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Reflexiones sobre el Athletic, el fútbol y el deporte

Demasiado abierto para las matemáticas



 

San José podría volver al centro del campo por la ausencia de Herrera. Foto MITXI

San José podría volver al centro del campo por la ausencia de Herrera. Foto MITXI

A medida que se acerca el final de la Liga el aficionado empieza a repasar el calendario para calcular cuántos partidos y contra quién debería ganar su equipo para lograr los objetivos que se propone. Si se trata de un título o de una clasificación europea, la cosa suele tener una onda optimista y el aficionado es capaz de pronosticar victorias incluso en campos en los que su equipo ha fracasado con reiteración. Si nuestro aficionado, en cambio, es de los que mira al fondo de la tabla, le faltarán escenarios y jornadas para sumar las victorias que a su juicio necesitará el equipo para salvarse. En la vida y en el fútbol todo es muy relativo.

Faltan doce jornadas, es decir, un tercio de la competición nada menos. Treinta y seis puntos que pueden provocar todavía muchos movimientos en la tabla. Falta mucho, pero a estas alturas no es muy desencaminado calcular que los siete equipos que ocupan los últimos puestos, se jugarán las tres plazas de descenso. Quizá el Espanyol y el Valladolid, tres y cinco puntos por encima del Athletic, podrían sumarse a ese grupo si se descuidan, pero podemos considerar que, de momento, el equipo de Bielsa es el que ocupa la posición que establece la frontera entre los que tendrán que sufrir y los que viven en tierra de nadie.

Athletic, Osasuna, Granada, Zaragoza, Celta, Mallorca y Deportivo son los condenados a luchar. El Celta ocupa la última de las plazas de descenso con dos puntos de ventaja sobre el Zaragoza, que es el primero de los que se libra. El equipo gallego suma 23 puntos y solo ha sumado tres de los últimos quince. Claro que lo del Zaragoza ha sido peor, puesto que solo ha añadido dos puntos a su casillero en sus cinco últimos partidos, solo uno más que el colista Deportivo que, con 17 puntos y gravísimos problemas al margen del terreno de juego, parece condenado al descenso.

En las últimas diez temporadas los puntos necesarios para la salvación han oscilado entre los 37 que bastaron los cursos 2002-03 y 2009-10 y los 44 que hicieron falta en la 2010-11. El Athletic se salvó en la temporada 2006-07 con 40 puntos. Si nos atenemos a la  frecuencia estadística podríamos situar los 42 puntos como un límite razonable. Eso significaría que el Celta tendría que sumar 19 de los 36 puntos en juego, que son algo más de seis victorias, las mismas que ha sumado hasta ahora. Parece improbable incluso aunque estemos hablando de algo tan imprevisible como el fútbol. Si hicieramos una proyección a partir de lo sumado hasta ahora por los gallegos, nos saldría que conseguirían 10 puntos más, lo que les dejaría al final en 33 puntos. Demasiado poco para ser verdad. Ni ellos ni sus rivales se comportarán en lo que resta de temporada como lo han venido haciendo hasta ahora.

Si admitimos los 40 puntos como una hipótesis razonable, al Athletic le harían falta once para respirar con tranquilidad. Cuatro victorias en doce partidos, o tres y dos empates,  no parecen un objetivo desmesurado para un equipo que ha sumado ocho triunfos y cinco empates en 26 jornadas. Estaría en sus números.

El cálculo se complica por la enorme cantidad de cruces entre rivales directos que quedan todavía, en los que los puntos en juego tienen el valor añadido de lo que se le resta al contrario.  El Athletic y el Zaragoza son los que más partidos de este tipo tienen que jugar, cinco cada uno. A los dos equipos les esperan el Granada, el Depor, el Celta y el Mallorca, y además se enfrentan entre sí en la Romareda. Por el contrario, Osasuna solo juega contra el Granada de entre todos sus rivales directos. Al resto, les esperan cuatro enfrentamientos contra vecinos de clasificación.

Todo está demasiado abierto todavía para que las matemáticas puedan aportar alguna pista. El Athletic juega con dos ventajas que deben ser determinantes:  depende de sí mismo y se le pide un rendimiento simplemente razonable, acorde con lo realizado hasta ahora. Claro que lo que sobre el papel puede parecer tan sencillo, no lo es cuando se traslada al césped. Allí hay que superar una serie de circunstancias propias y ajenas  y este año las primeras están pesando más en la piernas de los leones que las segundas.

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