Aduriz confirmó el giro que estaba experimentando el partido y despertó una esperanza más que justificada en la remontada. Duró tres minutos. Kroos botó un saque de esquina, Cristiano peinó en el primer palo y Casemiro se encontró el balón en el área pequeña con el rojiblanco más próximo a cuatro metros. Tac, tac, tac, gol.

Tal vez en un combate de boxeo los jueces hubieran decretado match nulo. En el boxeo la combatividad puntúa bastante y al personal le gusta que la bravura sea premiada. Pero el fútbol se rige por otros parámetros y la bravura del Athletic no encontró recompensa ante un rival que fue a la vez fino estilista y rudo fajador, como anunciaban los viejos carteles del box.

De todas formas, la derrota no debe restar un ápice de ilusión a los rojiblancos de cara al tramo final. A pesar de volver a morder el polvo en San Mamés después de siete meses, en el Athletic también volvió a haber buenas noticias como el buen partido de Williams, haciendo sufrir en muchos lances a un tipo de la experiencia y los recursos de Marcelo, el crecimiento de Lekue como extremo, o el desparpajo de Yeray ante los pesos pesados blancos.

 

 

 

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