Pages Navigation Menu

Reflexiones sobre el Athletic, el fútbol y el deporte

El Athletic cierra la temporada con un triunfo afortunado



El Athletic certificó su salvación y metió al Zaragoza en un buen lío. Foto MITXI

El Athletic certificó su salvación y metió al Zaragoza en un buen lío. Foto MITXI

El Athletic alcanzó en Zaragoza un objetivo menor, según aclaró Bielsa al término del partido. Efectivamente, este equipo no estaba diseñado para estar disputando la permanencia a falta de tres jornadas, ni este club, por mucho que se empeñen los tremendistas y los profetas del apocalipsis, es una institución acostumbrada a moverse en esos terrenos de la tabla. A veces le ha tocado, claro que sí, como a todos y mucho menos que a la mayoría, y es uno de los únicos cuatro clubes de Europa que han competido siempre en la máxima categoría. Viene bien, muy bien una vez más, la puntualización del entrenador venido de Argentina, para que todo el mundo asuma el partido y la temporada, como lo que realmente han sido, un mal año cerrado a efectos clasificatorios con un mal partido y un marcador excelente, a diferencia de tantas tardes en las que a un buen partido le sucedió un marcador nefasto.

Habrá que mirar la tabla después de la última jornada. Probablemente, comprobaremos que el tercer descendido no sumará los puntos que tenía el Athletic antes de empezar el partido de La Romareda. Quiere esto decir que la situación del equipo no era tan angustiosa como algunos la querían ver o vender. El propio Bielsa colaboró a alimentar la inquietud con su insistencia en esperar a la certificación matemática. Era su obligación para mantener en tensión a su tropa. Ocurre que si el fútbol ha sido siempre territorio de ciclotímicos, en los últimos tiempos ha cuajado un tremendismo que no da tregua ni espacio a la mínima reflexión. Probablemente los que en el minuto 80 del partido de La Romareda estaban tirándose de los pelos ante la perspectiva de otra ‘final’ en San Mamés ante el Levante, estén ahora calculando qué tiene que pasar para que el Athletic acceda a la Europa League.

Ni una cosa ni otra. El Athletic acabará esta Liga en tierra de nadie, en esa zona neutra y aburrida de la tabla reservada a los que fracasaron arriba y a los que triunfaron abajo. Los rojiblancos pertenecen al primer grupo, aunque pueda parecer lo contrario, pero tampoco es cosa de insistir en lo ya sabido. La irregularidad ha sido su constante en la competición de la regularidad, así que al final quedará donde realmente ha merecido por sus prestaciones al margen de esos cálculos en los que salen menos puntos que méritos.

El partido de La Romareda fue un compendio de lo que ha sido el Athletic este año. Un equipo desnortado a veces, marmolillo y despistado en ocasiones, pero tenaz y hasta contumaz siempre para defender su idea futbolística, e incluso brillante en momentos contados. Ante el Zaragoza se repitieron defectos y virtudes, más de los primeros que de los segundos. También se hicieron presentes los errores arbitrales que esta vez tomaron cuerpo en uno de los asistentes pero, finalmente, y esta fue la única novedad reseñable como tal, la fortuna decidió acompañar a los rojiblancos en los momentos decisivos. La jugada de De Marcos en el segundo gol fue casi un guiño a la historia y recordó aquella otra de un jovencísimo Llorente también ante el Zaragoza que permitió a Yeste marcar un gol decisivo en una temporada aciaga.

Como en la doble visita a Galicia, el Athletic también entró bien al partido en una Romareda convertida en una caldera a presión. Los rojiblancos ya estaban consiguiendo enfriar la tarde y habían tenido tiempo de comprobar la ineptitud de uno de los linieres cuando otro fallo defensivo, uno más, permitió que Postiga adelantara a su equipo en la primera aproximación del Zaragoza a la portería de Iraizoz.

El gol tranquilizó a un angustiado Zaragoza y sumió al Athletic en una fase desesperante de imprecisiones y falta de tensión que solo podían conducir a la catástrofe a poco que el rival acertara a hurgar en la herida. Pero si el Athletic no estaba para nada, el Zaragoza bastante tenía con poner todos los sentidos en guardar el tesoro del marcador. El partido quedó sin dueño porque ninguno de los protagonistas era capaz de imponer su ley en el centro del campo. Los de Jiménez estaban reservones, más atentos a dejar que pasaran los minutos sin sobresaltos, y los de Bielsa querían pero ni podían, ni sabían. De Marcos iba entonces de aquí para allá trazando diagonales que no veían sus compañeros, Aduriz apuntaba desmarques que se quedaban fuera de juego por la maniobra siempre premiosa de sus compañeros y Herrera estaba en el campo pero en efigie. Susaeta echaba mucho menos a Iraola y Muniain discutía consigo mismo en la banda izquierda.

Equivocarse o acertar es patrimonio de quienes toman decisiones y Bielsa las toma. En esta ocasión le tocó acertar. En el descanso dejó en la caseta a Aduriz y Aurtenetxe y dio entrada a Llorente e Ibai. De Marcos pasó al lateral izquierdo, Muniain se centró en la zona ancha y el Athletic volvió a imponerse en el arranque de la segunda parte como lo había hecho en el inicio del partido.

Tenían más balón los rojiblancos pero seguía faltando profundidad o acierto para dar el pase definitivo. Jiménez recurrió al que ha venido siendo su talismán en los últimos partidos, el habilidoso Rochina, para ver si conseguía volver a pescar en el río revuelto en el que a veces se convertía la defensa del Athletic con las constantes incorporaciones de De Marcos al ataque. La tuvo el recién llegado en un saque de falta que Iraizoz despejó contra su larguero, y lo intentó caracoleando en la media luna buscando las cosquillas de los centrales rojiblancos, pero no fue suficiente para que el Zaragoza apuntillara a un Athletic al que se le escurría el partido entre los dedos sin conseguir ver de cerca al portero rival.

Antes de la media hora Bielsa dio una última vuelta de tuerca muy propia de su imprevisible personalidad en el banquillo. Retiró a Ramalho para dar entrada a Castillo, un futbolista que este año ha jugado cinco ratos, el último en noviembre en el Santiago Bernabéu. Las cosas de Bielsa. Lo cierto es que la entrada del de Durango en el costado izquierdo volvió a desplazar a De Marcos ahora a la banda derecha, lo que debió de terminar de despistar a un Zaragoza que a esas alturas ya estaba con la vista nublada y en déficit de oxígeno pese a que Jiménez había jugado también la baza del veterano y siempre fiable Movilla para poner orden en el centro del campo.

El último cambio del Zaragoza explica por sí mismo la situación de este equipo. Jiménez, cuyos atributos son tan ponderados por la afición maña, tuvo que echarle bemoles para sacar al campo a un tal Bienvenu, un tipo con más pinta de honesto jornalero del deporte de las doce cuerdas, división semipesados, que de futbolista con plaza de delantero.

El Athletic se fue arriba con todo en busca de un gol que entonces parecía imposible y se encontró con dos, el primero de Llorente de carambola y el segundo, de Ibai, de puro lujo. Fue un premio excesivo para lo que había ocurrido en el campo, pero afortunadamente, continúa en vigor para los rojiblancos esa paradoja de jugar bien para perder y jugar mal para ganar.

El último partido de competición de la historia de San Mamés será una fiesta de despedida. Solo por eso había que resolver en Zaragoza la maldita ecuación matemática de la permanencia. Asunto finiquitado. Ya iba siendo hora.

Share This: