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Reflexiones sobre el Athletic, el fútbol y el deporte

Dos caras de una moneda



Mamadou Samb lo hizo bien en los doce minutos que le dio Katsikaris. Foto ACB

Mamadou Samb lo hizo bien en los doce minutos que le dio Katsikaris. Foto ACB

El Bilbao Basket ya tiene acostumbrados a sus seguidores a esa polaridad en el rendimiento que transforma sus partidos en un lanzamiento de monedas al aire y en un continuo paso del pesimismo al optimismo, y viceversa. La derrota en la final de la Europeo y la de este domingo en Tenerife han acentuado esa doble visión de la realidad: hay quien lo ve todo negro y piensa que incluso peligra la plaza en el play-off y quien quiere pensar en el enésimo poder de reacción del equipo. Son dos caras de la misma moneda, el anverso luminoso y el reverso tenebroso de un cuadro que podría figurar en las galerías más selectas o en un museo de los horrores. En manos del propio equipo está demostrar con hechos lo que los jugadores han dicho de palabra y que en su visita al CB Canarias no consiguieron. Al contrario, como sucedió ante el Manresa o el Fuenlabrada, dieron motivos para ver el vaso medio vacío.

A estas alturas de la temporada, los problemas del Bilbao Basket van más allá de una final perdida. Es más, caer en una final forma parte del recorrido de un equipo y nunca debería suponer una barrera para quien aspira a cotas importantes. El problema del equipo bilbaino es el desgaste, sobre todo físico, que ha supuesto llegar a esa final. Fotis Katsikaris ha manejado durante muchos meses una rotación corta por propia voluntad y ahora se encuentra con que dos jugadores de esa rotación están lesionados: Raúl López y Rakovic. Ya no es la falta de efectivos para afrontar los partidos, sino también los entrenamientos, algo que también ocurrió en las semanas previas a la cita de Charleroi. El Bilbao Basket es uno de los pocos equipos que no ha movido su plantilla, pero también es el único que carece de jugadores convenidos para paliar las ausencias y permitir que se actúe con prudencia ante las lesiones sin que se resienta la calidad del trabajo diario.

Tras el partido ante el CB Canarias, en el que ambos equipos contribuyeron a la jornada más anotadora de la temporada, Fotis Katsikaris dijo que el Bilbao Basket pagó al final el cansancio de jugadores que habían jugado “demasiados minutos”. Pero el tiempo de juego lo distribuye él y cuando hay cansancio no se entiende que Fran Pilepic jugara cuatro minutos y Mamadou Samb, que encima lo hizo muy bien, apenas doce. Ninguno de los dos jugó la final de Charleroi por lo que su desgaste tiene que ser menor, pero el técnico heleno defiende unos principios que parecen irrenunciables incluso cuando las circunstancias deberían forzar a introducir algunos matices.

Katsikaris se quejó tras el partido del esfuerzo defensivo de su equipo, de esos 55 puntos encajados en la primera mitad. Desde el inicio del partido, se apreció un agujero en los puestos de bases y de pívot, en Zisis y en Hamilton, que aprovecharon Uriz y Sekulic para propulsar al CB Canarias en el marcador hasta alcanzar 17 puntos de ventaja en el segundo cuarto. El griego y el estadounidense decidieron evitar riesgos defensivos ante la ausencia clara de relevos en sus posiciones y así pasó lo que pasó. Su esfuerzo posterior por compensar en ataque fue un artificio porque los laguneros ya habían conseguido la confianza y el ritmo que necesitaban para afrontar un duelo en el que no tenían nada que perder porque ya estaban salvados matemáticamente antes de saltar a la cancha.

Es la del CB Canarias la propuesta más atractiva de esta temporada en la Liga ACB que encima se ha hecho fuerte en casa donde solo ha perdido uno de los últimos once partidos que ha disputado, y fue ante el Barcelona. El Bilbao Basket quiso jugar a cambiar canastas durante mucho rato y se equivocó. Solo en el tercer cuarto impusieron los hombres de negro los galones y la diferencia que debe haber entre una plantilla de rango europeo y una que estaba jugando la pasada temporada en la Adecco Oro. Subido de nuevo al caballo de la épica, los bilbainos se colocaron en posición de ganar, pero de nuevo apareció la cara B, la de los errores defensivos que permitieron a Nicolas Richotti, que hace tres temporadas jugaba en la Adecco Plata (o sea, como el bilbaino Sergio Sánchez), anotar catorce puntos en el último cuarto y convertirse en el MVP de la jornada. No es algo casual ya que de 28 de los 32 puntos de los canarios en el último cuarto los lograron jugadores que la pasada temporada estaban en la categoría inferior. Valga este dato para ilustrar a aquellos que ya están imaginando un escenario en el que el Bilbao Basket tenga que reducir su inversión en plantilla. La calidad y el precio no siempre van de la mano.

El caso es que cuando Jesús Chagoyen, 35 años, se convierte en un factor importante en ese tramo final del partido, si Fotis Lampropoulos acaba con 18 puntos, su récord de la temporada, desde el puesto de cuatro, quiere decir que el Bilbao Basket tuvo muchas más carencias que ese tiro libre que erró Vasileiadis a tres segundos del final y que impidió jugar la prórroga. El CB Canarias jugó a lo que juega siempre y su rival no supo imponer el guion que más le convenía. Si es cierto que el equipo bilbaino sufre el peso de la temporada, que la cabeza puede acusar la decepción de Charleroi, entonces conviene tirar por la vía del pragmatismo, de la eficacia y de la optimización de esfuerzos. Raúl López reconoció durante la semana que el Bilbao Basket “es un equipo muy emocional, con muchos altibajos”, pero no se puede estar permanentemente en ese tiovivo porque desgasta el doble. El motor va justo y es mejor llevarlo a un ritmo sostenido que no a tirones que pueden hacer saltar las piezas, como ocurrió en Santa Cruz de Tenerife.

Si se pretende ganar desde la defensa, hay que tener en cancha piernas frescas y cuerpos dispuestos a la batalla, sin importar el apellido que ponga en la espalda. Si se pretende marcar diferencias desde el ataque, no se puede descargar la responsabilidad en solo cuatro jugadores. El calendario inmediato aún da opciones de pelear por la cuarta plaza, pero también provoca sudores fríos a muchos aficionados porque cuatro de los cinco rivales que le quedan al Bilbao Basket están en posiciones de play-off, las mismas a las que aspiran los hombres de negro. Y todos esos equipos manejan, al menos, diez jugadores en estos momentos de la temporada. Van a ser cinco finales sin margen de error, a cara o cruz, de las cuales tres serán en el Bilbao Arena y tienen que servir para que las últimas derrotas inesperadas queden en anécdotas. De lo contrario, el futuro puede complicarse. Solucionados, según parece, los problemas económicos más urgentes, el Bilbao Basket está en el momento de demostrar su valor como equipo, de convencer a todos de que es capaz de levantarse de nuevo. Claro que si cada uno tira para su lado, será más complicado recuperar el paso perdido.

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