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Reflexiones sobre el Athletic, el fútbol y el deporte

Derrota por inferioridad manifiesta



Laporte tuvo que abandonar el campo lesionado. Foto MITXI

Laporte tuvo que abandonar el campo lesionado. Foto MITXI

Los árbitros de boxeo tienen un recurso reglamentario para solventar situaciones en las que uno de los púgiles se está llevando una ensalada de bofetadas pero no acaba de doblar la rodilla: paran el combate por inferioridad manifiesta y se acaba con un espectáculo lamentable. Como en el fútbol no existe nada similar, el aficionado del Athletic se vio obligado a tragarse hasta el minuto 90 el deplorable espectáculo que estaba dando su equipo, cubriéndose de mala manera y mirando a su rincón a la espera de que algún alma caritativa arrojara la toalla. Hubiera estado bien que lo hiciera Valverde. A fin de cuentas podría alegar un par de lesiones sobrevenidas, que a veces también suelen servir para decretar la inferioridad.

En los largos, larguísimos minutos del interminable segundo tiempo del Manzanares hubo tiempo para pararse a pensar un rato. Y reflexionar sobre la evolución que han tenido el Atlético de Madrid y el Athletic desde aquel día en que se enfrentaron en una final europea en Bucarest. Desde entonces uno no ha hecho más que crecer hasta convertirse en uno de los equipos más solventes de la competición, fiel a la idea de un entrenador que podrá caer mejor o peor, pero cuyo desempeño no admite dudas, como no las admitía cuando era jugador. Desde Bucarest, el otro ha ido dando tumbos de todo tipo, enredándose en batallas consigo mismo, perdiendo poco a poco la identidad que le llevó a aquella final hasta devenir en lo que vimos este domingo en el Manzanares: un equipo que no sabe a qué juega, que no sabe lo que quiere, que no sabe quién es.

En menos de lo que se tarda en contarlo hemos vuelto a aquel Athletic que creíamos olvidado hace apenas unos meses. Volvemos al equipo resignado a su inferioridad que se limita a perder dócilmente ante aquellos a quienes considera superiores. Había que ser muy del centro de Bilbao para soñar con sacar algo positivo de este partido, visto lo visto hasta la fecha y sumada la baja de última hora de Iturraspe. Pero el espectáculo supera hasta las previsiones más pesimistas. El resultado, un marcador discretito, fue lo mejor de la tarde.

Podríamos seguir con la vieja escuela y echar la culpa al empedrado. Recordar que la lesión de Balenziaga fue que la terminó por allanar el camino a un Atlético de Madrid que se lo estaba tomando con paciencia; lamentar la lesión de Laporte o la expulsión de Morán, que dejaron al equipo hecho añicos en los últimos minutos. Podemos seguir esa línea argumental si queremos seguir haciendo trampas al solitario. Si lo que queremos es ver la realidad en toda su crudeza, tendremos que recordar que en los últimos 180 minutos de Liga, el Athletic ha jugaddo aceptablemente bien solo media hora, los treinta minutos en los que remontó el marcador ante el Elche en San Mamés. Es a partir de ese dato desde donde deben hacerse los análisis.

En esta ocasión ni siquiera queda el recurso de acordarse de uno de los Texeira brothers. Al contrario, aunque finalmente fuera Morán el expulsado por doble tarjeta, para el minuto 22 ya había amonestado a los dos centrales colchoneros por sendos codazos a Aduriz, una ventaja nada desdeñable. Y ya puestos a recordar, perdonó un penalti a San José por mano. No, tampoco pueden ir los tiros por ahí.

Valverde optó por sustituir a Iturraspe por San José en el puesto de medio centro y dejar a Susaeta en el banquillo para dar entrada a De Marcos en la banda. Mantenía así el esquema habitual para hacer frente a un Atlético que encaró el partido con la seguridad de quien se sabe superior y sabe que acabará plasmándola en el marcador tarde o temprano. Pero una cosa es mantener el esquema y otra los artistas que lo interpretan, y a día de hoy Iturraspe pesa mucho en este equipo. El Athletic se puso a la tarea de defender, renunciando por completo al ataque. San José no dio salida al balón y ni Rico ni Beñat mostraron solvencia suficiente para liderar nada relacionado con el juego ofensivo. A los de Simeone les bastó con aplicarse con su intensidad habitual, hacerse fuertes en la zona ancha y activar sus armas habituales, sobre todo la conexión entre Koke y Diego Costa. Ningún secreto, nada que pudiera sorprender a los de Valverde, pero que poco a poco ese argumento fue decidiendo la suerte del partido.

Es verdad que el primer gol llegó por el vacío que dejó Balenziaga en el lado izquierdo. Con el lateral lesionado en la banda, el Athletic no acertó a cerrar el costado izquierdo con Muniain y por allí llegó el centro que le dio a Villa la oportunidad de abrir el marcador. Mala suerte, sí, pero antes Iraizoz ya se había lucido en un tiro de Villa, jugada que, por cierto, llegó propiciada por un balonazo del portero a la banda, otra evidencia de su pésimo juego con los pies.

Estaba Albizua calentando para sustituir a Balenziaga, pero el gol obligó a Valverde a cambiar de planes sobre al marcha. Entró Morán como medio centro, vaya recado para el chaval, para retrasar a San José al eje de la defensa y desplazar a Laporte a la banda izquierda. Dos minutos después del reajuste, Diego Costa se fue en velocidad de Morán y San José lanzado por un pase de Koke, y cruzó el balón lejos del alcance de Iraizoz. Quedaban cinco minutos para el descanso y al Athletic solo le quedaba rezar, virgencita que me quede como estoy.

Ni capacidad de reacción, ni orgullo herido, ni soluciones desde el banquillo, ni llamamiento a la heróica. El Athletic regresó del vestuario pidiendo perdón por molestar. El primer y único remate llegó en el minuto 80. Fue un disparo desviado de Muniain culminando una carrera que no le llevaba a ninguna parte. Curtois se fue del campo sin mancharse los guantes, sin haberse tirado una sola vez al suelo, casi sin tener que recoger siquiera alguna cesión de sus compañeros. El Athletic fue un equipo inerte, resignado a su triste suerte de perdedor, incapaz de discutir con un rival que se limitó a dejar correr el tiempo ahorrando esfuerzos innecesarios.

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2 Comentarios

  1. un partido lamentable. lo peor no es que pasara, si no que esperásemos que pasara. otro partido flojo, sin sentido, sin nervio, sin arriesgar en absoluto. ni los jugadores, que se quitaban la pelota de encima vilmente, ni desde el banquillo. en tiempos de bielsa, de marcos hubiera ocupado el lateral izquierdo inmediatamente y se hubiera metido otro hombre más en ataque. da lo mismo perder por uno que por seis. muy mal todos y muy reservón Valverde.
    me enfadó muchísimo que fuera precisamente a raíz de la segunda amarilla a los centrales que fuera a nosotros a quienes nos entrase la flojera. si llegan a quedarse con diez nos meten seis.
    si ya considerar que barça y madrid están lejos, pensar que el atlético tampoco es un rival equiparable… ni para tirar a puerta, es que me cuesta una enfermedad.
    aupa athletic de todas maneras.

  2. “un equipo que no sabe a qué juega, que no sabe lo que quiere, que no sabe quién es”. Totalmente de acuerdo JCL, después de doce partidos no me explico que llevemos 20 puntos no, 20 puntazos! He tratado de ser optimista, de verlo de otra manera ante las razonadas críticas a nuestro juego. Sinceramente se me han acabado las razones para defender lo contrario.
    Efectivamente volvemos a jugar a la lotería y a especular. A mí no me ilusiona y me preocupa el juego de los jugadores y el mensaje que ayer dio Valverde después del partido.
    La JD y Urrutia se cargaron un proyecto de presente y futuro. Se ha fichado todo lo fichable, ha vuelto Valverde, campo nuevo… la raíz del problema está arriba, no hablo de las goteras de la cubierta, ni las filtraciones de agua por la fachada, ni la defensa zonal, ni el doble pivote, ni el portero, etc., etc., sino en la JD y esto a corto plazo no tiene remedio y dudo que lo tenga dentro de dos años.
    AUPA ATHLETIC ORAIN ETA BETI!!!