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Reflexiones sobre el Athletic, el fútbol y el deporte

De profesión, sus milagros



Un triple de Vasileiadis en el último suspiro obró el milagro en La Fonteta

Un triple de Vasileiadis en el último suspiro obró el milagro en La Fonteta


En este mismo espacio se decía el otro día que con el Uxue Bilbao Basket por medio no suelen pasar cosas normales. Por si quedaba alguna duda, el partido europeo ante el Valencia Basket confirmó esta teoría casi empíricamente demostrable que surge del seguimiento continuado del equipo bilbaino. Cuando se espera que algo suceda, ocurre lo contrario. El último episodio de este catálogo fue el triple ganador que anotó Kostas Vasileiadis para tumbar a los naranjas (60-61) y convertir en blanco, blanquísimo, lo que antes era negro, negrísimo.
Pocos deportes como el baloncesto pueden hacer variar el curso de los acontecimientos, incluso de la historia, en una sola jugada. Y no es una exageración porque la canasta del griego hizo que el Uxue Bilbao Basket pasara de estar casi eliminado a depender de sí mismo para ser incluso primero de grupo. Lo que queda de temporada se ve ahora de otra manera porque la Eurocup puede volver a ser un objetivo para los hombres de negro. La siguiente cita continental llegará dos días después de la Copa donde también el aficionado y el propio equipo han puesto muchas esperanzas. O sea, que cualquiera sabe lo que puede pasar.
En Valencia sucedió que andaba por allí Kostas Vasileiadis, de profesión sus milagros. El de Salónica no está para acontecimientos mundanos, rutinarios. Lo suyo es salirse de la norma. Mucho más sencillo era meter en el Palau Blaugrana un tiro libre que habría sellado el triunfo ante el Barcelona, pero eso era demasiado previsible. Los francotiradores ponen en su objetivo piezas de más valor. El heleno había fallado los tres triples que había lanzado en la Fonteta en un partido nada brillante por su parte. Pero los genios son así, imprevisibles. Vasileiadis sabía que habían diseñado una última jugada para él y esperó como esperan los de su especie en las azoteas. El Valencia Basket decidió defender antes que hacer una falta, una decisión siempre discutida en función de lo que pase después. El caso es que el movimiento de los vizcainos no salió según lo previsto, pero sus compañeros lograron hacerle llegar el balón al griego al límite de la posesión. Con la mano de Doellman cerca, pero no tanto como para incomodarle, tardó un suspiro en armar el lanzamiento y anotó un triple de esos que definen a los clutch-player, los jugadores que quieren ese último balón en sus manos en cualquier circunstancia, aunque ese mismo día o los anteriores hayan fallado.
Quedaban dos segundos para el final y al Valencia Basket, sin tiempos muertos, no le quedó tiempo para nada. La victoria era de los bilbainos después de un partido que ambos equipos disputaron apretados por la presión de tener que ganar para no situarse al borde del precipicio. El desenlace fue tan descabellado, tan disparatado, como todo lo que sucedió antes. El duelo estuvo lleno de nervios, errores e imprecisiones y anotar costó horrores a jugadores con muchos años de experiencia en el más alto nivel. Nada que ver con lo sucedido el 6 de enero cuando los mismos protagonistas cerraron un marcador de 113-111, lo que demuestra que el baloncesto va por un lado y la razón, por otro.
El encuentro, con muchos contactos, pudo cambiar de manos en varios momentos. El conjunto local no supo imponerse cuando dominó su defensa y firmo un parcial de 19-9 en el segundo cuarto y al fallar muchos tiros abiertos dejó que el Uxue Bilbao Basket reaccionara en la segunda parte cuando aplicó la misma receta. Los de Fotis Katsikaris no concedieron a su rival más que 23 puntos después del descanso y, así, lograron compensar su desacierto ofensivo, producto de que sus bases no se sintieron cómodos en ningún momento y el juego no fluyó nunca. Poco a poco, el Uxue Bilbao Basket fue estrechando el marcador y a tres minutos y medio del final, estaba seis puntos arriba.
Aquello estaba encarrilado, pero no. Había que enredar de nuevo la madeja. De repente, a los hombres de negro se les nublaron las ideas, les temblaron las manos con todo a favor. Una pérdida, un triple y dos tiros libres fallados por Zisis y, sobre todo, una bandeja a placer que no convirtió Rakovic anunciaron otra catástrofe. Rafa Martínez igualó el marcador (58-58) con dos tiros libres a 1.13 del final y tras un tiempo muerto solicitado por Katsikaris, su equipo perdió el balón y concedió una canasta con tiro adicional a Doellman que volvió a adelantar al Valencia Basket con 45 segundos por jugar.
Como en Barcelona, el Uxue Bilbao Basket se había atascado con todo a favor y solo la providencia le salvó. Porque el estadounidense falló el tiro libre, pero recogió su propio rebote. El colmo de la generosidad en un día en que los regalos estaban prohibidos. El equipo de Perasovic tuvo una posesión larga para sentenciar, pero perdió el balón porque tampoco atraviesa un momento de especial inspiración. Hervelle, clave como Grimau para sujetar al equipo bilbaino durante todo el último cuarto, forzó una lucha que favoreció al Uxue Bilbao Basket. A partir de ahí, se entró en el territorio de Vasileiadis, en zona de riesgo por la que el griego pasa como por el pasillo de su casa. Su triple, la única canasta de su equipo en los últimos tres minutos y medio, coronó un partido que el Uxue Bilbao Basket acabó con un 38,9% en tiros de dos, un 31,3% en triples y 21 pérdidas de balón. Ganar así suele ser imposible, salvo que tengas en tu equipo a Kostas Vasileiadis, de profesión sus milagros. Un triple, una décima de segundo, fueron suficientes para iluminar un panorama que se había oscurecido con las derrotas ante el CEZ Nymburk y el VEF Riga. Pero esto es el Uxue Bilbao Basket: un grupo de guerreros que no se rinde nunca y que, por encima de otras virtudes, hacen del carácter y la fe sus herramientas para la supervivencia. Aunque a sus aficionados estén al borde del infarto.

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