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Reflexiones sobre el Athletic, el fútbol y el deporte

Cuando la fiebre del fútbol se desató en Bilbao



El fútbol tomó carta de naturaleza definitiva en Bilbao al inicio de la segunda década del siglo XX. El balón había rodado por primera vez en la campa de los ingleses bastantes años antes y todavía faltaban dos años para que concluyera el siglo XIX cuando algunos sportsmen asiduos al gimnasio Zamacois fundaron el Athletic Club en el Café García. El nuevo juego importado por ingenieros y técnicos ingleses que dirigían las minas de Bizkaia y practicado por estudiantes y señoritos de buena familia, llamó pronto la atención de las clases adineradas, que encontraron en aquella actividad una nueva forma de practicar las relaciones sociales. Inglaterra exportaba al mundo la afición a  la práctica del sport. En 1896 el barón de Coubertain había puesto en marcha los primeros Juegos Olímpicos de la era moderna. Hacer deporte era una extravagancia que se puso de moda entre la alta sociedad y era lógico que en aquel ambiente triunfara el foot ball.

niños futbolistas

Al rápido desarrollo del fútbol en Bilbao contribuyeron lógicamente los primeros éxitos del Athletic, ganador de las tres primeras Copas puestas en juego, las de 1902, 1903 y 1904. El club se hizo también con el Campeonato de 1910, disputado en Donostia, lo que le dio el derecho a ser sede de la Copa de 1911. Fue entonces cuando surgieron los primeros movimientos serios para construir un campo en Bilbao aunque, finalmente, aquel Campeonato se disputó en Jolaseta con la participación más numerosa de las conocidas hasta entonces; en el campo getxotarra se midieron once de los trece equipos que se habían inscrito, aunque a última hora la Real Sociedad renunció a participar en protesta por la composición de la plantilla del Athletic.

Aquel Campeonato tuvo un desarrollo tan polémico como apasionado y el triunfo final del Athletic se celebró en Bilbao como nunca se había hecho hasta entonces. La quinta Copa que llegaba a las vitrinas del Athletic desató la fiebre del fútbol no solo en Bilbao sino en todas las localidades vecinas, aunque el deporte del balón ya empezaba a estar bastante extendido para entonces. De hecho el club, que ya miraba por su cantera, casi desde su fundación puesto que en 1903 ya se registró el primer campeonato infantil,  había organizado unos meses antes la Copa Cortina para esa categoría, torneo  al que se apuntaron cinco equipos además del propio Athletic. Compitieron el Quo Vadis, el Bilbao Football Club, The Union, Team English y Team Vizcaya.

Los equipos de fútbol surgieron como setas después de la lluvia. La Iglesia, los partidos políticos, las asociaciones culturales, los barrios, los pueblos, simples grupos de amigos, todos tenían su propio equipo. Había campos en Irala, en Basurto, en el Carmelo, en Barakaldo o en Portugalete, además de los conocidos de la campa de los ingleses y Lamiako, y los equipos se retaban entre sí insertando en la prensa local unas notas que radiografían la idiosincrasia de una sociedad y de una época.

El Chapel Chiqui reta al Ariñ Ariñ para el domingo 23. Se ruega llevar pelotón porque el nuestro se halla en malas condiciones para usarlo ese día”, decía uno de esos avisos. El tercer equipo del Athletic elevaba un tanto el tono a la hora de buscar rival. “El Vizcaya (tercero del Athletic) pone en conocimiento del Portugalete que, en vista de las manifestaciones propaladas creyéndose su equipo superior al nuestro, les retamos para el próximo domingo, a las cuatro de la tarde, advirtiéndoles que su equipo sea el mismo que jugó por primera vez contra nosotros”. Y había quien contestaba al retador en tono  displicente. “La Sociedad Mateos Club participa al Ariñ Ariñ en vista de su reto, que no tiene por costumbre atravesar menos de 500 pesetas.

Y si la redacción de los retos revela el carácter de una sociedad, de los nombres de los numerosos equipos que pululaban entonces por Bilbao y su entorno, se puede extraer su composición política, cultural y hasta religiosa.

Los había que jugaban  bajo la advocación de un santo, como el San Antonio, el San Luis, el San Francisco de Asís o el San Roque, o agrupados en torno a empleos religiosos como El Catequista.

Había también apelativos tan poco apropiados para denominar a un grupo de aguerridos futbolistas, como el que eligió un grupo de Sestao, que llamó a su equipo La Rosa, sin duda en la misma línea que inspiró a quienes se autodenominaron La Flor o La Estrella, cuyo origen se desconoce, aunque la moda debía de estar extendida por las orillas de la ría puesto que un equipo de Portugalete respondía al romántico nombre de Lucero, conjunto que es posible que alguna vez se enfrentara a los de La Boreal de Sestao o al Cometa en aquel firmamento futbolístico.  Cuáles serían los gritos de guerra de los seguidores de tan románticos equipos, es otro cantar.

La mayoría optaban por lo más sencillo y recurrían a su lugar de origen. Estaban el Team Vizcaya, el Abandotarra, el Athletic Club Begoñés, el Ledesma, el Irala Barri, el Indauchu, el Somera o el Achuri en Bilbao, junto al CFB Sestao, el Sportivo Baracaldés, el Relleno y el Abra, ambos de Portugalete, el Club Nervión o el Club Gechoarra, en el que jugaban en sus ratos libres algunos futbolistas del Athletic como Cuartango, Eguía, Ibarreche, Arana o Cortina.
Pero también había quienes se sentían ciudadanos del mundo a los que Bilbao se les quedaba pequeño. Debió ser por eso que llamaron a sus equipos Club El Norte, Polo Sur o, ya puestos a abarcar, El Globo Terrestre, así como quien no quiere la cosa.

Y dado que Bilbao ha presumido de cosmopolita, hubo un equipo llamado Los Iberos, que encontraría adecuado contrapunto en Los Persas, o hasta en el Football Club Italiano. Hubo hasta un grupo de políglotas que se alineó bajo el nombre de Esperanto.

Claro que la capital de Bizkaia se ha caracterizado siempre por su anglofilia que, sumada al país de origen del fútbol, dio lugar a un buen puñado de equipos con acento inglés, al menos en su nomenclatura. Estaban los Black and White, que se supone que serían rivales acérrimos de los Red and Green. Había un modesto Small Club opuesto al más orgulloso The King`s Horses, y también jugaban el White Hall y los Indian´s. La exaltación de la amistad les correspondía a los United Friends, que serían distintos de los Old Boys, aunque para distintos, unos de Portugalete que llevaban la autocrítica en el nombre: The Eleven Silly Boys, nada menos.

Frente a tanto cosmopolitismo, estaban también los pegados a la tierra, que recurrían al lexicón bilbaino a la hora de elegir nombre. Los Chirris, Los Arlotes, Los Completos, el Rhidi Club, los Aprendices o Los Tenorios,  sin olvidar a varios Modernos.

El incipiente nacionalismo y los restos de la España de la Restauración también se encontraron en los terrenos de juego. Por un lado estaban el Chapel Chiqui, el Ariñ Ariñ, el Beti Bat, el Aurrera y el Eusko Gastiak de Sestao, el Euskotarra de Barakaldo, el Izarra, el Irrintzi de Algorta, el Euskoindarra, el Batzoki de Erandio, el Txapeldunak, el Euskalduna, el Astidunak, el Herria, el Danok Batera, el Sagu Sar, o un grupo de montañeros lógicamente autodenominados Mendiko Lagunak. Hasta un colectivo de estudiantes vascos hacía patria en Madrid alineándose bajo el descriptivo nombre de Eusko Ostikolariak.

Enfrente tenían equipos con nombres quizá más apropiados para bautizar a un acorazado, como el Reina Victoria, el Alfonso XIII o el Hispania. El España Deportivo, cuyo nombre no admitía interpretaciones, el Giralda o el Cervantes.

Por último estaban los que no ocultaban una cierta vena de anarquía en cualquier idioma como los Kaniquitas o el Arrapatxenbazaitxut de Leioa, y los que se inspiraban en el número de futbolistas de un equipo como Los Once Hijos de Irala Barri, más atentos al lugar de nacimiento que a cuestiones capilares como Los Once Rubios de Erandio. Pero para once curioso, Los Once Galápagos de California, que alguna vez se enfrentarían a los bilbainísimos Once Saltamachinos.

 

 

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