Pages Navigation Menu

Reflexiones sobre el Athletic, el fútbol y el deporte

El Athletic acusa las ausencias y sufre una derrota absurda en Cornellá



Ibai Gómez fue el autor del único remate del Athletic en todo el partido

Ibai Gómez fue el autor del único remate del Athletic en todo el partido

Las ideas más simples suelen ser las más eficaces. También en el fútbol. Los zurdos por la izquierda, los fuertotes por dentro, los rápidos por las bandas, el portero en la portería… y todo así como principio general aquí y en Sebastopol,  salvo la excepción de De Marcos, que el pobre sigue ejerciendo de chico para todo; en Cornellá de lateral izquierdo por la lesión de Balenziaga. Así de sencillo era este juego antes, cuando el que llevaba el 11 a la espalda era el extremo izquierdo, el 5 era el central y la del pelo rubio teñido, la novia del delantero. Ahora la cosa es mucho más complicada; hay  falsos delanteros, enganches, volantes, cierres y otras cosas tan raras que ya no sabes si te están hablando de fútbol o de lencería fina.

A Valverde a veces también le da por caer en la tentación de apostar por lo complejo antes que por lo simple. Ante el Espanyol eligió una línea de ataque formada por tres delanteros centros: Viguera, Guillermo y Williams. No consiguieron ni un corner durante todo el primer tiempo.

Le dicen a cualquier aficionado del Athletic en septiembre que este año acabaría viendo jugar a su equipo con esta delantera y le da la risa floja. Pero las ausencias empiezan a pesar, y mucho, en esta plantilla. Las ausencias y las bajas formas, claro, porque, en condiciones normales Valverde tiene más catálogo para hacer su equipo. De hecho, en el segundo tiempo pudo comprobar que, efectivamente, tenía algunas combinaciones más sencillas y eficaces que la que eligió para empezar el partido.

No solo alineó a tres delanteros centros a la vez sino que insistió en la idea de Rico en la media punta, como hizo en la última salida, renunciando a la alternativa de Unai, por la que apostó el pasado jueves en San Mamés. Se entiende que eligió la fortaleza del de Arrigorriaga frente a la liviandad de su alternativa, pero ni con uno ni con otro el Athletic tuvo la mínima creatividad para hacer jugar a los hombres más adelantados.

Así las cosas y dado que el Espanyol tampoco es un prodigio de imaginación, el partido se presentó tedioso, al borde de lo insufrible. Fue un choque enredado en el centro del campo con dos equipos muy bien organizados para entorpecer el juego del rival, pero inhabilitados para crear con el balón en los pies, por torpeza propia y por presión ajena a partes iguales.

El Athletic se hizo con el dominio territorial por dejación del Espanyol y porque el enorme trabajo de recuperación de Rico y San José, y el criterio de Beñat le concedían cierto control sobre el balón y el juego. Pero la cosa no le cundía cuando miraba a la portería de Casilla. Viguera se movía, es un decir, pesadote y torpón en el lado izquierdo, Williams sufría el marcaje implacable de Arbilla en el otro costado, y Guillermo era una referencia absolutamente intrascendente, sometido siempre por los centrales rivales.

Los dos porteros tenían la tarde libre. Casilla porque no se veía cómo le podían inquietar los pipiolos que tenía enfrente; Iraizoz, porque los periquitos jugaban tan lejos de sus dominios que era imposible que le pudiera llegar un balón con un mínimo peligro. El partido se encaminaba al descanso y el señor del marcador ya estaba pidiendo permiso para marcharse a casa antes de la hora cuando un rebote en el centro del campo llevó el balón a los pies de Sergio García y éste no perdonó ante Iraizoz. Fue el único remate del Espanyol en todo el partido y la cosa no merecía ni el nombre de jugada. Pero estos goles también valen y éste fue suficiente para decidir el partido.

Valverde tardó once minutos de la segunda parte en cambiar todo su plan. Retiró a Rico y Guillermo y dio entrada a Ibai y Susaeta. El Athletic pasó a jugar con dos extremos naturales, los dos recién incorporados, y dos delanteros en el eje con Williams más adelantado y Viguera a su espalda. Bastó con eso para obligar a recular al Espanyol. Los rojiblancos empezaron a mover el balón con más sentido, Iraola y De Marcos tenían más espacios para progresar y el dominio territorial se hizo abrumador por momentos. Ibai puso por fin a prueba a Casilla cuando el reloj ya señalaba el minuto 18 de la segunda parte, lo que indica que el juego de ataque del Athletic no estaba siendo precisamente un prodigio, y un minuto después Williams remató raso pero flojito a las manos del portero periquito.

Apenas hubo más porque ni quedaba tiempo ni sobraban ideas en las filas rojiblancas. La de Cornellá fue una de esas derrotas absurdas, de difícil explicación, más allá del tópico; una derrota de las que dejan mal cuerpo porque no se entiende que se pueda perder un partido cuando el rival no ha hecho una sola jugada de ataque y tu portero no ha necesitado mancharse los guantes.

Dice el tópico que el fútbol tiene estas cosas y que de la misma forma que el Athletic ha sumado cinco victorias consecutivas, ahora ya encadena dos derrotas y un empate, un punto de nueve posibles, a todas luces insuficiente para soñar con metas que ya estaban bastante lejos incluso cuando todo salía bien.

Share This: