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Reflexiones sobre el Athletic, el fútbol y el deporte

¿Cuántos empates faltan para salvarse?



El Athletic volvió a dar un espectáculo de impotencia ante su público. Foto AC

Ir a San Mamés para  ver al Athletic se ha convertido en un acto de fe similar al que hace unos años algunos hacían para entrar en una sala de arte y ensayo a ver una película finlandesa en versión original subtitulada. Aquellos al menos tenían la opción de echarse una siesta en la oscuridad y al calorcito del cine. En San Mamés, además de aburrirte, pasas frío.

El Athletic aburre; aburre hasta la extenuación.  ¿Fuisteis capaces de soportar hace quince días lo del Eibar, eh?, pues veréis lo que os espera esta noche, debieron de pensar nuestros héroes, como si Ziganda y sus chicos se hubieran empeñado en medir la capacidad de aguante de la parroquia. Ocho goles ha marcado esta gente ante su público este año. Ocho goles ha visto el socio rojiblanco en lo que llevamos de temporada. La peor marca del Athletic de todos los tiempos; ahí, con un par. Mejor no hacer la división por el precio del carnet porque tampoco es cosa de echarse a llorar en  pleno carnaval. Bastante tenemos con hacer la división entre el ‘pedazo contrato’ de Williams y los goles que lleva marcados. Pero no seamos crueles y tampoco recordemos demasiado que tuvo el partido en sus botas en el minuto 86. Acabó resolviendo igual de mal que como casi siempre. En fin, tampoco hay que cargar las tintas en un solo jugador porque el Athletic desafina a coro.

La última vez que la Unión Deportiva Las Palmas consiguió regresar a la isla con su portería a cero fue en marzo de 2016, cuando ganó 0-1 en Anoeta. Desde entonces le han metido goles allí donde ha ido. De hecho, este año ya lleva cincuenta en el saco. Pues bien, el Athletic no ha conseguido hacerle ni uno en los 180 minutos que han disputado los dos equipos este año. Bueno, Yeray metió anoche uno nada más empezar, pero Estrada Fernández lo anuló por una falta previa de Rico, que vio con ojo de lince. Después no apreció ni agresiones y ni agarrones en el área canaria, pero tampoco vamos a traspasar al árbitro las culpas que deben ser propias.

Al contrario, Ziganda y los jugadores deberían agradecer al árbitro su papel de pararrayos. El colegiado mantuvo entretenida a la parroquia con sus estrambóticas decisiones y la grada dirigió su ira al hombre del silbato durante toda la noche. De hecho los pitos que se escucharon cuando señaló el final estuvieron bien repartidos, como la lotería de Navidad, entre los rojiblancos, su entrenador, algunos jugadores canarios y el árbitro.

Jugando como juega el Athletic, ocho goles marcados en casa pueden parecer hasta muchos. Si contra el vicecolista solo cobras un remate en todo el primer tiempo y una ocasión clara en el segundo, ya me dirás. Y si no marcas goles, a lo máximo que puedes aspirar es al empate a cero. Continuando con el silogismo, ya solo nos queda descubrir cuántos empates más hacen falta para amarrar la salvación.

El Athletic se está derrumbando a ojos vista y no se adivina la forma de evitar el siniestro. Hace unas semanas Ziganda pareció ver la luz cuando la pareja Iturraspe-Rico tomó las riendas en el centro del campo. El efecto ha durado bien poco. Iturraspe vuelve a ser el caballero de la triste figura deambulando por el campo. De Rico sabemos que tiene una determinada ratio de balones robados-balones regalados. Lo que hace unas semanas era una relación favorable a los intereses del Athletic, ha evolucionado negativamente hasta convertirse en un elemento desestabilizador para el equipo. Ante Las Palmas, Rico perdió o regaló muchos más balones de los que recuperó. Esa fue una de las razones por la que los canarios dominaron el juego en el centro del campo y controlaron el partido durante amplias fases del primer tiempo y buena parte del segundo. Con eso y una defensa adelantada les bastó a los amarillos para vivir tranquilamente en San Mamés silbando bajo la lluvia.

Esa defensa adelantada, que cualquier equipo normal hubiera superado con el sencillo método de enviar balones profundos para la velocidad de un delantero, dejó constantemente en fuera de juego a los rojiblancos. El Athletic tiene un delantero veloz, uno de los más veloces de la categoría, y se supone que dispone de tres o cuatro futbolistas capaces de ver un pase al hueco, calcular en segundos la relación espacio-tiempo  e impulsar la pelota con la velocidad y la trayectoria parabólica adecuadas. Contado así parece un complejísimo problema de balística, al alcance solo de técnicos de la NASA o similares. Pero ¡qué va!, es algo bastante sencillo que hacen cientos de futbolistas en todos los campos cada semana. Se llama pasar al compañero y tiene dos variantes: al pie o al hueco. Los del Athletic se han inventado una tercera: al amigo invisible, con escasos resultados, como podemos comprobar cada partido.

Eso sí, lo que nunca se le podrá negar a este grupo es su disposición para el trabajo. Nadie se escaqueó y todos se dejaron hasta la última gota de sudor para sacar el partido adelante. La imagen fue más penosa si cabe, porque ver a once futbolistas derrochando tantas energías para conseguir tan poco, es bastante triste. Solo así, a base de riñones, el Athletic consiguió acabar el partido en el área del rival, provocando algunas faltas potencialmente peligrosas o una sucesión de saques de esquina, que San Mamés ya celebra casi como un gol, aunque luego el encargado de ejecutarlos, los ejecute literalmente, o sea, que no llegue al primer palo, o que el centro vaya a la altura de la rodilla.

Pero peor fue el día del Eibar, con el equipo encerrado en su área para salvar el empate. Ante Las Palmas, al menos acabaron buscando la victoria en el área contraria. Oportuno recordatorio que nos lleva a concluir que hasta en los peores momentos el ser humano puede encontrar un motivo para la esperanza si se empeña en buscarlo. Frase que firmaría el mismísimo Coello, y que Ziganda, en distintas versiones, lleva repitiendo después de cada partido en la sala de prensa desde hace cinco meses.

 

 

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2 Comentarios

  1. Juego plano. Toques atrás y hacia atrás sin efectividad en el juego, para acabar en patadón de Kepa. Insistencia en fórmulas y jugadores por parte de Ziganda. Lamentables saques de esquina. El árbitro, a tono con el encuentro y con el juego del Athletic.
    Solo faltó un golito del Las Palmas en el último corner para pensar en otro “día de la marmota”. Menudo añito en la Catedral.

  2. Enfrentarse a un destino abrumador o insoportable es dramätico pero debe abordarse con valor e inteligencia. Elegir un destino trágico evitable y abordarlo con inconsciencia e incompetencia es enfermo. Neurofilosofía patologica. Latxaga expresa con claridad y emotividad su drama semanal pero más le ayudarIa gritar desde su paper y señalar a los culpables que no son los jugadores que como bien relata lo dan todo desde hace dëcadas.Escoger un destino Trágico como filosofIa de vida no es valeroso,ni honroso,ni digno. Es pura estupidez. Grita y desahogate Carlos, señala a los culpables.

    ia de vida no es