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Reflexiones sobre el Athletic, el fútbol y el deporte

Desastre sin paliativos



El Elche también ganó en San Mamés después de llegar como colista. Foto AC

El Elche también ganó en San Mamés después de llegar como colista. Foto AC

Pidió Valverde una reflexión profunda después de que el Athletic cayera derrotado ante el Depor. Cuatro días después su equipo ganó en Vigo por un espectacular 2-4. La victoria se tomó con muchas reservas, tantas que a nadie se le ocurrió considerar siquiera la posibilidad de que el partido de Balaídos supusiera un punto de inflexión en la errática trayectoria del Athletic. Concurrieron demasiadas circunstancias en aquella victoria como para considerarla significativa. Los hechos han venido a confirmar los temores. Ante el Elche, igual que ante el Córdoba o ante el Granada, el Athletic volvió al esperpento. San Mamés ha pasado de catedral a club de la comedia y a estas alturas todos los que lo visitan saben que se pueden echar unas risas a costa del propietario; hasta este Elche que no ganaba desde hace siete jornadas. Claro que el Athletic ya suma cinco jornadas consecutivas sin conocer la victoria, así que menos lobos.

No se sabe hasta qué nivel de profundidad ha podido llegar la reflexión que pidió Valverde. Lo más posible es que alguno se haya quedado dormido mientras pensaba. Al menos esa impresión dan unos cuantos que visten la camiseta rojiblanca cuando saltan al campo.

Somnolientos, empanados, en plan aquí estamos porque aquí nos han traído. Así se mueven los futbolistas del Athletic últimamente. Aguantan el tipo a duras penas mientras no pase nada en el partido. El primer contratiempo les sienta como un martillazo en la entrepierna. Se vienen abajo, se descomponen y quedan a merced del adversario más endeble hasta convertirlo en un trasunto de aquel Barcelona de Guardiola. Durante muchos minutos el Elche se movió por San Mamés como Pedro por su casa, tocando la pelota con soltura y precisión, llevándola de aquí para allá sin encontrar apenas respuesta porque enfrente solo tenían un grupo de trotones sin ninguna idea.

No se le puede achacar en esta ocasión a Valverde frivolidad alguna a la hora de hacer su alineación. Puso en el campo el once que votaría la inmensa mayoría de la afición y encima con cada uno en su sitio. Un zurdazo de Rico desde el borde del área en el primer minuto, pareció anunciar una ofensiva a tono con lo que se jugaba el Athletic. Falso anuncio. La siguiente acción del partido digna de ser anotada ocurrió al cuarto de hora y en la otra portería. Víctor Rodríguez batió a Iraizoz tras llevarse un rebote con la mano. Ni el árbitro ni el linier lo vieron y si lo hicieron no lo consideraron punible. Ni el árbitro ni el linier pueden ser excusa. Si alguien quiere encontrar un culpable, mejor que se mire en el espejo. El gol subió al marcador y el Athletic inició una nueva bajada a los infiernos.

El apagón fue inmediato. Este equipo tiene tan poca confianza en sí mismo que ve un Everest en cualquier piedrita que se encuentre en el camino. Las reacciones de rabia y orgullo, el fútbol de asalto, y hasta el sentido común, son cosas de un pasado cada vez más lejano. El Elche creció en la misma medida que menguaba el Athletic. Cada minuto que pasaba era peor que el anterior. El murmullo de la grada sustituyó a los gritos de ánimo y, finalmente, los silbidos sonaron más fuerte que los poquitos aplausos que merecieron los leones.

Un remate desviado de Aduriz, a quien dejó solo un pase en profundidad de Iraola, y un cabezazo alto de De Marcos a centro de Aduriz, constituyeron todo el balance atacante antes del descanso. Nada, o casi nada, para todo lo que necesitaba este equipo.

Pero tal y como anunció Murphy, todo lo que va mal es susceptible de empeorar. El arranque de la segunda parte hizo añorar el desastre del primer tiempo. A los cuatro minutos Jonathas obligó a una gran intervención a Iraizoz con un tiro lejano. Primer aviso. Tres minutos después la defensa rojiblanca en bloque protagonizó una de esas acciones que sonrojan a un amateur. Se dejaron robar la cartera en un saque de banda, el balón llegó al otro lado donde Jonathas se deshizo de un Balenziaga inocente como un juvenil y el brasileño regaló el gol a Faisal.

Valverde reaccionó cambiando a De Marcos por Viguera. En realidad podía haber hecho cualquier otra maniobra. Tenía dónde elegir si quería quitar elementos del campo. Iturraspe, ausente en Vigo, volvió para completar una de sus más logradas imitaciones del caballero de la triste figura. Susaeta hizo internacional a Cisma, Muniain volvió a protestar mucho y jugar poco o nada, hasta Aduriz pareció contagiado porque por no llegarle, no le llegaron ni los melonazos que de vez en cuando querían largar sus compañeros más retrasados. Valverde acabó por sumarse a la fiesta con un doble cambio. Retiró a Iturraspe y Muniain y dio entrada a San José y a ¡Toquero!. Extraño sentido del humor el del mister, queriendo hacer creer al personal que confiaba el asalto final a un futbolista que ha jugado diez minutos este año, los último, el día 18 de octubre, hace tres meses menos una semana, exactamente.

El golazo de San José cuando faltaban casi veinte minutos, tuvo más efecto en la grada que en el campo. El público creyó más en el milagro que los propios jugadores. El Athletic no tuvo lucidez ni para buscar el arreón final a base de pelotazos. Es más, el Elche supo adelantar unos metros su línea de defensa y plantar cara en el centro del campo para evitarse algún rebote desafortunado o alguna jugada dudosa en el área. Tuvieron incluso un par de contras para cerrar el partido; si no lo hicieron fue porque nadie es colista por casualidad a estas alturas.

Sigue siendo necesaria una reflexión y algo más. No puede ser que a punto de acabar la primera vuelta, la mayoría de los jugadores sigan sin saber por dónde les da el aire. Esto es algo más que una mala racha y parece que hay quien no se ha enterado todavía y sigue viviendo en su mundo de pájaros y flores, pensando si le apetece más ganar la Copa que la Europa League.

Un punto de los últimos quince posibles, diecinueve en el casillero cuando falta una jornada para acabar la primera vuelta. Quince goles a favor en dieciocho partidos. Esos son, a vuelapluma, algunos datos objetivos sobre los que reflexionar muy seriamente. A lo mejor, pensando, pensando, alguno cae en la cuenta de que ahora mismo está en el camino que conduce directamente al infierno.

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