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Reflexiones sobre el Athletic, el fútbol y el deporte

Dos chispazos fueron suficientes para cumplir el pronóstico



El Athletic ha comenzado los famosos diez últimos partidos de Liga ganando. El curso ha entrado en la fase decisiva y, al menos en cuanto a resultados, el equipo de Valverde es uno de los que mejores sensaciones está transmitiendo desde el pelotón que esprinta por ocupar las plazas europeas. El Eibar es otro de los que llegan con muy buena pinta, mucho mejor que la del Villarreal, por ejemplo. No es extraño que los de Mendilibar ganaran en el campo de La Cerámica apretando ese pelotón hasta los límites de la asfixia.

El Athletic saltó al Sadar con los dientes largos por la posibilidad de ponerse a un solo punto del quinto puesto, pero mirando por el retrovisor a un Eibar que cuando empezaba el partido le estaba empatando a puntos. La victoria del Espanyol la víspera venía a echar más sal al asunto.

El partido contra Osasuna era uno de esos compromisos que suelen provocar desasosiego al considerado favorito. Siempre sucede cuando concurren las circunstancias que rodean a Osasuna. El equipo navarro es un cadáver que deambula por la categoría sin más objetivo que el de llegar al final de la temporada cuanto antes. Es el único equipo de las cinco grandes Ligas que todavía no ha ganado un solo partido en su campo. ¿No seremos nosotros los pardillos, no?, se preguntaba la familia rojiblanca.

Todas las aficiones del mundo cultivan una suerte de masoquismo achacando a su equipo la cualidad de ‘levantamuertos’. No hay aficionado que no recuerde aquella vez que su equipo fue a perder donde nadie perdía, o su inveterada manía de mostrar su peor perfil ante los rivales más débiles. La del Athletic no es una excepción y cosas como la reciente del APOEL dan argumentos a los pesimistas que alimentan el morbo. Luego resulta que no, que lo habitual es ganar a los rivales más débiles y perder ante los más fuertes, desmontando de paso la leyenda de los ‘matagigantes’, otro clásico. Pero en vísperas de partidos como éste del Sadar, todos los fantasmas suelen salir a pasear agitando las cadenas.

La lógica acabó imponiéndose también en esta ocasión. Entre el Athletic y Osasuna, media un abismo de juego, de calidad y de estado de ánimo que se visibiliza en la tabla en la porrada de puntos que les separa. Dos chispazos de Williams bastaron para que el Athletic se llevara los tres puntos, traduciendo en el marcador la superioridad que ejerció sobre el césped durante casi todo el partido.

Como dijo el torero, lo que no puede ser, no puede ser y además es imposible. Cuando estás metido en el agujero en el que se encuentra Osasuna, Murphy se pone las botas imponiendo sus leyes. La primera llegada del Athletic al área contraria, acabó con el balón en la red. El gol número 100 de Aduriz llegó tras un magnífico pase al espacio de Williams que De Marcos mejoró con su centro al primer toque.

Osasuna se fue arriba, pero aquí entró Murphy en juego. Primero Arrizabalaga repelió abajó un cabezazo picado de Riviere, completamente desmarcado en el segundo palo. Casi en la siguiente jugada, un balón cruzado acabó repelido por la madera con el portero del Athletic superado. En el tramo final de la primera parte, Williams remató con la espinilla y cayéndose y el balón entró en la portería de Sirigu tras tocar también en el segundo palo.

No quiere esto decir que el Athletic ganó con fortuna. Ganó porque fue superior y porque aprovechó mejor las facilidades de los centrales rivales. Los centrales de Valverde, en especial Bóveda también dieron facilidades, muchas, incluso más que las que dieron sus colegas rojillos, pero los de Vasiljevic tardaron ochenta minutos en aprovechar un regalo,  cuando ya estaba en el campo Sergio León ocupando el sitio del inoperante Oriol Riera. Antes, De las Cuevas había desperdiciado dos mano a mano con Arrizabalaga generados tras ganar la espalda Bóveda en acciones sencillas, de abecé futbolístico.

Valverde no supo solucionar el evidente problema que tenía en el centro de la defensa, aunque mediado el segundo tiempo empezó a maniobrar para poner orden en el centro del campo. Retiró a Raúl García para que Iturraspe echara una mano a Beñat y a San José y, sobre todo, para adelantar a Muniain a un terreno menos comprometido donde pudiera seguir perdiendo balones por no saber dar un pase a tiempo.

La entrada de Iturraspe oxigenó a un Athletic que cedía terreno a Osasuna solo por su mala cabeza. Con un marcador cómodo y una superioridad evidente, los de Valverde se fueron durmiendo en los laureles y a punto estuvo de costarles un disgusto más serio que las apreturas que sufrieron en los últimos diez minutos, tras el gol de Osasuna. Como se comprobó cada vez que lo pusieron en práctica, bastaba con mover la pelota con un mínimo sentido,  a base de pases en corto y apoyos entre Beñat, Iturraspe, San José y alguno más que entrara a echar una mano en el rondo, para desactivar el impulso de los rojillos. Bastó con eso y un poquito de paciencia para que Aduriz en dos ocasiones y Raúl García en otra, se plantaran solos ante Sirigu, sin olvidar un par acciones cortadas por fuera de juego más que dudoso de Williams o De Marcos. Pero Aduriz se relamió celebrando el gol antes de tiempo y Raúl García no estuvo atinado en su volea. El Athletic pudo y debió ganarse un plácido final de partido pero tuvo que acabar conteniendo el aliento.

Cuando marcó Sergio León, todos los fantasmas que alimentan los agoreros empezaron a agitar las cadenas: ¿no será posible que no ganemos este partido, no?. Pues, efectivamente, no. Osasuna no está ni para apelar a la heroica en los últimos minutos. Mikel Rico, que había entrado en el campo un minuto antes del gol de Osasuna, fue el rojiblanco que mejor interpretó lo que había que hacer en esos últimos minutos. Una rebañada por aquí, un choque allí, una falta provocada por allá, el centrocampista se bastó prácticamente él solito para desactivar cualquier atisbo de reacción. Vasiljevic sacó al escaparate a Berenguer, pero el chaval tampoco enseñó nada nuevo.

El partido del Sadar era un partido a vida o muerte para el Athletic porque estaba más obligado que nunca a ganar. Sin jugar al nivel que alcanzó en su última salida a Anoeta, los de Valverde hicieron lo suficiente para llevarse los tres puntos de un campo en el que ha puntuado todo el mundo. No ganar hubiera sido un trago insoportable de puro amargo. La victoria permite al Athletic mantener vivas todas sus opciones. La cuenta atrás continuará el martes en San Mamés ante el Espanyol. Esto ya va de finales hasta el final.

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