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Reflexiones sobre el Athletic, el fútbol y el deporte

El amigo inglés



El rumor sobre el presunto seguimiento del Tottenham a Ibai Gómez suena a interesado. Foto MITXI

El rumor sobre el presunto seguimiento del Tottenham a Ibai Gómez suena a interesado. Foto MITXI

El Reino Unido, que en el fútbol es la Premier League, siempre ha tenido un punto de admiración entre los hinchas del Athletic. El rojiblanco es un club con vocación inglesa por fundación, por estructura de campo, por climatología…Hasta por las rayas de sus camisetas. Lo inglés siempre ha tirado. Más todavía en épocas pasadas, cuando su fútbol apenas se veía por televisión y había que refugiarse en los grandes partidos de Copa de Europa o en las apariciones de sus selecciones en citas internaciones. El envoltorio de fútbol mágico fue en aumento con el Mundial de 1982, en el que la selección inglesa anidó en Tamarises, frente a la getxotarra playa de Ereaga, y jugó los partidos de la primera fase en el viejo San Mamés. La cercanía que mostraron sus futbolistas -a los que día sí y día también esperaba una legión de jóvenes aficionados en la calle que separaba el hotel de Igeretxe y la playa- y la peculiaridad de sus fogosos hinchas, descamisados y encervezados hasta las mejillas los días de partido, dejaron un poso permanente en muchas de las pieles que cada domingo (ahora habría que añadir lunes y viernes) están deseosos de que el Athletic salte al césped.

La Inglaterra futbolística siempre ha marcado tendencia: gustaban sus camisetas, el diseño de sus campos, la supuesta fidelidad de sus aficiones, el estilo rompedor de sus futbolistas. Se ha vivido con tanta pasión el sueño británico que hasta las distorsiones quedan como anécdotas o como puntos descosidos de una plácida armonía. Así, por ejemplo, aquí se destierra a los hooligans, a los que consideramos un apéndice maldito de una hinchada diferente (pese a que un mínimo porcentaje de los que defienden teorías por el estilo hayan estado alguna vez en un partido de fútbol en las islas), se bendice a sus dirigentes por el compromiso (incluso sin tener claro de qué va la película que se han organizado alrededor) y, sobre todo, se considera un toque de distinción que uno de sus notables clubes ponga sus ojos en algún futbolista.

Viene esto a cuento de que en las últimas horas, periódicos de mayor o menor rango de credibilidad y fiabilidad, portales de internet, radios y redes sociales han vuelto a enlazar Inglaterra con Euskadi. Londres con Bilbao. El Tottenham con el Athletic. Lo han hecho en la persona de Ibai Gómez, que finaliza contrato el próximo mes de junio, que a partir de enero será libre de entablar conversaciones con el club que le plazca y con el que se entiende que el Athletic ha abierto un proceso de acercamiento sobre una más que posible renovación de un contrato que traducido en números, con el agravante de que por medio ha sufrido una grave lesión, refiere 9 goles marcados en 84 partidos durante cuatro temporadas como rojiblanco.

El cacareado interés del Tottenham por Ibai Gómez –a ocho meses de la finalización de su contrato y todavía sujeto a la penalización UEFA, que prohíbe a clubes dirigirse a futbolistas profesionales hasta los últimos seis meses de la finalización de su contrato en vigor- tiene mucho de esa mística que rodea a todo lo que viene de Inglaterra. El amigo inglés y su megáfono. El Tottenham, igual que el City, el United y el Sunderland, tienen a bien seguir al detalle las principales ligas europeas y para ello cuentan con la colaboración de técnicos, agentes y periodistas con residencia en esos países. Así, no es de extrañar coincidir en San Mamés con un entrenador titulado que un domingo trabaja para el Aston Villa y dos meses después aparece por el mismo escenario con una carta de acreditación del City. Muchas veces, además, llegan al lugar sin un requerimiento previo del club, sino con la idea de hacer un estudio de determinado jugador para luego llamar la atención del club en cuestión. Es lo que ocurrió hace dos años con Fernando Llorente, cuando jornada tras jornada había supuestos emisarios británicos repartidos por San Mamés. Ninguno de ellos era de la Juventus, que fue el que al final fichó al de Rincón de Soto.

El recurso del amigo inglés tiene un eco tremendo en las publicaciones de prensa, que al hacer referencia a la información deportiva multiplica sus flujos con tanta dedicación que los amplifica de un modo atroz. Por ejemplo, si cualquiera de los diarios de ámbito vizcaíno publica un supuesto interés o seguimiento de un club inglés por un jugador del Athletic, está garantizado que en el plazo máximo de doce horas esa información ha saltado a las islas británicas y corre a la velocidad de la luz entre páginas especializadas y redacciones digitales de sus principales tabloides. Lo hace con tanta fuerza que regresa al punto de origen, donde la información da otra vuelta de tuerca del tipo a “medios ingleses aseguran que el Tottenham está haciendo un seguimiento a Ibai Gómez”. El círculo es más que perfecto.

¿Miente el que lanza a la prensa que el Tottenham sigue a Ibai Gómez? Técnicamente habría que conformar que no hay mentira alguna, aunque podría asegurarse que le siguen igual que a otros 150 jugadores porque el Tottenham lo que hace es interesarse por la Liga. Ahora bien, el crujir de piedras que siempre acarrea una información de esas características pone al futbolista en el escaparate y al tiempo que recuerda al resto de barcos de la competición que por allí hay un marinero también coloca al club matriz, en este caso el Athletic, en un escenario de negociación pública del que siempre quieren escapar los dirigentes. Y todo gracias al amigo inglés.

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