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Reflexiones sobre el Athletic, el fútbol y el deporte

Cruel desenlace



El Bilbao Basket mantuvo todas sus opciones hasta los últimos cuatro minutos. Foto ACBMEDIA

El Bilbao Basket mantuvo todas sus opciones hasta los últimos cuatro minutos. Foto ACBMEDIA

Muchos pasajes de la temporada del Bilbao Basket parecen haber sido diseñados por su peor enemigo. Pero el desenlace en el Palau Blaugrana fue el colmo de lo enrevesado y, finalmente, de lo cruel e inmerecido para un grupo de jugadores que ha peleado durante nueve meses contra todas las trabas que les han puesto en su trabajo diario y que pueden sentir que toda su labor no ha servido para nada más que despedirse con la cabeza alta y una derrota digna. Cuatro minutos separaron la gloria del fracaso, el éxito de la más profunda decepción, en una jornada en la que el futuro del Bilbao Basket estaba, además, en juego en el Buesa Arena, donde empezó el partido quince minutos antes.

Mientras los hombres de negro plantaban cara y dominaban el marcador ante el Barcelona, el Gran Canaria hacía lo propio ante el Laboral Kutxa y eso no era una buena noticia porque los bilbainos necesitaban un triunfo de los gasteiztarras para mantener la clasificación como estaba al acabar la Liga regular, al margen de su propio resultado. Durante muchos minutos, mirar de reojo el marcador de Gasteiz no preocupó demasiado porque el Bilbao Basket, en otro ejercicio de orgullo y carácter ganador, estaba ganando en el Palau gracias a una excelente labor defensiva a la que le faltó la rúbrica del acierto en ataque.

En el peor día posible, el Bilbao Basket estrelló muchos de sus lanzamientos cercanos en el aro, lo que le impidió tomar una mayor ventaja que los ocho puntos que figuraban en el marcador a mitad del tercer cuarto (37-45). El campeón de Liga y Copa estaba tambaleándose, cometiendo pérdidas de balón ante la actividad de los bilbainos y con Navarro desactivado. En ese momento, los de Fotis Katsikaris lamentaron el escaso 36% de acierto en tiros de dos en el que viajaban por el partido, ese montón de oportunidades desperdiciadas de poner al Barça al borde del precipicio y recoger lo que el equipo estaba sembrando. Y también justo en ese momento empezó a desencadenarse lo más parecido a un desastre. Ocurrió lo contrario a lo que indicaban la lógica y la historia de los cuartos de final a tres partidos.

Un afortunado triple a tabla de Erazem Lorbek, que después de una floja temporada ha ido a espabilar justo ahora, fue el punto de inflexión para que los azulgranas recuperaran la inspiración e iniciaran la remontada, primero con un parcial de 7-0 que apretó el marcador al entrar en el último cuarto. Del Buesa Arena llegaba la certeza de que el Gran Canaria iba a imponerse a un Laboral Kutxa peleado consigo mismo y con su afición lo que obligaba al Bilbao Basket a ganar también para no perder su plaza en competición europea. Tres triples seguidos de Vasileiadis mantuvieron vivo el sueño de los hombres de negro hasta el minuto 32, pero los azulgranas ya habían puesto la quinta marcha y rompieron el partido en cuatro minutos con un parcial de 17-5 del que fueron protagonistas con sus triples Sada, Oleson y Jasikevicius, jugadores que hasta ese momento habían pasado desapercibidos.

Lorbek, especialista en amargarle la vida al Bilbao Basket, había sostenido al Barça durante muchos minutos, mientras que los vizcainos acusaron el mal día en ataque de Hervelle, Mumbrú y Raúl López. A los dos últimos se les notó su precaria condición física en ese tramo final del partido en el que hacía falta claridad de ideas y determinación. Los de Katsikaris no dejaron de intentarlo, pero entonces ya sí que era imposible rebelarse por falta de fuerzas, por puro agotamiento. El baile se había acabado. El partido y la temporada tuvieron un desenlace cruel, no por su culpa, sino por una desdichada combinación de resultados que convirtió en ese breve tiempo de cuatro minutos la que ha podido ser la mejor temporada de la historia del Bilbao Basket en una simplemente correcta, imposible de valorar en su justa medida hasta que pasen unas semanas.

Esto si hablamos desde el punto de vista del resultado final, el que da y quita razones, porque el comportamiento de la plantilla ha sido de matrícula de honor. Incluso en las peores circunstancias, como en este play-off ante el Barcelona que han afrontado lastrados por las lesiones y en manifiesta inferioridad, los hombres de negro se han partido la cara hasta hacer soñar de nuevo a la afición con un logro mayúsculo que no ha estado tan lejos. Sin embargo, el destino no quiso hacer ese último guiño al Bilbao Basket que, ahora mismo, no tiene plaza para la competición europea de la próxima temporada. En la encrucijada en la que está el club en lo económico, hay quien puede llegar a verlo positivo, pero lo cierto es que este abrupto cierre de la temporada puede cambiar algunos planes que se hubieran trazado y algunas decisiones que se estuvieran cociendo en los despachos. Esperar a la anunciada remodelación de la Eurocup, a una posible invitación puede, además, retrasarlas y eso sí que sería un incoveniente para la planificación de la próxima temporada.

Es lo que tienen el baloncesto y la Liga Endesa en este formato de play-off que algunos quieren eliminar, pero que ofrece las más altas cotas de competitividad, como han demostrado el Gran Canaria y el CAI Zaragoza, que se cargó también al Valencia Basket para provocar unas semifinales por las que nadie apostaba. Hace dos años, esta fase del calendario llevó al Bilbao Basket hasta su mayor conquista. Ahora, el club ha recibido un mazazo durísimo del que debe salir reforzado porque hay algo que está por encima del resultado: el compromiso de la plantilla y de los aficionados. Los responsables del proyecto tienen ahora la obligación de recomponerlo y revitalizarlo. En el Palau Blaugrana se cerró otro ciclo. “Fue un honor dirigir a este equipo”, resumió Fotis Katsikaris, uno de los que abandonará el Bilbao Basket con la cabeza alta y el orgullo intacto.

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