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Reflexiones sobre el Athletic, el fútbol y el deporte

Dos recados de Valverde



La derrota del Athletic ante el Betis tiene pinta de marcar un punto de inflexión en el devenir del equipo. Valverde dejó en el Benito Villamarín dos mensajes sobre cuyo calado merece la pena reflexionar. El primero fue implícito, tuvo su prólogo nada más encajar el gol y su desenlace en el descanso. La reacción de Valverde mandando a calentar a dos defensas mientras el Betis festejaba su gol, denota que el técnico llevaba tiempo rumiando la idea. No pareció que fuera fruto de un calentón sino un hasta aquí hemos llegado. Dio la impresión de que el vaso de la paciencia con Laporte había rebosado con la última gota de la inexplicable actitud con la que encaró el partido el defensa.

Valverde se ha caracterizado por ser un entrenador paciente y hasta algo obcecado en la defensa de sus ideas, capaz de mantener como titulares contra viento y marea a jugadores que no están dando un nivel mínimamente exigible. El técnico ha conseguido que algunos recuperaran la forma a base de jugar aunque su presencia en el equipo provocara más estropicios que beneficios.

Pero el Villamarín marcó el particular hasta aquí llegaron las aguas para Laporte y San José, sustituidos en el descanso y señalados como principales responsables del desaguisado. Lekue y Vesga salieron al campo porque De Marcos, cómo se le añora, sigue lesionado y de Iturraspe no se sabe más que no debe de estar ni para entrar en la convocatoria. Habrá que ver qué decisiones toma al respecto el mister para el próximo partido. De momento Laporte se lo ha puesto muy fácil: descansará porque la de Sevilla fue su quinta tarjeta.

Pero hubo otro mensaje de Valverde más explícito y verbalizado, para que no cupieran dudas. Lo lanzó en la sala de prensa, con tiempo para asimilar la nueva decepción. Vino a reprochar a los jugadores su tendencia a perderse en protestas y desatender el juego. Llueve sobre mojado. Aduriz ya se ganó una roja por hablar de más y Laporte repitió suerte ganándose la quinta amarilla del ciclo a los dos minutos de partido. El Athletic ya ha disputado este año más de un partido en el que ha mirado más al árbitro que al balón; ha solido coincidir con sus peores resultados.

Cuando un equipo juega bien y se encuentra a gusto en el campo, el árbitro suele pasar desapercibido. Cuando el del silbato centra las miradas y las protestas suele ser porque el balón no está rodando todo lo redondo que sería de desear. Valverde les ha dicho a sus chicos que se apliquen y estén a lo que tienen que estar, o sea, a meter la bolita en la portería contraria, y que se dejen de zarandajas. Veremos si han captado el mensaje.

De momento, el primero que ha entendido que las cosas no pueden seguir así es el propio entrenador. Ante el Betis se apreciaron algunas variaciones tácticas que si bien no dieron resultado, sí al menos inducen a pensar que Valverde ha llegado al punto de dar su brazo a torcer en algunos aspectos. Por ejemplo en el desempeño de Muniain que, si bien apareció en su posición habitual pegado a la banda, se desenvolvió casi siempre por dentro. Que el movimiento provocara un atasco o que desplazara a Raúl García a terrenos en los que resulta menos operativo, es otra cuestión a resolver por el técnico

El Athletic está siendo un caso de doble personalidad digno de psicoanálisis. Desde que ganara en Granada el 21 de septiembre, solo ha sumado el punto de Cornellá en cuatro desplazamientos ligueros. Claro que, a cambio, desde que perdiera el 28 de agosto contra el Barcelona, el Athletic solo ha cedido un empate en San Mamés, ante Osasuna, curiosamente, el más débil de todos cuantos le han visitado.

Los puntos en el casillero y la posición en la tabla dicen una cosa y la imagen que proyecta el equipo, sobre todo fuera de casa, dice otra bien distinta. El tiempo dirá dónde está la verdad de un grupo que sigue planteando demasiadas preguntas que no acaban de encontrar respuestas convincentes en ningún sentido.

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