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Reflexiones sobre el Athletic, el fútbol y el deporte

Declaración de intenciones



Hamilton, que destrozó una canasta, volvió a meterse a la afición en el bolsillo. Foto ACBmedia

Hamilton, que destrozó una canasta, volvió a meterse a la afición en el bolsillo. Foto ACBmedia

El Bilbao Basket rompió al Unicaja de la misma manera que Hamilton destrozó el tablero: sin dar lugar a la duda

Dos momentos pueden servir para resumir el partido entre el Bilbao Basket y el Unicaja del que el conjunto bilbaino salió tremendamente reforzado. En la penúltima jugada, Kostas Vasileiadis recuperó el balón y pudo elegir dos opciones: quedarse el balón para no jugar más o lanzarse a la carrera en busca de una canasta rápida. Pero escogió una tercera. El griego le dio el balón a su compatriota Zisis para dirigir un último ataque. La consecuencia fue un triple de Vasileiadis y tres puntos más al saco que, en un partido ya resuelto, pueden no decir nada, pero que son importantes en la lucha por la Copa y significativo de lo que no está haciendo el Bilbao Basket en el inicio de la temporada: perder la cabeza.
La otra imagen, claro, es la de la rotura del tablero por parte de Lamont Hamilton cuando se habían jugado cuatro minutos del segundo cuarto. El marcador estaba en 28-26 en ese momento después de varias alternativas y sin que ningún equipo pudiera imponerse. El partido estuvo parado durante media hora y en ese rato, en el que era importante no perder la concentración y mantener el tono físico, los jugadores del Unicaja se marcharon mentalmente a Málaga, mientras que los del Bilbao Basket se quedaron en Miribilla, como se quedó una afición que esperaba este choque como una especie de reivindicación, una declaración de intenciones de lo que puede ser su equipo esta temporada. Los cánticos desde la grada de “esto es un equipo de Euroliga” que saludaron algunas acciones del último cuarto dejan claro que el público acabó muy satisfecho. Porque el Bilbao Basket dejó al Unicaja como Hamilton el tablero: hecho trizas y necesitado de una reparación.
El equipo bilbaino afrontaba el partido con las dudas por los problemas físicos de algunos de sus jugadores durante la semana y la baja de Adrien Moerman que debilitaba a priori su juego interior, precisamente ante un rival con hombres en esa zona del campo. Pero nada de esto se notó porque el Bilbao Basket hizo un trabajo irreprochable, tácticamente perfecto e irreprochable desde el punto de vista de la actitud. Los nueve puntos consecutivos de Luka Zoric en su primera aparición en el campo hicieron pensar que, efectivamente, los hombres de negro podían tener problemas para proteger la pintura, pero fueron un espejismo.
Entre Hamilton, Hervelle y Rakovic se las apañaron para cerrar los caminos al aro, ayudados, por qué no decirlo, por el planteamiento de Jasmin Repesa. El técnico del Unicaja se olvidó de sus pívots para generar juego y puntos y los interiores del Bilbao Basket pudieron entregarse al difícil arte de la ayudas a sus compañeros del perímetro. Hervelle, por ejemplo, forzó tres faltas de ataque que terminaron por desquiciar a los malagueños. Repesa nunca encontró respuestas y se entregó a un carrusel de movimientos de banquillo que no le llevó a ningún lado.
En cambio, Katsikaris hizo lo contrario: movió el banquillo solo lo imprescindible y buscó la referencia interior de Hamilton, que pudo con todos y con todo y acabó siendo despedido al grito de “MVP, MVP”. De la necesidad hizo virtud. Los tres pívots del Bilbao Basket anotaron al final 38 puntos y los del Unicaja, 23. Zoric se quedó con aquellos primeros nueve puntos y Perovic, al que pretendió el club vizcaino en verano, solo jugó los cuatro primeros minutos. Ante la locura que había enfrente, personificada en un Marcus Williams tan talentoso como carente de inteligencia para ordenar a sus compañeros, Nikos Zisis (8 asistencias) y Raúl López marcaron en cada momento lo que había que hacer y durante la segunda mitad fue una delicia ver moverse al Bilbao Basket en defensa y en ataque.
Los ocho hombres que cargaron con todos los minutos no mostraron ni un momento de debilidad, ni siquiera contra esas zonas que suelen tratar de descubrir su escasez de puros tiradores. Teniendo a Lamont Hamilton dentro, todo resulta más sencillo. El estadounidense se ha convertido en una referencia clarísima y en un muy agradable descubrimiento. No deja un balón suelto y por eso se cargó el tablero. Además, su actitud contagia a sus compañeros y a un público al que se ha metido en el bolsillo. Al cabo de todo el tiempo de espera para que los operarios repusieran el destrozo causado por el neoyorkino, resultó uno de los mejores partidos del Bilbao Basket en las últimas temporadas. La quinta victoria consecutiva en la Liga Endesa, el tercer puesto provisional, premiaron el trabajo de un equipo que llega al arranque de la Eurocup, lesiones al margen, en un óptimo estado de forma. Pero técnico y jugadores coinciden en que aún pueden hacer mejor las cosas. La prueba que todos necesitaban la tuvieron ante el Unicaja. El conjunto andaluz era un listón elevado, pero el Bilbao Basket lo saltó como la suficiencia del Sergei Bubka de sus buenos tiempos. Para los malagueños no hubo remedio. Miribilla vuelve a soñar, la Copa está aún más cerca y la racha sigue abierta. El domingo, ante el Real Madrid, el miedo no será una opción.

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