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Reflexiones sobre el Athletic, el fútbol y el deporte

El Athletic apaga la luz de la Champions League



Mikel San José ocupó la posición de Iturraspe como medio centro. Foto AC

Mikel San José ocupó la posición de Iturraspe como medio centro. Foto AC

Los entrenadores suelen decir que ellos siempre eligen a los jugadores más idóneos para ganar cada partido. Es uno de esos tópicos al uso en el mundo del fútbol, como lo de que los partidos duran noventa minutos o que no hay enemigo pequeño. Los entrenadores eligen lo que creen más conveniente en cada momento,sí, pero mirando más allá del partido en cuestión por mucho que también repitan que solo están pensando en el partido inmediato. Valverde hizo sus cálculos y eligió una alineación más o menos de circunstancias para cubrir el expediente, en ningún caso para tratar de ganar al Oporto. Tendríamos un problema muy serio si Valverde pensaba que podía ganar al Oporto con este equipo.

El técnico hizo sus cálculos, echó una mirada a su lista de jugadores y le salió lo que le salió, pensando sobre todo en Valencia y calibrando que pasar el grupo de Champions exigía una heroicidad que a día de hoy no está al alcance de los rojiblancos o, si lo estuviera, tendría un precio demasiado caro. Seamos serios. El Athletic no tiró ayer la Champions. El Athletic tiró la Champions en un lugar de Bielorrusia de cuyo nombre nos acordaremos cuando vengan por aquí aquellos paisanos, sí, esos que se llevan los goles a sacos pero que pasaron por encima de nuestros chicos, aquella noche en la que el Athletic hizo el canelo a dos carrillos. Allí se fueron casi todas las posibilidades y en Oporto la persiana de la Champions quedó prácticamente bajada. Ayer en San Mamés Valverde se limitó a apagar la luz.

En todos los equipos hay titulares y suplentes, y en el Athletic esa distinción se hace más evidente. Un vistazo a la alineación bastaba para sospechar que no nos esperaba una noche histórica, pese a la lluvia que devolvió el ambiente de fútbol y la ropa de agua a un San Mamés que hasta ahora había tenido un aire demasiado veraniego.

Y el hecho es que, bien mirado, los cuatro cambios respecto a la alineación que esperaba el aficionado podían ser de su gusto. No hay nada que objetar a que Guillermo ocupara el sitio del lesionado Aduriz. Iturraspe, tan denostado últimamente, perdía por fin la titularidad; Gurpegui, el capitán, el titular más indiscutible, volvía al equipo una vez recuperado de su lesión. Puede que alguno echara en falta a Muniain, pero en su lugar salió Ibai Gómez, uno de esos jugadores que caen en gracia a la grada.

Hay cosas de los entrenadores que nunca entenderá el aficionado medio. Bueno, ni el medio ni el entero, para qué nos vamos a engañar. Por ejemplo, la insistencia de Valverde en colocar a De Marcos de lateral derecho. Pierde un media punta afilado y a cambio gana un lateral discreto y algo despistado. Por ejemplo, la insistencia en situar a Beñat en la media punta, una posición en la que ha fracasado cada vez que lo ha intentado. Valverde no debe de seguir el método de prueba y error; no puede ser que después de tantos errores se empeñe en lo mismo una y otra vez. Por no hablar de la súbita desaparición de Etxeita, el gran protagonista del triunfo ante el Sevilla. Hablamos de un futbolista con el ánimo en el cielo, y que con solo dos partidos en las piernas tiene que estar para comerse crudos a los rivales. ¿Qué pretendió Valverde sacando a Gurpegui en el lugar de Etxeita? ¿Dar minutos de rodaje al capitán después de su lesión?. ¿Ante un tipo como Jackson Martínez y en un partido en teoría a vida o muerte?. ¿Reservar a Etxeita para Valencia? Chi lo sa…

Ante el Oporto la prueba de turno volvió a ser un fracaso, agravado por la situación de San José como medio centro. ¿Puede jugar San José en esa posición?. Por supuesto que sí. Tiene condiciones, buen manejo de balón, visión del juego, presencia física… En teoría puede hacerlo, sobre todo si se trata de un partido en el que lo prioritario sea la contención. En la práctica, se pueden contar con los dedos de una mano los partidos en los que ha salido airoso jugando en esa posición. Una cosa es hacerlo durante un rato y otra, asumir los galones durante todo el partido. Los que se apresuraron a cuestionar a Iturraspe tienen un buen motivo de reflexión. Ante el Oporto se echó de menos hasta la peor versión del medio centro titular.

Lopetegi también hizo sus cálculos. El Oporto sí que tenía una oportunidad cierta de pasar la fase de grupos, porque venía con la tarea casi hecha. Así que el equipo portugués salió con todo; con la alineación que suelen elegir los entrenadores cuando ven una oportunidad real de ganar algo, no con esa que hacen ‘con los más idóneos’.

Así las cosas, el partido apenas tuvo color. El Oporto se plantó muy bien sobre el resbaladizo césped de San Mamés y tomó las riendas sin dificultad. Un par de carreras voluntariosas de Guillermo les bastaron a los portugueses para comprobar que el rival jugaba con un delantero centro al que más que marcarle dan ganas de abrazarle. Tampoco se le puede pedir más a un chaval de veinte años que está empezando en el oficio y en la posición más complicada. Todo lo contrario de lo que ocurría en el otro lado, donde Gurpegui y Laporte tenían que lidiar con un tipo de colmillo retorcido como Jackson Martínez.

Pero el problema fundamental del Athletic no estaba precisamente en las áreas, sino en el espacio comprendido entre las dos líneas frontales. En el centro del campo se abría un abismo de dimensiones oceánicas, qué digo oceánicas, siderales, entre la posición de San José y la de Beñat. Mikel Rico, uno de los pocos que eran capaces de medirse a los rivales con su misma energía y decisión en el choque, hacía lo que podía para echar una mano aquí y allá, pero el agujero acabó por tragarse a todo el Athletic. Había gente por allí, sí, y a veces el exceso de tráfico provocaba hasta choques, pero en cuanto a fútbol aquello era un agujero negro, la nada absoluta.

Los rojiblancos jugaron todo el primer tiempo con la luz apagada, a tientas, sin ligar tres pases seguidos, sin una referencia en la que apoyarse. Mal que bien, los defensas sujetaban a los delanteros rivales, pero poco más. Susaeta, huérfano de ayudas, no pudo nunca con su par, mientras que por el otro lado Ibai Gómez pasó por el partido como la luz atraviesa el cristal: sin romperlo ni mancharlo.

Lo que no se le puede negar al Athletic es voluntad y coraje. Lo volvieron a demostrar los jugadores y algún arranque de rabia les llevó a merodear la portería de Fabiano. Poca cosa, de todas formas, insuficiente para inquietar a un equipo con oficio que ha tenido la suerte de encontrarse con un Athletic desenfocado en los dos partidos. Las mejores ocasiones fueron lusas, incluido el penalti bastante simulado y pitado por el árbitro en diferido, como dijo Cospedal que pagaron a Bárcenas la indemnización, que falló Jackson Martínez.

Valverde hizo dos cambios en el descanso. Salió Muniain por Susaeta e Iraola por Beñat, para que De Marcos se fuera a la media punta, etc, etc. Vamos, la solución habitual al problema de siempre. Apenas hubo tiempo para comprobar el resultado del cambio. Brahimi zigzagueó por la línea de fondo y regaló el gol a Martínez, prácticamente debajo del larguero.

Salió después Viguera por Ibai en lo que debió ser el preludio del asalto final, pero la heroica quedó abortada por un fallo de Iraizoz, a medias con lo irregular del terreno. Ahí se acabó la historia del Athletic en esta Champions League, una historia que empezó llena de ilusión en Nápoles y que acaba con la impresión de que el equipo ha llegado a destiempo casi siempre.

Tratar de presentar el partido de ayer como una final es querer vender una moto averiada. A la vista está que Valverde no la compró. Lo daremos todo por bien empleado si sirve para sacar algo en limpio de Valencia.

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2 Comentarios

  1. Básicamente es tristeza lo que siento, al ver a mi equipo deambular por los campos. Ni un mínimo de nivel competitivo en esta travesía “champions”. Una pena, una desilusión, una frustración. O todo junto.

    ¿Por qué pensaría yo que teníamos equipo para competir dignamente en esta competición? No sé. Quizá la realidad sea ésta y lo demás ilusiones.

    Después del partido de ayer, y del de Borisov, veo que el equipo no puede o no quiere competir. Sobre todo después de la alineación de ayer. Entonces para qué todo el montaje que hay detrás? Club, estadio, afición, declaraciones de ilusión por tener la oportunidad de medirse a los mejores equipos? Es todo mentira? Con ir a entrenar y más o menos jugar vale?

    En fin, igual haciendo un buen partido en Valencia veo las cosas de otra manera. O en febrero jugando bien y en una buena clasificación en liga me animo.

    Habrá que resetear y algo así como volver a empezar. Aupa Athletic, eso sí.

  2. Demasiada impotencia, demasiados errores… Una pena, tanto bombo, alegría y celebraciones de Champions para acabar así, con pena, como digo, y sin una pizca de gloria.